Afganistán conmemora cada 19 de agosto su independencia, vinculada con la Tercera Guerra Anglo-Afgana y el reconocimiento de su capacidad para conducir relaciones exteriores sin tutela británica. En 2026 se cumplen 107 años de una fecha que simboliza soberanía, aunque la historia posterior del país estuvo marcada por invasiones, golpes, guerras civiles y cambios de régimen.
Afganistán no había sido incorporado formalmente al Imperio británico, pero durante el siglo XIX quedó atrapado entre Londres y Rusia en la competencia conocida como el Gran Juego. Después de dos guerras, los gobernantes afganos conservaron el control interno, mientras Gran Bretaña ejercía una influencia determinante sobre la política exterior y entregaba subsidios a la corte de Kabul.
La situación cambió cuando Amanullah Khan llegó al trono en febrero de 1919. El nuevo emir proclamó la plena autonomía y en mayo comenzó una breve guerra en la frontera con la India británica. Ningún bando obtuvo una victoria militar concluyente. Gran Bretaña, agotada después de la Primera Guerra Mundial, aceptó negociar; Afganistán tampoco contaba con recursos para sostener una campaña prolongada.
El Tratado de Rawalpindi, firmado en agosto de 1919, puso fin a las hostilidades y abrió el camino para el reconocimiento de la independencia afgana en asuntos exteriores. El 19 de agosto quedó establecido como día nacional. Amanullah convirtió la soberanía en el punto de partida de un ambicioso programa de modernización, con reformas educativas, administrativas y legales, además de vínculos diplomáticos con nuevos países.

Sus cambios encontraron resistencia entre líderes tribales y religiosos. En 1929 fue obligado a abdicar, pero la celebración sobrevivió a la monarquía. También atravesó la república, el gobierno comunista, la invasión soviética de 1979, la guerra entre facciones, el primer régimen talibán, la intervención occidental iniciada en 2001 y el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021.
Ese recorrido vuelve compleja la fecha. Distintos gobiernos utilizaron la independencia para legitimar proyectos opuestos y comparar adversarios contemporáneos con antiguas potencias extranjeras. Para la población, en cambio, también evoca el deseo de decidir el futuro sin intervenciones y de recuperar una normalidad que varias generaciones apenas conocieron.

El país enfrenta hoy aislamiento diplomático, restricciones severas sobre mujeres y niñas, pobreza y una gran dependencia de la ayuda humanitaria. La bandera y la forma de los actos oficiales pueden cambiar, pero la memoria de 1919 conserva fuerza. El aniversario plantea una pregunta todavía abierta: cómo transformar la independencia formal en seguridad, derechos e instituciones capaces de servir a todos los afganos.