27/08/2026 - Edición Nº1297

Política

8 años en Argentina

Vino embarazada de Venezuela a CABA, tardó 12 días y tiene un sueño: "Guerrera"

27/08/2026 | Daniela emprendió una difícil travesía en abril de 2018. Su idea es quedarse a vivir en nuestro país: "Acá nos sentimos súper bien".



En abril de 2018, Daniela Estrada dejó Venezuela junto a su familia y emprendió un largo viaje por tierra hacia la Argentina.

Tenía 29 años, un hijo de 12 y estaba embarazada de cinco meses. Atrás quedaba una realidad que, según recuerda, había convertido algo tan básico como acceder a la atención médica en una preocupación permanente.

Según cuenta a NewsDigitales, llegó después de atravesar Colombia, Ecuador, Perú y Chile. Fueron casi dos semanas de viaje, cambiando de micro en cada frontera, hasta arribar a Buenos Aires el 17 de abril.

Ocho años después, Daniela mira aquel recorrido con perspectiva. Tiene 37 años, cuatro hijos (uno venezolano y tres argentinos), una vida construida junto a su esposo y un pequeño emprendimiento de repostería que ahora quiere hacer crecer.

Su objetivo es sencillo, aunque para ella representa mucho: trabajar desde su casa, generar sus propios ingresos y, algún día, convertir ese proyecto familiar en el sustento de ambos.

Daniela y su familia en Venezuela, antes de llegar a Argentina

De Venezuela a la Argentina: empezar de nuevo

“En abril de 2018 llegamos a Argentina por tierra desde Venezuela. Como es de conocimiento público, los que salimos de Venezuela no lo hicimos por placer. Ojalá hubiese sido así”, cuenta Daniela.

Su familia ya tenía un primer vínculo con el país. Su mamá, su papá y uno de sus hermanos habían llegado en 2016 y fueron quienes ayudaron a que ella pudiera concretar el viaje.

Pero hubo una razón especialmente urgente para acelerar la decisión: su embarazo: “Yo llegué embarazada. Fue una de las situaciones que motivó a que saliéramos más rápido de Venezuela, porque tener un hijo allá era un riesgo de que muriera mi hijo o muriera yo”.

La frase resume el temor con el que emprendió aquel viaje. “La realidad era así de cruda. En los hospitales atención no había y todavía no la hay”, relata.

Una nueva vida, desde abajo

Los primeros años estuvieron lejos de ser sencillos. Daniela y su familia vivieron durante cinco años en la Ciudad de Buenos Aires y luego se instalaron en la provincia de Buenos Aires.

“Dentro de todo nos ha ido de verdad muy bien”, dice hoy, sin desconocer el esfuerzo que hubo detrás. “No vivimos en la clase alta, tampoco vivimos en la pobreza. La hemos sabido llevar desde que estamos acá junto con mi esposo”, explica.

La adaptación también tuvo sus pequeños desafíos. Uno de ellos fue inesperado: el clima.

“Lo que más nos pegó fue el frío, siendo que del lugar de donde vivíamos en Venezuela era cálido”, cuenta entre risas.

En términos económicos, asegura que el cambio también significó encontrar posibilidades que antes eran difíciles de conseguir: “Después de sobrevivir en Venezuela, la verdad que acá no nos afectó mucho al principio, viendo que acá hay más opciones para comprar comida, ropa, medicinas”.

Con el tiempo, Argentina dejó de ser simplemente el país al que habían llegado para convertirse en el lugar donde construyeron su vida: “Amamos Argentina. Obviamente extrañamos nuestro país, pero acá nos sentimos súper bien”.

Imagen que crearon para celebrar sus 8 años en Argentina

La repostería como oficio y como sueño

Daniela tiene una relación de muchos años con la cocina y, particularmente, con la repostería.

“Yo hago tortas desde muy pequeña. Creo que desde los 11 años más o menos me gusta lo que es la repostería”, cuenta.

Nunca realizó una formación profesional específica. Aprendió mirando, probando y equivocándose. “Siempre he aprendido por mis propios medios. Veo videos, invento, experimento. Nunca he estudiado”, relata.

La capacitación formal sigue siendo una cuenta pendiente que espera saldar algún día: “Quiero hacerlo, pero las condiciones para eso no se han dado. En algún momento yo creo que sí lo haré”, dice.

Mientras tanto, fue haciendo de su conocimiento una herramienta para generar ingresos.

Tortas, tequeños, empanadas y hamburguesas

Su emprendimiento no nació de un día para otro. Fue tomando distintas formas a medida que aparecían oportunidades.

“Las tortas empecé vendiendo en un hotel donde vivíamos y también luego empecé con los tequeños”, recuerda. Después llegaron las empanadas y las hamburguesas venezolanas. “He hecho de todo para ayudar a mi esposo”, explica.

Incluso antes había trabajado como mucama durante aproximadamente dos años en un hotel de Capital Federal, donde junto a su pareja estuvieron a cargo de distintas tareas. Hoy también cuenta con la ayuda de su hijo mayor, que ya tiene 20 años.

Pero el emprendimiento tiene para Daniela un significado que excede lo económico: “Surge porque me gusta. Es como una manera de entretenerme, de sentirme un poco más productiva y poder colaborar con la casa”.

El desafío de conseguir clientes

El problema no está en las ganas ni en las ideas. Está en lograr que más personas conozcan su trabajo: “De verdad me cuesta que me lleguen clientes. Cae uno que otro una vez cada tanto”.

Sin embargo, no pierde la confianza en lo que hace: “Me gustaría vender muchísimo más”.

Y explica por qué cree que sus productos pueden encontrar un lugar en el mercado: “Pienso y creo que las cosas que hago son cosas ricas, de calidad y, aparte, atractivas al ojo”.

Para Daniela, la presentación es fundamental. “El ojo atrae mucho, la vista atrae mucho”, sostiene.

La dificultad para encontrar clientes no consiguió frenarla: “Me ha costado bastante conseguir la cantidad de clientes que me gustaría, pero igual sigo persistiendo e insistiendo”.

Su última iniciativa nació después de investigar una idea que tenía dando vueltas desde comienzos de año. Se trata de las “delicias en tazas”: postres individuales pensados para regalar, compartir o simplemente darse un gusto.

“Era una idea que tenía desde principios de año rondándome la cabeza”, explica. Comenzó a investigar si existían emprendimientos similares y descubrió que una emprendedora de Córdoba ya trabajaba con ese formato. Entonces decidió probar.

El 25 de julio hizo la primera y decidió regalarla: “Llamó bastante la atención. Pensaban que era un helado por la decoración”. Desde entonces comenzaron a llegar pedidos pero quiere que todo tome otra velocidad.

Sus cuatro hijos son una de sus principales motivaciones

“Tengo tres motivaciones pequeñitas aquí, que son las que me impulsan y me motivan a querer que mi emprendimiento salga adelante”, cuenta sobre los más chicos.

Pero hay también una razón personal: “Nunca me ha gustado estar de manos cruzadas. Siempre he sido una mujer que se ha movilizado para también generar ingresos”.

Y agrega: “Es lo que me enseñaron mi mamá y mi abuela: a ser una guerrera, a luchar por la familia, a no quedarme de brazos cruzados esperando que todo caiga del cielo”.

“Me gustaría que él no tenga que salir, sino que desde casa trabajemos los dos juntos. Que él no tenga que ser un empleado, sino que nosotros seamos dueños de nuestro propio negocio”, subraya también.

Argentina, el lugar elegido para quedarse

Daniela ya no piensa en la Argentina como un destino transitorio. “Nuestra idea es quedarnos acá”, afirma.

La familia tiene incluso un objetivo concreto: comprar un terreno y seguir construyendo su futuro en el país.

De regresar a vivir a Venezuela, tendría que dar el país un giro de 180 grados en menos de cinco años, que no lo creo”, sostiene, y agrega: “Volveríamos para vacaciones, para que mis hijos conozcan”.

Mientras tanto, su historia continúa acá: la de una mujer que cruzó un continente embarazada, dejó atrás una vida conocida, empezó prácticamente desde cero y fue encontrando en la cocina una herramienta para reconstruirse.