A las 22.20 del 17 de enero de 1991, Olav V murió en Kongsseteren, la residencia real ubicada en las afueras de Oslo. Tenía 87 años, era entonces el monarca de mayor edad del mundo y había ocupado el trono de Noruega desde 1957.
En ese mismo instante terminó un reinado de más de tres décadas y comenzó otro. Su hijo dejó de ser príncipe heredero y se convirtió automáticamente en Harald V, sin esperar una votación, una proclamación pública o una ceremonia.
Harald tenía 53 años y llevaba casi 34 preparándose para asumir la Corona. Había pasado a ser heredero tras la muerte de su abuelo, Haakon VII, el 21 de septiembre de 1957. Ese mismo año participó por primera vez del Consejo de Estado y en 1958 ejerció como regente durante una ausencia de su padre.

Con el paso de las décadas, sus responsabilidades aumentaron. Acompañaba a Olav en tareas institucionales, representaba al país en el exterior y viajaba junto con delegaciones comerciales para promover empresas e intereses noruegos.
La preparación adquirió otra dimensión durante 1990, cuando la salud de Olav V se deterioró y Harald debió asumir temporalmente las funciones de jefe de Estado como príncipe heredero regente.
La muerte de Olav no abrió un período de espera. La Constitución garantizó la continuidad de la Corona y Harald fue rey desde el momento mismo del fallecimiento de su padre.
A medianoche se reunió un Consejo de Estado extraordinario en el Palacio Real. Allí, el nuevo soberano comunicó formalmente la muerte de Olav V y comenzó a ordenar la transición institucional.
La reunión no fue la que convirtió a Harald en rey. Su reinado ya había comenzado a las 22.20. El Consejo de Estado permitió oficializar la noticia, coordinar la respuesta de las autoridades y preparar los primeros actos del nuevo monarca.
Al día siguiente, Harald pronunció su primer discurso como rey. Rindió homenaje a su padre y pidió el acompañamiento de los noruegos para la responsabilidad que acababa de asumir.
Mientras las instituciones completaban los primeros pasos, en las calles comenzó una despedida espontánea. Miles de personas llegaron hasta la plaza frente al Palacio Real con flores, mensajes y velas.
Con el paso de las horas, el lugar se transformó en un enorme memorial improvisado. La imagen de la plaza cubierta de luces se convirtió en uno de los símbolos del duelo por quien era conocido popularmente como “el rey del pueblo”.
El 21 de enero, cuatro días después de la muerte de Olav, Harald se presentó ante el Storting, el Parlamento noruego, y prestó juramento de fidelidad a la Constitución.
El acto tampoco marcó el inicio del reinado. Harald ya era rey, pero debía comprometerse formalmente ante los representantes elegidos a gobernar de acuerdo con la Constitución y las leyes del país.
El monarca adoptó el mismo lema utilizado por su padre y su abuelo: “Todo por Noruega”.
Sonja, que lo acompañaba desde su matrimonio en 1968, se convirtió en la primera reina de Noruega en 53 años. También estuvo presente durante el juramento, algo que no ocurría con una reina noruega desde hacía 69 años.

Olav V fue despedido el 30 de enero con un funeral en la catedral de Oslo. Después de la ceremonia, el cortejo recorrió las calles de la capital hasta la fortaleza de Akershus.
La Casa Real estima que alrededor de 100 mil personas acompañaron el traslado del féretro. El recorrido terminó en la capilla de Akershus, donde se realizó el último rito antes de que el monarca fuera sepultado en el Mausoleo Real junto con su esposa, la princesa heredera Märtha.
Harald tampoco tuvo una coronación. Noruega había eliminado ese ritual después de la ceremonia celebrada para Haakon VII y la reina Maud en 1906.
El 23 de junio de 1991, Harald y Sonja participaron en cambio de una ceremonia de consagración en la catedral de Nidaros, en Trondheim. Las coronas permanecieron como símbolos históricos y no fueron colocadas sobre sus cabezas.
Después de la ceremonia, el matrimonio real inició una gira de diez días por el sur del país. Un año más tarde recorrió durante 22 días los cuatro condados más septentrionales de Noruega.
Así comenzó un reinado que nació entre el duelo institucional, las velas frente al Palacio y la transformación inmediata de un hombre que llevaba más de treinta años preparándose para el momento.
La noche del 17 de enero de 1991 es también el antecedente más claro para entender el futuro de la Corona: cuando termine el reinado de Harald V, Haakon pasará de heredero a rey con la misma inmediatez con la que su padre ocupó el lugar de Olav.