El embajador de Uruguay en Argentina, Diego Cánepa, eligió la celebración por la independencia de su país para reivindicar una serie de principios que forman parte de la tradición institucional uruguaya, pero que también adquieren una lectura política en una región atravesada por fuertes discusiones sobre el ejercicio del poder.
“Somos un país y un pueblo de una arraigada vocación democrática, de un apego a la ley, de respeto por las instituciones y de una cultura del diálogo”, sostuvo el diplomático ante funcionarios, embajadores, empresarios e invitados especiales.
Luego pronunció la definición de mayor peso político de su discurso: “El poder legítimo emana solamente del pueblo y a él se debe todo nuestro trabajo”.

Cánepa no mencionó al gobierno argentino ni señaló destinatarios concretos. Por lo tanto, sería exagerado presentar sus palabras como una crítica directa a la administración de Javier Milei. Sin embargo, tampoco fue una elección inocua: colocar la ley, las instituciones y el diálogo en el centro de una intervención diplomática representó una manera clara de fijar la identidad política desde la cual Uruguay pretende relacionarse con la Argentina y con el resto de la región.
El embajador describió el vínculo bilateral como una relación “madura, seria y constructiva”, sostenida en una visión compartida de apertura, libertad, inversiones y generación de trabajo. También aseguró que ambos gobiernos mantienen una agenda concreta orientada a la integración, el desarrollo y la construcción de mayor bienestar.
La definición resulta especialmente significativa porque los gobiernos de Yamandú Orsi y Javier Milei provienen de tradiciones políticas e ideológicas diferentes. Aun así, los discursos pronunciados durante la celebración buscaron mostrar que la relación entre Buenos Aires y Montevideo puede sostenerse por encima de esas diferencias.

Cánepa apeló además a una conocida expresión de José “Pepe” Mujica para describir la cercanía entre ambas sociedades: “Somos hijos de la misma placenta”. Para el embajador, argentinos y uruguayos comparten una trama cultural, artística y humana que difícilmente pueda encontrarse entre otros dos países.
En un tramo más distendido, agradeció la presencia de sus colegas embajadores, de empresarios vinculados con Uruguay y de su propia familia. También pidió un aplauso especial para Mirtha Legrand, a quien presentó como uno de los grandes símbolos de la conexión cultural entre las dos orillas.

El tono de la noche cambió cuando Cánepa comunicó la muerte de Rubén Rada, ocurrida pocas horas antes de la recepción. El embajador sostuvo que el músico representaba una síntesis de la relación cultural entre Argentina y Uruguay y pidió cerrar el acto con un minuto de silencio.
“Nos dejó físicamente, pero no nos deja nunca en el corazón”, expresó antes del homenaje. Para Cánepa, la trayectoria de Rada consiguió representar como pocas aquella “relación simbiótica” construida a ambos lados del Río de la Plata.

Entre la reivindicación de la democracia, la apertura económica y el homenaje cultural, el embajador evitó las polémicas estridentes. Pero dejó una idea política concreta: la relación bilateral puede avanzar sin exigir coincidencias absolutas, siempre que se preserve el respeto por la ley, las instituciones y el diálogo.