En una noche pensada para celebrar la hermandad rioplatense, el canciller argentino Pablo Quirno introdujo una definición que fue bastante más allá del protocolo. Durante la recepción organizada por la Embajada de Uruguay en Argentina por el 201 aniversario de la Declaratoria de la Independencia, reclamó que el Mercosur acelere su apertura al mundo y deje de convertir los consensos internos en una excusa para postergar decisiones.
La ceremonia fue encabezada por el embajador de Uruguay en la Argentina, Diego Cánepa, anfitrión del encuentro, y contó con la presencia del secretario de la Presidencia uruguaya, Alejandro Sánchez; el canciller Pablo Quirno; autoridades de ambos países, integrantes del cuerpo diplomático, dirigentes políticos y representantes del empresariado argentino con vínculos en Uruguay. Entre los invitados también estuvo Mirtha Legrand, a quien Cánepa presentó como uno de los grandes íconos de la conexión cultural entre las dos orillas del Río de la Plata.

El punto de partida fue una declaración reciente del presidente uruguayo Yamandú Orsi, quien había señalado que su país podía tomar prestado algo del “vértigo argentino”. Quirno recogió el guante, aseguró que interpretó la frase como una invitación y respondió con ironía diplomática: “Me alegró descubrir que también existe demanda para nuestro vértigo”.
“Durante esta presidencia pro tempore cuenten con nosotros para compartir una cuota generosa de velocidad. Si algo podemos aportar es nuestra convicción de que hay momentos en los que vale la pena acelerar”, sostuvo ante funcionarios, representantes diplomáticos y empresarios.
El tramo del discurso más político llegó cuando el canciller colocó al acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea como ejemplo de lo que el bloque puede conseguir cuando logra salir de su propia parálisis.
“El bloque acaba de demostrar con el acuerdo de la Unión Europea que puede transformar décadas de negociación en comercio y riqueza”, afirmó. Inmediatamente después dejó la frase más contundente de la noche: “El Mercosur no puede convertir la prudencia en demora. Las negociaciones difíciles existen para ser resueltas, porque cada decisión que postergamos reduce nuestra libertad de acción y sacrifica oportunidades de prosperidad”.
La elección del escenario no fue casual. Uruguay ejerce desde junio y hasta diciembre de 2026 la presidencia pro tempore del Mercosur, por lo que buena parte de la agenda política y comercial del bloque pasa actualmente por la conducción del gobierno de Orsi.
Tampoco se trató de una definición aislada. Apenas seis días antes, durante el Council of the Americas, Quirno había advertido oficialmente que Argentina no tenía “tiempo que perder” y que, si el Mercosur no acompañaba la velocidad de apertura requerida por el gobierno de Javier Milei, el país avanzaría de manera bilateral.
En la Embajada de Uruguay, el canciller moderó las formas, pero no modificó el contenido. Ya no habló de avanzar sin los socios, aunque sí dejó en claro que la Argentina pretende utilizar la presidencia uruguaya para imprimirle mayor velocidad a las negociaciones comerciales.
El discurso incluyó también menciones a la cooperación contra el crimen organizado, la futura firma de un nuevo acuerdo de servicios aéreos y el agradecimiento a Uruguay por su respaldo permanente al reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas. Sin embargo, la principal señal política fue otra: la integración regional seguirá siendo prioritaria para la Casa Rosada siempre que no se transforme en un freno para la apertura comercial.
Entre homenajes, saludos protocolares y referencias a la historia compartida, Quirno dejó planteada la condición argentina: Mercosur sí, pero al ritmo que reclama la política exterior de Milei.