Más de cien personas murieron al derrumbarse una mina artesanal de oro en Zamboye, una aldea del oeste de la República Centroafricana situada cerca de la frontera con Camerún. El accidente ocurrió el martes y este miércoles continuaban las tareas para localizar a trabajadores desaparecidos y recuperar cuerpos entre los escombros.
Rescatistas que trabajan en el lugar informaron que ya fueron recuperados más de cien cuerpos, mientras todavía había personas desaparecidas o atrapadas. También se registraron sobrevivientes con heridas de distinta gravedad.
La fiscalía abrió una investigación para determinar las causas del derrumbe, identificar a las víctimas y establecer quién administraba la explotación. Las primeras informaciones apuntan al colapso de varias galerías subterráneas donde trabajaban los mineros. La cercanía con Camerún también llevó a ese país a ofrecer asistencia médica para los heridos. Entre las víctimas fatales habría al menos cuatro ciudadanos cameruneses.
La minería artesanal se desarrolla con herramientas básicas y escasa infraestructura. Los trabajadores excavan pozos y túneles sin las estructuras de refuerzo, sistemas de ventilación y controles geológicos habituales en grandes explotaciones.
Las lluvias pueden debilitar el terreno y aumentar el riesgo de derrumbes. Cuando ocurre un accidente, las tareas de rescate también resultan complejas porque muchas zonas carecen de maquinaria pesada, caminos adecuados o servicios médicos cercanos. La dificultad para conocer el número exacto de víctimas refleja además la informalidad del sector. En muchos yacimientos no existen registros precisos de cuántas personas trabajan cada día.

El oro representa una fuente fundamental de ingresos para miles de familias de la República Centroafricana. En las regiones rurales, donde existen pocas oportunidades laborales, muchas personas dependen de pequeñas explotaciones para sobrevivir.
El país posee además diamantes y otros recursos naturales, pero continúa entre los más pobres del mundo. Décadas de conflictos, rebeliones e inestabilidad redujeron la presencia del Estado en numerosas regiones y dificultaron el control de la actividad minera.
Los accidentes tampoco son excepcionales. Durante los últimos meses se registraron otros derrumbes mortales en explotaciones auríferas del país, lo que volvió a poner bajo discusión las condiciones de seguridad.

En Zamboye, la prioridad sigue siendo encontrar a quienes permanecen bajo tierra y asistir a las familias de las víctimas. Luego, la investigación deberá determinar si la mina contaba con autorización y si existían medidas mínimas de protección.
La tragedia vuelve a exponer una contradicción profunda: una actividad indispensable para miles de familias continúa desarrollándose en condiciones que pueden convertir una jornada de trabajo en una catástrofe.