27/08/2026 - Edición Nº1297

Economía

Radiografía juvenil

Solo 1 de cada 7 jóvenes tiene empleo formal y 4 de cada 10 ya están en mora

27/08/2026 | La precariedad laboral golpea con mayor fuerza a los menores de 25 años. A las dificultades para conseguir trabajo se suman ingresos insuficientes y deudas.



Conseguir un trabajo, sostenerlo y lograr que el sueldo alcance para cubrir los gastos cotidianos se convirtió en una combinación cada vez más difícil para los jóvenes argentinos. Solo el 14,2% de quienes tienen entre 18 y 25 años cuenta actualmente con un empleo formal, mientras crecen las changas, los trabajos intermitentes y los períodos prolongados sin ocupación.

El dato surge de un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA), que muestra además una fuerte brecha según el nivel socioeconómico del hogar.

Pero el problema laboral tiene otra cara: el endeudamiento. Las dificultades para conseguir ingresos estables conviven con un elevado nivel de incumplimiento financiero. Entre los jóvenes, alrededor de 4 de cada 10 registran atrasos en sus deudas, un porcentaje considerablemente superior al observado en otros grupos etarios.

A eso se suma otro dato que refleja hasta qué punto se achicó el margen económico: según un relevamiento de Zentrix, el 85,5% de las personas de entre 18 y 39 años llega al día 20 del mes sin dinero disponible.

La falta de empleo formal empuja a miles de jóvenes a buscar oportunidades en un mercado laboral cada vez más precario

Solo el 14,2% de los jóvenes tiene un empleo formal

El informe de la UCA muestra que apenas una porción minoritaria de los jóvenes logra acceder a un puesto registrado.

En total, el 30,2% tiene un empleo considerado regular, pero dentro de ese universo un 16% trabaja bajo condiciones precarias. Como resultado, solo el 14,2% cuenta con una inserción formal.

Otro 22,5% se encuentra entre empleos irregulares y desempleo reciente. Allí aparecen las changas, los trabajos ocasionales y las actividades que se realizan de manera intermitente. Además, un 10,7% lleva más de seis meses desempleado.


Informe de la UCA

La inactividad representa el porcentaje más elevado: alcanza al 36,6% de los jóvenes de entre 18 y 25 años.

Sin embargo, los promedios esconden diferencias importantes. Entre los jóvenes provenientes de hogares del estrato medio alto, el empleo regular alcanza al 38,9%. En los sectores de menores recursos, esa proporción cae al 19,7%.

La relación se invierte cuando se observa la precariedad. El empleo irregular o desempleo reciente afecta al 11,6% de los jóvenes del estrato medio alto, pero escala hasta 30,6% en el nivel socioeconómico más bajo.

Lo mismo sucede con quienes llevan largos períodos buscando trabajo: el desempleo de más de seis meses pasa del 5,2% al 14,9% entre ambos extremos.

Trabajar, estudiar o intentar hacer las dos cosas

Las diferencias económicas también condicionan qué pueden hacer los jóvenes una vez terminada la escuela.

El 26,6% se dedica exclusivamente a estudiar, mientras que el 39,7% trabaja pero ya no continúa con su formación. Dentro de ese último grupo, el 22,9% tiene un empleo regular y el 16,8% trabaja de manera irregular.

Combinar ambas actividades parece ser todavía más difícil: solo el 13% consigue estudiar y trabajar simultáneamente.Pero nuevamente aparece una fuerte diferencia según el hogar de origen, entre los jóvenes del estrato medio alto, el 41,2% puede dedicarse exclusivamente a estudiar. En los hogares de menores ingresos, esa posibilidad se reduce al 15,6%.

En cambio, el porcentaje de quienes trabajan informalmente y abandonaron los estudios pasa de apenas 4,9% en el segmento de mayores recursos a 26,8% entre los más vulnerables.

“A medida que disminuyen los recursos del hogar, pierde peso el estudio y aumentan la inserción laboral irregular y la desvinculación”, explicó el ODSA.

Uno de cada cinco jóvenes no estudia ni trabaja, aunque la situación golpea con más fuerza a los hogares de menores ingresos

Preocupación por los Ni-Ni

Otro de los indicadores que muestra el informe es la cantidad de jóvenes que quedaron afuera tanto del sistema educativo como del mercado laboral.

El 20,7% no estudia ni trabaja, el grupo habitualmente denominado “Ni-Ni”. Pero nuevamente el nivel socioeconómico determina buena parte de la diferencia.

Entre los jóvenes pertenecientes al estrato muy bajo, el porcentaje llega al 34,2%, mientras que entre aquellos provenientes de hogares del segmento medio alto se reduce al 8,3%.

Es decir, la desvinculación laboral y educativa es más de cuatro veces superior entre los jóvenes de menores recursos.

El dato permite también matizar la idea de que quienes no estudian ni trabajan simplemente eligen mantenerse al margen: las posibilidades de estudiar, conseguir empleo y combinar ambas actividades cambian sustancialmente según los recursos disponibles en cada hogar.

Sin trabajo estable y con dificultades para pagar las deudas

El deterioro laboral empieza además a trasladarse a las finanzas personales.

Alrededor de 4 de cada 10 jóvenes se encuentran en situación de morosidad, es decir, presentan atrasos en el cumplimiento de alguna obligación financiera.

El problema adquiere otra dimensión al observar qué ocurre con los ingresos. Según Zentrix, el 85,5% de los jóvenes y adultos de entre 18 y 39 años ya no dispone de dinero cuando llega al día 20 del mes.Entre quienes tienen entre 40 y 59 años, el porcentaje también es elevado, pero baja al 60,6%.

La combinación termina formando un círculo difícil de romper: empleos informales o intermitentes generan ingresos inestables; los ingresos se terminan antes de fin de mes y el crédito aparece como una alternativa para cubrir gastos; cuando las cuotas dejan de poder afrontarse, llega la mora.

Los números muestran así que el problema de los jóvenes ya no pasa solamente por conseguir un trabajo, sino también por la calidad de ese empleo, la posibilidad de continuar estudiando y, una vez que consiguen generar ingresos, lograr que sean suficientes para llegar a fin de mes sin recurrir permanentemente al endeudamiento.