Hay un 19 de agosto que Nápoles no olvida. Diego Armando Maradona salió a la cancha del San Paolo por primera vez con la camiseta celeste puesta, y lo hizo frente a un rival muy particular: River Plate. Fue un amistoso, no contaba para ningún torneo, pero sí para los libros de historia: aquel domingo de 1984 fue el minuto cero de una relación que todavía se sigue contando.
El club le debía dinero a River por el pase de Ramón Díaz, que se había ido a Italia en 1982, y la forma de saldar la cuenta fue invitarlo a jugar la presentación oficial del Diez. Así, sin quererlo, el Millonario terminó siendo el primer rival de Maradona en el fútbol italiano, en un partido cargado de anécdotas que hoy suenan a leyenda.
Las 85.000 entradas del San Paolo se habían agotado una semana antes. La recaudación, según cuentan las crónicas de la época, rondó los 700 mil dólares, una cifra descomunal para un amistoso de pretemporada. Nápoles, la ciudad entera, paró para ver debutar a su nuevo ídolo.
Y como si el folclore lo hubiera pedido, la hinchada napolitana llevó banderas de Boca Juniors al estadio, en un guiño directo al pasado de Diego en el club de la Ribera. La fiesta tuvo hasta un condimento insólito: un auxiliar del Napoli les arrojó gallinas a los jugadores de River, una provocación con humor italiano.
En la cancha, el partido terminó 0-0, pero no faltó la marca registrada del Diez: convirtió un gol con la mano que el árbitro advirtió y anuló, casi seis años antes de la Mano de Dios que le haría a Inglaterra en el Mundial 86. El equipo de River, con Norberto "Beto" Alonso y Enzo Francescoli en cancha, no pudo torcer el guion de una tarde pensada para el homenaje.

Aquel debut amistoso quedó bastante eclipsado con el correr de los años, tapado por el que sí se considera el debut oficial de Maradona en la Serie A: el 16 de septiembre de 1984, cuando el Napoli cayó 3-1 ante Hellas Verona en el Bentegodi. Para los napolitanos que estuvieron esa tarde de agosto, el verdadero primer paso de Diego en su nueva casa fue con River de rival y el San Paolo completo.
Desde aquel día hasta hoy pasaron 42 años, dos Scudettos, una Copa UEFA y una relación entre un futbolista y una ciudad que trascendió al deporte. Nápoles todavía lo recuerda como el momento en que, sin saber, empezó a escribirse una de las historias más grandes del fútbol mundial.