19/08/2026 - Edición Nº1289

Política

"Incertidumbre total"

Laburó 9 años con fósiles y le sacaron su beca CONICET de $1.400.000: "No sé qué hacer"

19/08/2026 | Florencia deberá esperar hasta agosto del 2027 para saber si ingresa a la carrera de investigación del CONICET. Mientras tanto, se quedó sin ingresos.



Florencia Filippini tiene 36 años y lleva casi una década formándose para convertirse en investigadora científica.

Es licenciada en Biología con orientación en Paleontología por la Universidad Nacional de La Plata y doctora en Ciencias Aplicadas por la Universidad Nacional de Luján.

Según explicó a NewsDigitales, hizo pasantías, participó de campañas para buscar fósiles, trabajó con investigadores reconocidos, desarrolló modelos 3D de animales fósiles y construyó durante años el currículum necesario para intentar ingresar a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico del CONICET.

Pero el camino que debía llevarla de una beca postdoctoral a una carrera científica quedó interrumpido: desde el 31 de julio, Florencia y otros 338 científicos quedaron fuera del sistema de becas del CONICET.

La razón, según su relato, es que la convocatoria para ingresar a la carrera se demoró y los tiempos administrativos no coincidieron con el vencimiento de las becas.

El resultado es un bache de al menos un año: deberán esperar hasta conocer los resultados de la evaluación, previstos para agosto de 2027 según la información que recibieron, mientras permanecen sin beca, sin un cargo permanente y, en su caso, sin ningún otro ingreso.

"Yo en este momento no sé qué hacer. Es incertidumbre total", resume Florencia.

Florencia cuando se recibió en la Universidad Nacional de La Plata

Una carrera que empieza mucho antes de ser investigador

Florencia cuenta que su vínculo con la ciencia comenzó en la universidad. "Uno cuando está en la facultad tiene a sus propios profesores, que son los que te inspiran a seguir en la ciencia", explica.

En carreras como Biología, muchos docentes también son investigadores. Es allí donde los estudiantes empiezan a conocer los problemas científicos que se estudian en el país, los laboratorios, las líneas de investigación y las posibilidades de desarrollar una carrera académica.

En su caso, la decisión estaba tomada desde mucho antes: "Yo siempre quise hacer Paleontología desde chiquita". Durante la carrera realizó pasantías y participó de campañas de búsqueda de fósiles. También trabajó con investigadores vinculados al Museo de La Plata, entre ellos la reconocida paleontóloga Zulma Brandoni de Gasparini.

Después llegó el doctorado y, con él, otra etapa de formación financiada mediante una beca del CONICET.

El largo camino hasta la carrera de Investigador

El sistema científico argentino establece un recorrido que puede demandar muchos años antes de alcanzar un cargo permanente.

Después de obtener el título de grado, quienes quieren dedicarse profesionalmente a la investigación suelen realizar un doctorado. En el caso de Florencia, esa etapa estuvo acompañada por una beca doctoral del CONICET.

"Vos te presentás a CONICET, pedís una beca doctoral junto con tus directores y, una vez que ganás ese concurso, empezás tu doctorado", explica.

La beca doctoral tiene una duración habitual de cinco años, aunque durante la pandemia hubo extensiones. Luego llega el período posdoctoral, en el que el investigador continúa produciendo trabajos, publicando resultados y acumulando antecedentes.

"Todos esos años de preparación para hacerte investigador no son en blanco. Son como en gris. No estás en blanco: no es un sueldo, sino un estipendio", describe Florencia.

Las becas, además, son de dedicación exclusiva. Los investigadores pueden tener determinados cargos docentes, pero deben declararlos y el ingreso de la beca puede reducirse en función de esa actividad. Florencia también señala otro inconveniente: "Tampoco tenemos aportes jubilatorios".

El concurso que define el futuro

Una vez completado ese recorrido, llega la postulación a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico del CONICET.

"Ahí competís con compañeros de tu misma especialización. Se hace una orden de mérito y se seleccionan los primeros puestos, según la puntuación", cuenta.

El problema que enfrenta su cohorte es que los tiempos no coincidieron con la finalización de las becas. "Todo eso se viene atrasando. Antes las postulaciones se abrían todos los años, pero últimamente se viene atrasando", sostiene.

Según su relato, la convocatoria que correspondía a su cohorte debía haberse abierto durante 2025, pero finalmente se realizó a comienzos de 2026. Para cuando los resultados estén disponibles, las becas ya habrán terminado.

Un año fuera del sistema científico

El punto crítico llegó el 31 de julio. Florencia y otros 338 compañeros terminaron sus becas y, de acuerdo con su relato, no obtuvieron una prórroga que les permitiera sostenerse hasta la resolución del concurso.

"Nos quedamos afuera de CONICET ahora el 31 de julio porque el mismo sistema del CONICET nos atrasó la postulación a carrera. Nos dejó afuera", afirma. El resultado es lo que ella define como "un bache de un año".

La situación adquiere una dimensión especialmente compleja porque no se trata simplemente de esperar un resultado. Durante ese período, los científicos deben buscar una fuente de ingresos mientras mantienen la expectativa de continuar una carrera para la que llevan años preparándose.

"En mi caso, tengo que esperar a agosto del año que viene para ver los resultados", explica. Y existe otra incertidumbre: incluso si finalmente consigue ingresar, sostiene que el proceso administrativo podría demorar todavía más.

Florencia trabajando en Chubut

La paradoja de una científica sin ingresos

Florencia señala que las becas postdoctorales rondan actualmente los $1,4 millones mensuales, mientras que las doctorales se encuentran algo por encima del millón. Un investigador que recién ingresa a la Carrera del Investigador, según su estimación, percibe alrededor de $1,7 millones.

Son ingresos que, en su caso, desaparecieron con la finalización de la beca. "Yo vivía de la beca", cuenta.

La consecuencia más inmediata fue la imposibilidad de seguir pagando el alquiler: “Tuve que rescindir el contrato. No podía seguir".

Ahora se mudará con su pareja. Tiene esa posibilidad y reconoce que es una suerte que otros compañeros quizás no tienen. Pero la cuestión económica no termina allí. También necesita conseguir un trabajo.

Entre la docencia y la fuga de cerebros

Florencia todavía no sabe cuál será el próximo paso. Una posibilidad es la docencia, porque le permitiría mantener algún vínculo con su especialización. Otra es intentar conseguir una posición científica en el exterior.

"Si yo quiero seguir investigando en lo que me especialicé nueve años, es trabajar en el exterior. Es la famosa fuga de cerebros", plantea.

El problema es que emigrar tampoco es una solución inmediata. Las postulaciones a becas y posiciones internacionales requieren tiempo y planificación: "Por eso, mientras tanto, yo tengo que conseguir trabajo".

La dificultad se extiende además al mercado laboral general. "Tampoco es que el mercado laboral está en su mejor momento. No hay oportunidades", sostiene.

"Destrozan el sistema científico desde la base"

Para Florencia, el problema no es solamente la situación de quienes hoy terminan sus becas. El efecto podría proyectarse sobre las próximas generaciones.

"Los becarios que quedan se encuentran con que su formación no tiene mucho sentido porque te ves con la calle cortada, de que no vas a poder seguir en eso", explica. Y agrega: "Hay jóvenes recién egresados que se ven desalentados de seguir haciendo ciencia".

Su diagnóstico es contundente: "Destrozan el sistema científico, desde la base, desde la producción de conocimiento, de los recursos humanos".

La discusión sobre ciencia básica y aplicada

Florencia también cuestiona la idea de establecer una jerarquía entre distintas disciplinas científicas.

"Es de ignorante decir que la ciencia aplicada es más importante que la otra. La ciencia es un gran árbol, está todo interconectado", sostiene.

En su opinión, las investigaciones básicas pueden convertirse en el punto de partida de desarrollos aplicados posteriores. Por eso considera que no existe una separación sencilla entre ciencia "útil" y ciencia que no lo es.

"El sector privado busca la ciencia más aplicable en el corto plazo, pero hay ciencias teóricas que son la base de la ciencia aplicada. No puede avanzar una ciencia sin la otra", afirma.

Para reforzar su argumento, señala que también organismos vinculados a la investigación aplicada, como el INTI y el INTA, enfrentan problemas de financiamiento.

Los fósiles que quedaron atrás

La dimensión personal de la historia aparece en una escena sencilla. Florencia trabaja principalmente con modelos 3D de animales fósiles y análisis estadístico sobre ejemplares que forman parte de colecciones. No necesita pasar todo su tiempo en una excavación: buena parte de su investigación ocurre frente a una computadora.

Pero el martes tuvo que volver al laboratorio. "Fui a buscar un par de cosas que tenía y fui a dejar las llaves de mi lugar porque ya no voy a seguir", cuenta. Después de nueve años de formación, esa entrega de llaves simboliza una pausa que ella no eligió.

Ahora deberá esperar. Buscar trabajo. Resolver dónde vivir. Intentar sostener el vínculo con la ciencia. Y, al mismo tiempo, aguardar una evaluación que podría definir si todo ese recorrido desemboca finalmente en un cargo permanente: "Yo en este momento no sé qué hacer. Es incertidumbre total".

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