23/08/2026 - Edición Nº1293

Internacionales

Derechos del océano

Nueva Zelanda debate dar derechos legales a las ballenas y cambiar su protección

23/08/2026 | Una iniciativa parlamentaria propone que organismos estatales contemplen cinco principios vinculados con la vida de los cetáceos al tomar decisiones.



Nueva Zelanda podría dar un nuevo paso en una tendencia jurídica que ya convirtió ríos, montañas y territorios naturales en entidades reconocidas por la ley. Esta vez, el debate se trasladó al océano: un proyecto presentado durante 2026 propone que las ballenas cuenten con intereses propios que deberán ser considerados cuando las autoridades adopten medidas capaces de afectar su supervivencia.

La iniciativa lleva el nombre de Tohorā Oranga Bill y fue impulsada por el diputado Teanau Tuiono. Todavía no es una ley vigente y deberá superar el procedimiento parlamentario correspondiente antes de poder aplicarse.

Su importancia está en el cambio de perspectiva que plantea. En lugar de proteger a los cetáceos únicamente porque forman parte del ambiente o porque su conservación beneficia a las personas, el texto propone reconocer que existen necesidades inherentes a estos animales que merecen consideración jurídica.


El diputado Teanau Tuiono impulsó el Tohorā Oranga Bill, que plantea cinco principios para que las necesidades de las ballenas sean consideradas en determinadas decisiones ambientales y marítimas.

Qué cambiaría para las ballenas

El proyecto establece cinco principios centrales. Entre ellos aparecen la posibilidad de desplazarse y cumplir sus rutas migratorias, desarrollar comportamientos propios de cada especie, conservar sus relaciones sociales, habitar ecosistemas saludables y permitir la recuperación de los ambientes de los que dependen.

Estos criterios deberían ser contemplados por organismos públicos cuando analicen determinadas decisiones relacionadas con actividades marítimas, conservación de especies, pesca o utilización de zonas costeras.

En la práctica, esa obligación podría adquirir relevancia ante problemas como las colisiones con embarcaciones, la contaminación del mar, la alteración de rutas migratorias, las capturas accidentales o la destrucción de espacios utilizados para alimentación y reproducción. El proyecto también prevé que las autoridades expliquen de qué manera tuvieron en cuenta esos principios al emitir determinadas resoluciones.


El río Whanganui marcó un antecedente mundial cuando Nueva Zelanda lo reconoció en 2017 como una entidad jurídica, un modelo que amplió la discusión sobre los derechos de la naturaleza.

Una relación ancestral con el océano

La propuesta tiene una fuerte influencia de la cultura maorí. Para diferentes comunidades indígenas de Nueva Zelanda, los tohorā ocupan un lugar que trasciende su condición de animales silvestres. Su presencia está vinculada con tradiciones, historias familiares, conocimientos transmitidos durante generaciones y una concepción del océano basada en relaciones entre seres humanos y naturaleza.

Ese enfoque ya produjo transformaciones jurídicas excepcionales en el país.

En 2014, Te Urewera dejó de ser considerada simplemente un parque nacional y recibió un estatus jurídico propio. Tres años después, una ley reconoció al río Whanganui como una entidad legal con derechos y responsabilidades. En 2025, un modelo semejante fue aplicado a Taranaki Maunga y otras montañas relacionadas culturalmente con pueblos maoríes.

El nuevo proyecto no significa que una ballena tendría los mismos derechos que una persona ni que podría presentarse por sí misma ante un tribunal. Su alcance es diferente: busca que los intereses de estos animales tengan un reconocimiento concreto dentro de las decisiones del Estado.

Si finalmente avanza, Nueva Zelanda volvería a experimentar con una pregunta cada vez más presente en el derecho ambiental: hasta dónde puede ampliarse la idea de quién —o qué— puede ser titular de derechos.