Rasuwa se convirtió en el núcleo de una de las mayores operaciones de búsqueda recientes en Nepal después de que una masa de hielo, roca y barro desencadenara una inundación capaz de arrasar pueblos completos cerca de la frontera con el Tíbet. Equipos de rescate continuaron el 27 de agosto buscando a cientos de desaparecidos entre viviendas enterradas, vehículos cubiertos de sedimentos y carreteras cortadas.
Una evaluación inicial realizada con imágenes satelitales de Planet Labs situó el origen aproximadamente 20 kilómetros al noreste del paso fronterizo de Rasuwagadhi, donde un deslizamiento de hielo y roca provocó una corriente cargada de escombros hacia el río Lhende. La avenida descendió después por el sistema fluvial y golpeó localidades montañosas donde la geografía dejó pocas vías para escapar.
El rescate está condicionado por la propia topografía de Rasuwa, un distrito montañoso de alrededor de 50.000 habitantes. Los helicópteros tuvieron dificultades para aterrizar en Syapru Besi y Timure porque el río seguía por encima de su cauce normal, mientras caminos y superficies aptas para operaciones aéreas habían quedado dañados o cubiertos por sedimentos.
La destrucción de infraestructura empeoró el aislamiento. Puentes metálicos fueron arrastrados, tramos de carretera desaparecieron y las instalaciones hidroeléctricas afectadas dejaron sectores sin electricidad. Policías llegaron a registrar nombres de desaparecidos utilizando las luces de sus teléfonos móviles. La pérdida simultánea de energía, caminos y telecomunicaciones convirtió la búsqueda en un problema logístico además de humanitario.

El desastre alcanzó además una zona frecuentada por excursionistas, viajeros y peregrinos. Funcionarios del Ministerio de Turismo indicaron inicialmente que alrededor de 340 extranjeros figuraban entre más de 400 turistas desaparecidos, una cifra que obligó al Ministerio de Relaciones Exteriores a crear un centro especial para coordinar información, asistencia consular y verificación de personas afectadas.
La magnitud final continúa cambiando a medida que los equipos consiguen entrar en poblaciones que permanecieron incomunicadas. Para Rasuwa, el desafío no consiste solamente en recuperar cuerpos o localizar supervivientes: es reconstruir accesos suficientes para alcanzar comunidades de montaña antes de que nuevos deslizamientos o crecidas vuelvan a cortar los corredores de rescate. Esa vulnerabilidad geográfica explica por qué el número definitivo de víctimas puede tardar días en estabilizarse.