Uruguay parecía reunir casi todos los ingredientes para convertirse en una base regional de minería sostenible de Bitcoin. Tether llegó al país en 2023 atraída por su estabilidad, infraestructura eléctrica y elevada participación de fuentes renovables. Tres años después, las operaciones están cerradas y el caso expone una paradoja: disponer de electricidad limpia no significa necesariamente disponer de electricidad suficientemente barata para minar criptomonedas.
La dimensión de la apuesta tampoco fue menor. Personas que trabajaron en el proyecto estimaron que Tether habría invertido alrededor de US$60 millones en cada una de dos instalaciones, unos US$120 millones en total. El desembolso debe considerarse una estimación y no una cifra oficial de la empresa, pero permite dimensionar el proyecto que Uruguay esperaba utilizar como plataforma para nuevas inversiones tecnológicas.
Uruguay tiene actualmente una de las matrices eléctricas más limpias del mundo. La agencia de promoción de inversiones Uruguay XXI señala que alrededor del 99% de la generación eléctrica procede de fuentes renovables y destaca la confiabilidad de su red.
Sin embargo, la minería de Bitcoin depende de una variable adicional: el precio y la disponibilidad constante de enormes cantidades de electricidad. El proyecto de Tether terminó enfrentado con la empresa estatal UTE por las condiciones del suministro, la cantidad de energía contratada y posteriormente por facturas impagas. El suministro terminó siendo cortado y la filial local saldó sus obligaciones pendientes a fines de 2025.
La presión económica se volvió todavía mayor después del halving de Bitcoin de abril de 2024, que redujo a la mitad la recompensa obtenida por los mineros. Cuando esa reducción se combina con electricidad cara y equipos que deben funcionar durante prácticamente todo el día, instalaciones que antes generaban ganancias pueden perder rápidamente competitividad.

El fracaso de la minería no significa necesariamente que la infraestructura energética uruguaya haya perdido atractivo tecnológico. De hecho, sus características pueden encajar mejor con centros de datos, computación de alto rendimiento y proyectos vinculados con inteligencia artificial, sectores en los que la estabilidad de la red, las telecomunicaciones y el origen renovable de la energía tienen un peso mayor.

El caso Tether deja así una conclusión distinta a la de una simple inversión extranjera fallida. Uruguay consiguió una matriz eléctrica extraordinariamente limpia, pero Bitcoin puso a prueba otro factor: cuánto está dispuesto a pagar un consumidor intensivo por esa electricidad. En la minería digital global, ser verde puede ser una ventaja; ser barato continúa siendo decisivo.