La NASA publicó el 18 de agosto las imágenes más detalladas del cráter que dejó en la Luna una etapa superior del Falcon 9 de SpaceX. El impacto ocurrió el 5 de agosto y las tomas del Lunar Reconnaissance Orbiter, obtenidas entre el 11 y el 12, permitieron medir una cicatriz de unos 18 metros de diámetro y menos de tres metros de profundidad. La agencia confirmó además material expulsado alrededor del punto de choque.
La medición confirma una consecuencia física menor que algunas estimaciones previas, pero excepcional por estar asociada a un objeto de origen conocido. Antes del choque, NASA calculaba un cráter de unos 18 metros de ancho y cerca de 3,7 metros de profundidad; las imágenes posteriores redujeron ese límite vertical. El episodio se suma a un año de intensa actividad lunar, incluido el sobrevuelo lunar de Artemis II, y ofrece una referencia directa para estudiar impactos con parámetros conocidos.
Fotografiar el sitio exigió una maniobra precisa del Lunar Reconnaissance Orbiter seis días después del impacto. La nave pasa a unos 90 kilómetros de altura y completa una órbita polar aproximadamente cada 117 minutos, por lo que el equipo de la cámara LROC tuvo que inclinarla en distintos ángulos para mantener el objetivo dentro del encuadre. NASA explicó que un error de apenas diez segundos habría desplazado el centro de la imagen unos 16 kilómetros.
Las distintas geometrías de observación revelaron un patrón de material expulsado en forma de V al sur del cráter. El equipo de LROC lo considera compatible con un impacto de bajo ángulo, estimado en unos 31 grados respecto de la horizontal. Las zonas oscuras corresponden principalmente a regolito superficial alterado durante largos períodos por radiación y micrometeoritos, mientras que los sectores más brillantes exponen material más fresco que estaba enterrado a mayor profundidad.

La etapa había sido lanzada el 15 de enero de 2025 en la misión que llevó a la Luna al módulo Blue Ghost 1 de Firefly Aerospace. Actividad solar y fuerzas gravitatorias modificaron posteriormente su trayectoria hasta producir el retorno no planificado. La misión surcoreana Danuri fotografió el área pocas horas después del choque y ayudó a afinar las coordenadas; LRO situó después el centro del nuevo cráter en 19,4759 grados norte y 266,7138 grados este.

El valor científico del episodio está en conocer con gran precisión qué objeto impactó, cuándo lo hizo y cómo quedó modificada la superficie. Ese conjunto permite contrastar predicciones de trayectoria y modelos de formación de cráteres con observaciones reales, algo mucho más difícil en impactos naturales. Para NASA, el seguimiento también sirve para mejorar técnicas de rastreo de objetos en el espacio y estudiar cómo el regolito lunar responde cuando un cuerpo artificial excava y redistribuye material.