El 28 de agosto de 1996, un trámite judicial relativamente breve puso fin a uno de los matrimonios más observados del siglo XX. Carlos, entonces príncipe de Gales, y Diana quedaron oficialmente divorciados quince años y treinta días después de aquella boda en la catedral de San Pablo que había sido presentada como un cuento de hadas ante cientos de millones de espectadores.
Ninguno de los dos estuvo en el tribunal cuando se emitió el decreto definitivo. Carlos se encontraba en Balmoral y Diana cumplía un compromiso relacionado con el English National Ballet. La discreción del procedimiento contrastó con años de titulares, entrevistas y revelaciones que habían convertido la crisis matrimonial en un problema para la monarquía británica.
Carlos y Diana se casaron el 29 de julio de 1981. Tuvieron a William en 1982 y a Harry en 1984, pero las dificultades de la pareja terminaron ocupando cada vez más espacio público. En diciembre de 1992, el primer ministro John Major anunció ante el Parlamento que ambos habían decidido separarse.
La ruptura se volvió todavía más difícil de contener durante los años siguientes. En noviembre de 1995, Diana habló abiertamente en televisión sobre su infelicidad, las presiones de su posición y el deterioro del matrimonio. Poco después, Isabel II impulsó una resolución definitiva y las negociaciones desembocaron en el divorcio de 1996.

El acuerdo modificó de manera profunda la posición institucional de Diana. Dejó de utilizar el tratamiento de “Su Alteza Real”, aunque conservó el nombre de Diana, princesa de Gales, y siguió siendo considerada integrante de la familia real por su condición de madre de William, futuro heredero al trono.
También mantuvo sus apartamentos y su oficina en Kensington Palace. Carlos y Diana conservaron igual responsabilidad sobre la crianza de William y Harry, que entonces tenían 14 y 11 años. La princesa mantuvo además parte de sus funciones públicas y varias organizaciones benéficas bajo su patrocinio.

Los términos económicos nunca fueron divulgados oficialmente en su totalidad. En aquel momento, la prensa británica estimó un pago de entre 15 y 17 millones de libras y fondos adicionales para sostener su oficina.
El divorcio permitió a Diana construir una vida pública más independiente. Durante los meses siguientes concentró su actividad en causas humanitarias, entre ellas la lucha contra las minas antipersonales, y reforzó una popularidad que ya trascendía ampliamente a la institución monárquica.
Pero esa nueva etapa duró apenas un año. Diana murió el 31 de agosto de 1997, tres días después del primer aniversario de su divorcio, en un accidente automovilístico en París. Carlos se convirtió en rey en 2022, mientras William pasó a ocupar el título de príncipe de Gales que alguna vez habían llevado sus padres.