20/08/2026 - Edición Nº1290

Opinión


Nuevo tablero

Los gobernadores ya dejaron de discutir con Milei y empezaron a discutir el día después

20/08/2026 | Ya no se trata solamente de sobrevivir políticamente a Milei. Se trata de llegar con poder propio al escenario que venga después.



La política argentina empezó a cambiar de eje sin hacer demasiado ruido. Durante el primer tramo del gobierno de Javier Milei, la principal discusión giró alrededor de una pregunta sencilla: quién estaba dispuesto a acompañar al Presidente y quién prefería enfrentarlo. Hoy esa lógica empieza a agotarse.

Los gobernadores ya no negocian solamente con la Casa Rosada. También comenzaron a construir el escenario que imaginan para después de Milei, aun cuando el Presidente conserve buenas posibilidades de buscar la reelección.

No significa que estén apostando a una derrota del oficialismo. Significa algo más interesante: dejaron de organizar toda su estrategia en función de Javier Milei.

La reunión del Norte Grande en Misiones mostró esa transformación. Diego Santilli llegó como representante político de la Casa Rosada para escuchar reclamos sobre rutas, energía e infraestructura. Los gobernadores aceptaron el diálogo, pero ninguno apareció dispuesto a convertirse en un aliado incondicional del Gobierno.

El regreso del pragmatismo

Osvaldo Jaldo ofrece el caso más evidente. El gobernador tucumano acompañó buena parte de las reformas impulsadas por Milei y construyó una relación directa con el oficialismo. Sin embargo, rechazó públicamente la flexibilización de la Ley de Tierras y mantiene diferencias con la Casa Rosada sobre la eliminación de las PASO.

Raúl Jalil recorrió un camino parecido. Facilitó votaciones decisivas para el Gobierno, ayudó a romper la homogeneidad de Unión por la Patria y sostuvo un vínculo fluido con la administración libertaria. Al mismo tiempo, evita presentarse como un dirigente de La Libertad Avanza y conserva márgenes para negociar con distintos sectores del peronismo.

Gustavo Sáenz representa otra variante. Comparte buena parte del diagnóstico económico del Gobierno, pero reclama recursos para el Norte y advierte que acompañar no significa renunciar a los intereses de Salta.

Los tres pertenecen a espacios diferentes. Los tres desarrollaron relaciones distintas con Milei. Los tres terminaron actuando de una manera bastante similar: cooperan cuando consideran que conviene a sus provincias y se plantan cuando entienden que el costo político supera los beneficios.

No están construyendo una oposición. Están recuperando autonomía.

El Congreso cambió antes que la política

La discusión por la Ley de Tierras dejó una enseñanza que excede el contenido del proyecto. La Casa Rosada descubrió que ya no alcanza con sumar aliados. También necesita administrar sus diferencias.

El Gobierno terminó retirando los artículos más conflictivos porque los gobernadores dialoguistas dejaron en claro que no acompañarían la flexibilización para la compra de tierras por parte de extranjeros. La ley salió. El texto cambió.

Ese mecanismo empieza a repetirse en distintas discusiones. Los mandatarios provinciales ya no funcionan como oficialistas u opositores permanentes. Se transformaron en administradores de una mayoría variable que modifica proyectos, incorpora condiciones y redefine prioridades.

El Congreso empezó a parecerse más al mapa real del país.

El horizonte de 2027

Hay otro motivo que explica este comportamiento. Los gobernadores comenzaron a pensar en la próxima etapa política.

Ninguno sabe si Milei llegará fortalecido a la elección presidencial, si logrará la reelección o si aparecerá una alternativa competitiva. Lo que sí saben es que las provincias seguirán necesitando interlocutores cualquiera sea el resultado.

Por eso todos intentan conservar opciones abiertas. Jaldo mantiene diálogo con la Casa Rosada sin romper con el peronismo. Jalil acompaña reformas libertarias mientras evita cerrar la puerta a una reconstrucción justicialista. Sáenz conversa con el Gobierno, fortalece su perfil provincial y participa de espacios comunes con otros mandatarios.

La lógica cambió. Ya no se trata solamente de sobrevivir políticamente a Milei. Se trata de llegar con poder propio al escenario que venga después.

La tercera velocidad

Mientras el Presidente sigue organizando la política alrededor de una confrontación entre oficialismo y kirchnerismo, los gobernadores comenzaron a moverse en otra velocidad.

No buscan reemplazar inmediatamente a ninguno de los dos polos. Tampoco parecen interesados en construir una candidatura presidencial común.

Su objetivo es más modesto y probablemente más efectivo: preservar territorio, conservar legisladores, fortalecer sus administraciones y aumentar su capacidad de negociación frente a cualquier gobierno nacional.

La reunión de Misiones mostró precisamente eso. Los gobernadores reclamaron obras, infraestructura energética, rutas y financiamiento. Santilli necesitaba sostener el vínculo político con ellos. Ellos necesitaban recordar que esos votos tienen un precio.

Durante los primeros años de Milei, gran parte de la política discutía cómo reaccionar frente al fenómeno libertario. Esa etapa empieza a cerrarse. Los gobernadores ya no parecen preguntarse únicamente cómo convivir con Milei. Empezaron a preguntarse qué lugar ocuparán cuando el sistema político vuelva a reorganizarse.

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