El 27 de agosto de 2006 quedó grabado en la historia del Turismo Carretera como el día en que Marcos Di Palma subió por última vez a lo más alto del podio de la categoría.
Fue en el Autódromo de Paraná, por la undécima fecha del calendario de aquella temporada, y con un condimento especial: el arrecifeño manejaba un Torino, algo que hasta pocos meses antes parecía impensado.
El 9 de abril de 2006, Di Palma sacudió el ambiente del automovilismo argentino con una frase que resonó fuerte: "Con Chevrolet venimos peor que arriba de chancho, así que voy a cambiar de marca y correré con Torino".
Por sugerencia de Alberto Canapino, el Loco pateó el tablero y, tras siete años consecutivos al volante de un Chevrolet, decidió armar un Toro para continuar su trayectoria en la máxima.
Su objetivo no era solo competitivo. Era, sobre todo, una jugada de personalidad: "Este cambio va a servir para darme cuenta si el problema soy yo o es la marca. Creo que no estoy equivocado y en 6 carreras voy a poder demostrarlo", prometió.
La sentencia no era ligera: Chevrolet venía sufriendo una notoria desventaja de rendimiento frente a Ford, Torino y Dodge. Y necesitaba dar una señal.

Seis fechas más tarde, la palabra se hizo hecho. En Paraná, Marcos largó desde el 5° puesto de la grilla. Adelante largaban su hermano José Luis Di Palma (Dodge) y Diego Aventin (Ford), con Matías Rossi y Christian Ledesma (ambos Chevrolet) completando la segunda fila. El Loco fue rápido y saltó al tercer puesto.
Algunas vueltas más tarde, un toque entre José Luis y el "Pumita" Aventin le despejó el camino. Con la pista abierta, sacó a relucir la manija que lo caracterizaba y se encaminó hacia su 11° triunfo en el TC.
La victoria tuvo doble peso. Por un lado, cortó una racha de 29 carreras sin triunfos para Torino: el último había sido, curiosamente, de su hermano Patricio Di Palma, el 24 de septiembre de 2004 en el Autódromo de Buenos Aires. Por otro, funcionó como confirmación de una sentencia: el problema, decía Marcos, era la marca, no el piloto.
El fin de semana no fue solo festivo. Un grupo de hinchas de Chevrolet lo puteó durante todo el sábado y volvió a hacerlo en el podio, molestos por el cambio. En la conferencia posterior, el Loco lo dijo sin filtro: "El sábado hubo un grupo de hinchas del Chivo que me putearon. Y hoy en el podio volvieron a hacerlo. Eso no se los voy a permitir".
Y agregó una advertencia hacia el futuro: "El año que viene quiero pelear el campeonato y ojalá sea con Chevrolet, que es la marca que amo. Pero si los hinchas no recapacitan no voy a evaluar esa posibilidad. Yo di el paso al costado para que Pedersoli pueda desarrollar motores para Ortelli y Ledesma, por el bien de la marca. Yo me jugué por Chevrolet…".
Un año después, en 2007, Marcos volvió a Chevrolet, su marca de amores. No pudo pelear el campeonato en 2007, 2008 ni 2009, pero sí recuperó el idilio con la hinchada.
Con el tiempo, incluso, dejó su reflexión más honesta: "No valió la pena el sacrificio humano y económico que afronté. Yo hice todo por el Chivo, y no sé si a alguien le importó todo eso".
Aquella tarde en Paraná fue, sin saberlo, la última bandera a cuadros del Loco en el TC. Un capítulo cerrado con Toro, rebeldía y palabras memorables.