19/08/2026 - Edición Nº1289

Agro

UNA VIDA EN EL CAMPO

Con 97 años, se subió por última vez a la cosechadora: “Nunca lo hice sin voluntad”

19/08/2026 | Toto Policastro arrancó de chico y trabajó durante 85 campañas. La emotiva historia del cosechero de Morse.



Oscar “Toto” Policastro vive en Morse, en el partido de Junín, y acaba de cerrar una historia de más de ocho décadas ligada al campo. Empezó a trabajar a los 12 años y, a fines de julio, completó su última campaña como cosechero . En agosto cumplió 97.

Fue en un campo cercano al pueblo donde vivió toda su vida - localidad bautizada como cuna de cosecheros- y arriba de una Deutz-Araus Máxima modelo 1995 que lo acompañó durante sus últimos años de trabajo. Después de esa jornada, Toto supo que había llegado el momento de dejar el oficio.

La decisión venía madurando desde hacía tiempo. Durante los últimos cinco años había amagado varias veces con dejar de trabajar, pero siempre encontraba un motivo para seguir. Esta vez fue distinto: los riesgos de subir y bajar de la máquina y las dificultades para repararla hicieron que entendiera que era el momento para su merecido retiro.

Días después, la máquina cosechadora que había sido su compañera durante tantos años terminó en el desarmadero. Y así, casi sin proponérselo, Toto cerró una etapa que había comenzado cuando apenas era un chico.

“Yo comencé a trabajar con mi padre”, cuenta. 

Tenía apenas 12 años. Su padre era empleado de un hombre que tenía una cosechadora, pero las máquinas de aquella época eran muy diferentes a las actuales: no eran automotrices, sino de arrastre y necesitaban un tractor para desplazarse.

A Toto le tocaba manejar la plataforma. “Mi ocupación era manejar la plataforma, que se le llamaba palanquero. Subía y bajaba la plataforma, porque en ese entonces no eran automáticas” comenta en una charla para NewsDigitales que facilitó su hija Norita Policastro. 

Tenía 12 años y aquel trabajo terminaría convirtiéndose en su oficio para toda la vida.

Una vida arriba de las máquinas

Con los años llegaron las máquinas automotrices. Toto y su padre incluso reformaron una vieja unidad de arrastre para convertirla en una máquina autopropulsada. “Ahí fue la primera automotriz que manejé”, recordó.

La condujo durante unos 15 años. Después llegó el momento de tener su equipo propio, aunque para conseguirla tuvo que apostar todo al trabajo

Compró una cosechadora que estaba muy deteriorada y pertenecía a tres hermanos que ya no la utilizaban. Le dieron la posibilidad de pagarla de a poco y Toto se puso manos a la obra.

“Intenté arreglarla y para eso reparaba la máquina de día y de noche, trabajaba algunas horas para poder vivir”, recordó.

La dejó funcionando. Tiempo después, el mismo hombre para el que Toto trabajaba se la compró. Con ese dinero pudo adquirir otra, más nueva, y continuar con su actividad.

Después vendrían otras máquinas, nuevos campos y muchas campañas. La última fue una Deutz-Araus Máxima, modelo 1995, con la que Toto completó su última campaña a fines de julio, pocos días antes de cumplir 97 años.

Toto Policastro arrancó de chico y trabajó durante 85 campañas

Y también una familia que fue creciendo alrededor del mismo oficio. Sus hijos, Norita Policastro y Horacio Policastro, formaron parte de esa historia y lo acompañaron día a día.

Horacio comenzó a trabajar con su padre cuando terminó la primaria y, con el tiempo, también se incorporó la siguiente generación.

El oficio que Toto había aprendido junto a su padre se convirtió así en una tradición familiar.

De Morse a los campos bonaerenses

Durante décadas, Toto recorrió distintas zonas productivas de la provincia de Buenos Aires.

El trabajo no terminaba necesariamente en Morse. Una vez finalizada la actividad en la zona, los cosecheros partían hacia otros lugares para continuar la campaña. “Trabajamos acá en la zona solamente en la cosecha de trigo. Cuando terminábamos de trabajar acá íbamos a Bolívar, a Olavarría” rememoró. 

También llegaron Tandil y Balcarce, entre otras localidades de la zona triguera del centro y sur bonaerense.

“A Olavarría fuimos muchos años”, afirmó.

Fueron décadas marcadas por las temporadas, los viajes  como contratista y los cambios tecnológicos. Toto vio evolucionar las máquinas y las formas de trabajar, pero mantuvo siempre el mismo vínculo con el campo.

En los últimos años dejó de recorrer grandes distancias y concentró su actividad en los campos cercanos a Morse.

Durante décadas, Toto recorrió distintas zonas productivas de la provincia de Buenos Aires

Hasta que llegó la última campaña, a fines de julio. Después vino otro momento simbólico: aquella Deutz-Araus, la máquina con la que había terminado su recorrido, fue llevada por el propio Toto al desarmadero.

El momento de bajar de la máquina

La decisión de retirarse no tuvo que ver con haber perdido el gusto por el oficio.

Toto explica que, con los años, comenzaron a aparecer algunas dificultades que hicieron que seguir trabajando fuera cada vez más complicado. “Decidí dejar de trabajar en primer lugar por el riesgo de caerme de arriba de la máquina”, advirtió.

También empezó a tener menos sensibilidad en las manos, algo que afectaba una tarea que siempre había hecho por su cuenta: reparar y mantener sus herramientas de trabajo. “No tanto las piernas, sino las manos, ya no tengo tanta sensibilidad”, comentó.

Necesitaba ayuda para reparar la máquina y eso cambió las condiciones del trabajo. “Yo no puedo ya reparar la máquina, tengo que tener a una persona que me ayude a repararla, y entonces ya no me conviene”, razonó. Por eso decidió parar.

Toto Policastro arriba de una Deutz-Araus Máxima modelo 1995 que lo acompañó en sus últimas campañas

La última campaña quedó atrás. El cumpleaños 97 llegó después. Y finalmente, la máquina que durante tantos años había sido una herramienta de trabajo y una compañera de ruta terminó en el desarmadero.

Pero cuando se le pregunta por todos esos años, Toto no habla de sacrificio ni de una vida que haya quedado atrás.

Habla de algo mucho más sencillo.

—¿Cómo te resultó trabajar en el campo? ¿Lo disfrutaste?

“Sí. Nunca lo hice sin voluntad. A mí siempre me gustó y con eso viví hasta ahora”.

Son pocas palabras, pero alcanzan para explicar una vida entera.

Desde aquel chico que a los 12 años manejaba una plataforma manual hasta el hombre que, a los 97, acaba de cerrar su última campaña, Toto pasó más de ocho décadas haciendo el trabajo que eligió.

Lo hizo junto a su padre. Después, con el respaldo de sus hijos Horacio y Norita. Y vio cómo el oficio también alcanzaba a la siguiente generación, cuando su primogénito decidió emprender por su cuenta.

Desde el desarmadero El Diego compartieron la visita de Toto y resumieron el encuentro con una frase: “Más que recibir una máquina, hoy recibimos una historia”.

Y quizás sea justamente eso lo que quedó después de aquella última campaña: los fierros pueden dejar de funcionar, pero una vida entera arriba de una máquina no se desarma tan fácilmente.