Más de un centenar de migrantes acampados en la playa del Trampolín, en Ceuta, comenzaron una huelga de hambre para reclamar protección internacional y evitar su devolución a Marruecos. La medida profundizó la protesta iniciada el domingo, cuando cientos de personas se concentraron junto al mar para pedir permanecer en territorio español mientras se define su situación legal.
La movilización ocurre casi tres semanas después de la entrada masiva registrada a finales de julio. Más de 72.000 personas cruzaron desde Marruecos por tierra o mar en uno de los mayores episodios migratorios registrados en la frontera sur de la Unión Europea. La mayoría regresó posteriormente, pero entre 5.000 y 8.000 continuaban en Ceuta durante los últimos días. Al menos 90 personas murieron durante la crisis, principalmente por ahogamiento.
La respuesta del Gobierno español comenzó a ampliarse ante la falta de alojamiento. Se anunció la habilitación de cuatro espacios temporales con capacidad conjunta para unas 1.500 personas, además de una inversión de emergencia de 6,5 millones de euros destinada a asistencia humanitaria. Los dispositivos estarán distribuidos en distintos puntos de la ciudad y buscan reducir la cantidad de personas que duermen en playas, calles y zonas improvisadas.
La situación también abrió una fuerte disputa política. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, aseguró que la ciudad continúa en una condición de “extremo riesgo” para sus servicios, la convivencia y la seguridad. Además, dio al Ejecutivo central un plazo de 30 días para adoptar medidas suficientes y advirtió que podría recurrir a la Justicia si considera que la respuesta sigue siendo insuficiente.

Ceuta tiene alrededor de 83.000 habitantes y, junto con Melilla, constituye una de las dos fronteras terrestres de la Unión Europea con África. Esa ubicación convirtió durante décadas a ambas ciudades españolas en puntos centrales de las rutas migratorias procedentes del continente africano.
El episodio más recordado ocurrió en mayo de 2021, cuando unas 10.000 personas ingresaron en Ceuta en pocos días durante una crisis diplomática entre España y Marruecos. La mayoría fue devuelta, aunque centenares de menores no acompañados permanecieron durante meses bajo tutela española.

El escenario actual es considerablemente mayor. España reforzó la seguridad con cientos de agentes adicionales después de que circularan nuevos llamados en redes sociales para intentar cruzar la frontera. Marruecos también desplegó controles y realizó detenciones para impedir otra llegada multitudinaria.
Mientras las autoridades discuten retornos, alojamiento y procedimientos administrativos, quienes permanecen en Ceuta enfrentan una espera incierta. Muchos sostienen que abandonaron sus países por pobreza, persecución o conflictos y buscan acceder al procedimiento de protección internacional. La huelga de hambre agrega ahora una nueva presión sobre una crisis que todavía está lejos de cerrarse.