27/08/2026 - Edición Nº1297

Internacionales

Rumbo europeo

Independencia de Moldova: 35 años de una soberanía todavía en disputa abierta

27/08/2026 | La república rompió con la Unión Soviética en 1991 y hoy busca ingresar a la Unión Europea mientras enfrenta el conflicto de Transnistria.



Moldova conmemora el 27 de agosto los 35 años de su declaración de independencia, aprobada por el Parlamento después del fracaso del golpe comunista contra Mijaíl Gorbachov. La fecha creó un Estado soberano entre Rumania y Ucrania cuya identidad, seguridad y orientación internacional continúan en debate.

El territorio formó parte del principado histórico de Moldavia y quedó dividido durante siglos entre imperios. La mayor parte de la actual república fue incorporada al Imperio ruso en 1812, se unió con Rumania después de la Primera Guerra Mundial y fue anexada por la Unión Soviética en 1940, tras el pacto entre Hitler y Stalin.

La presidenta Maia Sandu convirtió la integración con la Unión Europea en una prioridad estratégica para Moldova, que abrió formalmente las negociaciones de adhesión en 2024.

Una ruptura todavía abierta

El movimiento nacional creció durante la apertura soviética de fines de la década de 1980. Grandes concentraciones reclamaron recuperar el idioma rumano escrito con alfabeto latino, símbolos históricos y mayor autonomía. En junio de 1990, el Parlamento proclamó la soberanía; catorce meses después convirtió ese proceso en independencia completa.

La declaración de 1991 denunció la anexión soviética, afirmó la continuidad histórica de la población y estableció a Moldova como Estado libre para decidir sus relaciones exteriores. Rumania fue el primer país en reconocerla. En marzo de 1992, la nueva república ingresó en las Naciones Unidas.

La soberanía quedó inmediatamente limitada por la guerra en Transnistria. Separatistas de la franja oriental, apoyados por fuerzas rusas, combatieron contra el gobierno central durante 1992. Un alto el fuego detuvo las hostilidades abiertas, pero no produjo una solución política. La región mantiene autoridades propias no reconocidas y presencia militar rusa.

La Plaza de la Gran Asamblea Nacional de Chisináu en 1991, año en que Moldova declaró su independencia en medio de la desintegración de la Unión Soviética.

En Gagauzia, otra zona con identidad particular, un acuerdo de autonomía evitó un conflicto semejante. La experiencia mostró que construir el Estado exigía equilibrar idioma, minorías y memoria dentro de una sociedad donde numerosos ciudadanos hablan ruso y mantienen vínculos familiares o económicos hacia el este.

Moldova atravesó pobreza, emigración masiva, corrupción y crisis políticas. Durante años alternó gobiernos favorables a Moscú con otros orientados hacia la integración europea. La invasión rusa de Ucrania alteró ese equilibrio: el país recibió refugiados, sufrió crisis energética y denunció campañas de desinformación, financiamiento clandestino e intentos de desestabilización.

La presidenta Maia Sandu convirtió el ingreso a la Unión Europea en prioridad estratégica. Moldova obtuvo condición de candidata en 2022 y abrió negociaciones en 2024. También inició su retirada formal de la Comunidad de Estados Independientes encabezada por Rusia. La aproximación europea promete instituciones y mercados, pero exige reformas judiciales, lucha anticorrupción y consensos internos difíciles.

A 35 años, la independencia no aparece como un capítulo concluido. Moldova controla sus instituciones centrales, pero no todo el territorio reconocido; elige alianzas, pero enfrenta presión exterior constante. La celebración recuerda que declarar soberanía puede ocurrir en una jornada, mientras convertirla en seguridad, prosperidad y libertad requiere generaciones.