La educación bonaerense vuelve a quedar en el centro de la discusión política. La diputada provincial Mónica Schlotthauer, de Izquierda Socialista e integrante del Frente de Izquierda Unidad, presentó un proyecto de ley para declarar la emergencia educativa en la provincia de Buenos Aires durante dos años, con la posibilidad de extenderla por otros dos.
La propuesta parte de un diagnóstico crítico sobre el funcionamiento del sistema educativo y reclama una intervención urgente sobre tres cuestiones centrales: los ingresos de los docentes, el estado edilicio de las escuelas y los recursos destinados a los comedores escolares. El planteo sostiene que la crisis no puede abordarse únicamente con medidas parciales, sino mediante una asignación prioritaria de recursos.
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— Izquierda Socialista (@IzqSocialista) August 24, 2026
Uno de los principales argumentos del proyecto está relacionado con la situación salarial de los trabajadores de la educación. Según los fundamentos de la iniciativa, un docente de nivel primario percibe alrededor de 850 mil pesos y los salarios acumularon una pérdida del 34% desde el comienzo de la actual gestión provincial.
Para Schlotthauer, la discusión presupuestaria no puede separarse de esta realidad. La iniciativa busca que las partidas previstas para la Dirección General de Cultura y Educación sean efectivamente ejecutadas durante 2026 y que los recursos destinados al área tengan como prioridad el sostenimiento del sistema público.

El proyecto también pone el foco sobre la cantidad de personas que dependen directamente de la educación estatal bonaerense. Cerca de tres millones de niños y jóvenes concurren a establecimientos públicos de la provincia, mientras que el sistema cuenta con aproximadamente 482 mil docentes.
El segundo eje de la propuesta está vinculado con la infraestructura. Los fundamentos mencionan establecimientos que presentan problemas de humedad, grietas, instalaciones eléctricas y de gas deficientes, sanitarios deteriorados y falta de espacios adecuados para el dictado de clases.
A ese panorama se agregan obras que permanecen paralizadas o que avanzan a un ritmo que, según la mirada de la legisladora, resulta insuficiente frente a las necesidades del sistema. La emergencia planteada pretende convertir estas deficiencias en una prioridad presupuestaria y acelerar las intervenciones necesarias.
La cuestión edilicia no es un asunto menor: las condiciones materiales de las escuelas terminan impactando directamente sobre docentes, alumnos y trabajadores auxiliares. Por eso, el proyecto coloca infraestructura y salarios dentro de una misma discusión: cuánto dinero se destina a sostener cotidianamente la educación pública.
La iniciativa también incorpora la situación de los comedores escolares. El planteo sostiene que las partidas destinadas al Servicio Alimentario Escolar no resultan suficientes frente al incremento de los precios y reclama una actualización de los recursos para garantizar la alimentación de los estudiantes.
En este punto, la discusión educativa se cruza con otra problemática social. Para miles de familias bonaerenses, la escuela no representa solamente el lugar donde sus hijos reciben educación, sino también un espacio fundamental para acceder a una comida durante la jornada.

Por ese motivo, el proyecto propone abordar el deterioro del sistema educativo de manera integral, incluyendo tanto las condiciones en las que se enseña como las necesidades básicas de quienes concurren diariamente a las escuelas.
La iniciativa de Schlotthauer no concentra sus cuestionamientos exclusivamente en la Casa Rosada. El proyecto responsabiliza al gobierno nacional de Javier Milei por las políticas de ajuste y, particularmente, por el recorte de fondos vinculados al incentivo docente, pero también apunta al Ejecutivo bonaerense de Axel Kicillof.
La diputada plantea así una doble responsabilidad: Nación debe garantizar los recursos que corresponden al sistema educativo y la Provincia debe asegurar que esos fondos lleguen efectivamente a salarios, infraestructura y alimentación escolar.
Desde esa perspectiva, la emergencia educativa aparece también como un nuevo capítulo de la disputa política por el destino del gasto público. Mientras los gobiernos defienden sus respectivas políticas presupuestarias, la oposición de izquierda busca instalar la idea de que el problema no es solamente cuánto se recauda, sino cuáles son las prioridades a la hora de distribuir los recursos.