29/08/2026 - Edición Nº1299

Policiales

A 31 años de un debate histórico

Caso Barreda: cómo fue el juicio que terminó con una perpetua que no se cumplió

29/08/2026 | El estreno de la película vuelve a poner bajo la lupa uno de los casos criminales más impactantes del país.



Ricardo Barreda ya había reconocido que había matado a su mujer, sus dos hijas y su suegra cuando se sentó frente a los jueces. Por eso, el juicio que comenzó en la ciudad La Plata no tenía como principal incógnita quién había disparado la escopeta. La pregunta que podía cambiarlo todo era otra: ¿el odontólogo comprendía lo que estaba haciendo cuando asesinó a toda su familia el 15 de noviembre de 1992?

La respuesta determinaría si Barreda terminaba condenado a perpetua o era declarado inimputable y enviado a una institución psiquiátrica. Esa cuestión atravesó el proceso y convirtió el debate oral en una verdadera batalla entre psicólogos y psiquiatras. 

Más de tres décadas después, el estreno este viernes de Barreda, la película dirigida por Daniela Goggi y protagonizada por Luis Machín, vuelve sobre el cuádruple femicidio. La producción reconstruye el caso desde una perspectiva que busca recuperar la historia de las cuatro víctimas: Gladys McDonald, Elena Arreche y Adriana y Cecilia Barreda.

Pero una parte fundamental de aquella historia ocurrió lejos de la casona de la calle 48 entre 11 y 12. Fue en los tribunales platenses, donde en agosto de 1995 se discutió qué había ocurrido en la mente de Barreda al momento de los asesinatos.

Una confesión y una estrategia

Barreda había dado tres declaraciones indagatorias en las que terminó admitiendo su responsabilidad. La confesión desplazó buena parte de la discusión probatoria hacia su estado mental.

Su versión intentaba explicar los asesinatos a partir de años de supuestas humillaciones y maltratos dentro de la casa. Durante el debate sostuvo que había sufrido un proceso de degradación por parte de las mujeres de su familia. Y hubo una frase que lo marcó a fuego: "Me decían Conchita". 

La defensa buscó demostrar que ese contexto había provocado una alteración psíquica de tal magnitud que, al momento de los disparos, Barreda no había podido comprender la criminalidad de sus actos. Si los jueces aceptaban esa posición, no podía ser condenado.

La estrategia encontró respaldo en algunos de los especialistas que participaron del expediente. Otros peritos, sin embargo, llegaron a una conclusión completamente diferente.

El comportamiento del odontólogo después de los asesinatos también se convirtió en una pieza clave para determinar su estado mental. Tras matar a las cuatro mujeres, Barreda abandonó la casa. Se desprendió de la escopeta y, horas después, regresó al domicilio. Entonces intentó instalar una historia distinta: llamó a la Policía y aseguró que al volver había encontrado los cuerpos y que la vivienda había sido asaltada.

Las contradicciones de aquella versión terminaron rápidamente por colocarlo bajo sospecha hasta que finalmente confesó.

Para quienes sostenían que era imputable, esa conducta posterior mostraba que había comprendido perfectamente la gravedad de lo que había hecho: había intentado ocultarlo y construir una explicación alternativa.

La batalla de los peritos

El fiscal Héctor Vogliolo rechazó la hipótesis de la inimputabilidad. “No hay en el acusado alteración morbosa de las facultades mentales que le haya impedido comprender la criminalidad de sus acciones”, sostuvo durante su alegato.

La acusación fue todavía más lejos. Para el fiscal, los asesinatos no habían sido producto de una reacción desconectada de la realidad. Consideró que Barreda había actuado sobre seguro y había elegido un domingo, cuando sabía que las cuatro mujeres se encontrarían en la vivienda. Pidió que fuera condenado a perpetua.

La defensa insistió con los informes que sostenían la existencia de un cuadro psiquiátrico capaz de afectar su capacidad de comprensión. La decisión quedó entonces en manos de los tres integrantes del tribunal: Eduardo Hortel, Pedro Luis Soria y María Cecilia Rosenstock.

Y ni siquiera ellos estuvieron de acuerdo.

Un fallo dividido

El 14 de agosto de 1995 llegó el veredicto. Hortel y Soria consideraron que Barreda era imputable. Rosenstock -la única mujer que integraba el tribunal- sostuvo la posición contraria: para la magistrada, el odontólogo debía ser considerado inimputable porque al momento de los asesinatos no había comprendido la criminalidad de sus actos.

La mayoría decidió. Y Barreda fue condenado a reclusión perpetua por los homicidios de las cuatro mujeres, con la calificación agravada correspondiente a los vínculos familiares en tres de los casos.

La discusión, sin embargo, no terminó con aquella sentencia. La defensa continuó durante años cuestionando la valoración que los jueces habían realizado de las pericias psiquiátricas. Sus abogados argumentaron que existía un “absurdo” en la forma en que el tribunal había evaluado esos informes y volvieron a reclamar que fuera declarado inimputable.

También buscaron, subsidiariamente, una reducción de la pena.

El Tribunal de Casación bonaerense rechazó esos planteos. Entre los argumentos utilizados para ratificar la responsabilidad penal volvió a aparecer el comportamiento de Barreda después de los asesinatos.

Los jueces entendieron que sus actos posteriores, su interacción cotidiana con otras personas y sus intentos por desviar la investigación eran incompatibles con la idea de que hubiera estado completamente desconectado de la realidad.

En 2006, la Suprema Corte bonaerense terminó de cerrar aquella discusión al rechazar otro recurso de la defensa y confirmar la reclusión perpetua.

De la perpetua a la libertad

La condena no significó que Barreda permaneciera el resto de su vida dentro de una cárcel. Había sido detenido el 16 de noviembre de 1992 y pasó buena parte de los años siguientes alojado en la Unidad Penal N°9 de La Plata. Con el tiempo comenzaron los planteos para modificar las condiciones de detención y obtener beneficios.

Barreda obtuvo la libertad condicional en marzo de 2011. Pasó sólo 16 años en la cárcel. 

La aplicación del cómputo conocido como “2x1” fue determinante para recalcular el tiempo de pena cumplido. Después llegaron el arresto domiciliario y nuevas discusiones judiciales hasta que en marzo de 2011 obtuvo la libertad condicional.

Para entonces habían pasado más de 18 años desde los asesinatos. Barreda murió el 25 de mayo de 2020, a los 83 años, en un geriátrico de José C. Paz.