Nepal y China advirtieron el 27 de agosto que dos lagos formados por bloqueos de hielo, roca y escombros amenazan con romperse y provocar nuevas inundaciones en la frontera del Himalaya, apenas un día después de la riada que dejó al menos 362 muertos y cerca de 1.000 desaparecidos. La emergencia ya no se limita, por tanto, a rescatar víctimas del primer desastre: las autoridades trabajan ante la posibilidad de una segunda avenida de agua sobre los mismos valles.
El nuevo peligro es una consecuencia directa del colapso glaciar que desencadenó la catástrofe. La masa de hielo y roca descendió hacia los sistemas fluviales, desplazó enormes cantidades de sedimentos y creó barreras naturales capaces de represar los ríos temporalmente. Cuando esas presas improvisadas acumulan suficiente agua, su ruptura puede producir crecidas súbitas aguas abajo con escaso tiempo de reacción.
La autoridad de gestión de desastres de Nepal alertó que uno de esos lagos se está formando en la zona afectada porque los escombros bloquearon el cauce. El nivel del agua continúa aumentando y existe riesgo de que la barrera ceda, por lo que residentes, viajeros y equipos de rescate recibieron instrucciones de mantenerse lejos de las orillas y buscar terrenos elevados. Algunos socorristas ya comenzaron a abandonar sectores bajos.
El riesgo complica especialmente las operaciones en Rasuwa y los corredores que siguen el sistema del Bhote Koshi y otros afluentes fronterizos. Las fuerzas desplegadas para localizar desaparecidos deben trabajar entre terrenos inestables, puentes destruidos y carreteras cubiertas por barro, mientras una nueva crecida podría recorrer el mismo eje por el que avanzó la primera inundación. La prioridad pasó de entrar rápidamente a la zona a rescatar sin exponer a los propios equipos a otra avalancha de agua.

Del lado chino, la amenaza tiene una dimensión cuantificable. El Ministerio de Recursos Hídricos estima que unos tres millones de metros cúbicos de agua ingresarán durante tres días a otro lago represado, un volumen equivalente aproximadamente a 1.200 piscinas olímpicas. Las autoridades chinas esperan que el flujo alcance uno de sus máximos alrededor del 1 de septiembre y advierten que las lluvias previstas pueden aumentar todavía más la presión sobre la barrera.

La nueva alerta muestra por qué el desastre del Himalaya todavía no puede considerarse cerrado. El colapso glaciar modificó físicamente cauces y laderas a ambos lados de la frontera, dejando depósitos capaces de retener agua incluso después de la primera riada. Nepal y China enfrentan ahora una emergencia encadenada: rescatar a quienes siguen desaparecidos, vigilar los lagos recién formados y evacuar rápidamente si alguno de esos diques naturales empieza a romperse.