La nueva internación de Harald V volvió a colocar una pregunta en el centro de la atención sobre la familia real noruega: qué ocurriría si falleciera el monarca y cómo se produciría el cambio de jefe de Estado. A diferencia de Reino Unido, Noruega no difundió públicamente un operativo equivalente a la conocida “Operación London Bridge”, pero su Constitución y el antecedente de 1991 permiten reconstruir los pasos esenciales.
El punto más importante es que Haakon no tendría que esperar una proclamación, una coronación ni una votación para convertirse en rey. La sucesión sería automática desde el momento de la muerte de Harald V.

Actualmente, mientras su padre continúa siendo el soberano, el príncipe heredero puede ejercer como regente cuando la enfermedad o una ausencia impiden al monarca cumplir sus funciones. Esa situación es temporal y no implica que haya comenzado un nuevo reinado.
El primero en la línea sucesoria es Haakon. Detrás aparecen su hija, la princesa Ingrid Alexandra, y su hijo, Sverre Magnus. Cuando murió Olav V, el 17 de enero de 1991, Harald pasó a ser rey inmediatamente. Después se reunió un Consejo de Estado extraordinario y comenzó el proceso institucional que acompañó formalmente la transición. Ese antecedente resulta fundamental para entender qué podría suceder nuevamente.
Noruega abandonó las coronaciones tradicionales y el nuevo soberano debe prestar un juramento ante el Storting, el Parlamento del país. Harald cumplió con ese paso el 21 de enero de 1991. Meses después, él y Sonia participaron de una ceremonia de consagración en la catedral de Nidaros, en Trondheim. Fue un acto religioso y simbólico, pero no una coronación.
Si Haakon llega al trono, deberá cumplir con las obligaciones constitucionales correspondientes. El nombre que utilizaría como monarca también deberá ser confirmado oficialmente: aunque resulte natural pensar en “Haakon VIII”, no corresponde presentarlo como un hecho anticipadamente.
Con el ascenso de su esposo, Mette-Marit pasaría a ser reina consorte. No gobernaría por derecho propio ni desplazaría a Ingrid Alexandra en la línea sucesoria. La hija de Haakon, en cambio, se convertiría en princesa heredera y quedaría primera en el orden para ocupar algún día el trono.
Los detalles solamente podrán conocerse cuando sean comunicados oficialmente. No existe fundamento para trasladar automáticamente a Noruega los plazos de luto y ceremonias utilizados por la monarquía británica.

El antecedente más cercano es el de Olav V: su funeral se realizó en la catedral de Oslo y el cortejo terminó en la fortaleza de Akershus, donde fue sepultado en el Mausoleo Real.
Por eso, ante una futura transición, habrá elementos constitucionales previsibles y otros que permanecerán abiertos hasta los anuncios del Palacio y del gobierno. Lo seguro es que Noruega no quedaría sin rey ni atravesaría un vacío de poder: la Corona cambiaría de titular de manera inmediata.