Harald V conoció el exilio antes de aprender qué significaba ser rey. Nació el 21 de febrero de 1937 en Skaugum y tenía apenas tres años cuando la Alemania nazi invadió Noruega. Más de cinco décadas después ocuparía el trono y se convertiría en uno de los símbolos más reconocibles de la continuidad del país.
El monarca murió este [FECHA], a los 89 años, después de un reinado iniciado el 17 de enero de 1991. Su vida, sin embargo, estuvo ligada a la Corona desde mucho antes.

Harald fue el único hijo varón del entonces príncipe heredero Olav V y de Märtha de Suecia. Su nacimiento tuvo además una importancia constitucional: fue el primer príncipe nacido en territorio noruego en 567 años y, bajo las reglas sucesorias de aquel momento, garantizaba la continuidad de la dinastía.
La invasión alemana del 9 de abril de 1940 cambió su infancia. Märtha escapó con Harald y sus hermanas Ragnhild y Astrid hacia Suecia y posteriormente viajó con ellos a Estados Unidos, invitados por el presidente Franklin D. Roosevelt.
Harald pasó buena parte de la Segunda Guerra Mundial lejos de su país. Regresó a Oslo el 7 de junio de 1945, semanas después de la derrota nazi.

Estudió en la Academia Militar noruega y posteriormente cursó ciencias sociales, historia y economía en Oxford. Tras la muerte de su abuelo Haakon VII en 1957 se convirtió en príncipe heredero y comenzó a asumir cada vez más responsabilidades junto a su padre, Olav V.
Su vida privada terminó modificando las costumbres de la monarquía. Harald esperó nueve años para poder casarse con Sonja Haraldsen, una ciudadana sin origen aristocrático. La boda finalmente se celebró en 1968 y abrió un camino que décadas después seguirían otras familias reales europeas.
También desarrolló una enorme pasión por la vela. Representó a Noruega en los Juegos Olímpicos y fue abanderado de su país en Tokio 1964. Años después llegó a proclamarse campeón mundial junto a su tripulación.
Cuando Olav V enfermó en 1990, Harald asumió como regente. La muerte de su padre, el 17 de enero de 1991, lo convirtió automáticamente en rey.

Harald adoptó el lema familiar “Alt for Norge”, “Todo por Noruega”, y construyó un perfil marcado por la cercanía y la representación institucional.
Durante grandes tragedias nacionales, especialmente después de los atentados del 22 de julio de 2011, asumió el papel de expresar públicamente el duelo colectivo. Sus discursos también acompañaron los cambios sociales de una Noruega cada vez más diversa.
Incluso cuando su salud comenzó a limitar su agenda, descartó abdicar. Consideraba que el juramento realizado como rey era para toda la vida. Harald había escapado de Noruega siendo un niño perseguido por una ocupación extranjera. Terminó dedicando prácticamente toda su vida adulta a representar al mismo país al que había tenido que abandonar.