30/08/2026 - Edición Nº1300

Policiales

Una eterna disputa

Qué pasó con la casona de La Plata donde Barreda masacró a su familia

30/08/2026 | La propiedad de la calle 48  permaneció abandonada durante décadas y acumulando deudas. Fue expropiada para darle un nuevo destino y hasta sufrió un incendio. 



La puerta se cerró detrás de una escena dantesca que marcaría para siempre la historia criminal de la ciudad de La Plata. Y del país. Allí quedaron olvidados el viejo Ford Falcon que tenía Barreda, sus libros, el sillón dental de su consultorio y todos los recuerdos de una familia que desapareció cuando el odontólogo tomó la escopeta sarrasqueta y disparó contra las cuatro mujeres que vivían con él.  

La imponente casona de dos plantas de 48 entre 11 y 12, a pocas cuadras de Plaza Moreno, se fue deteriorando con el paso del tiempo hasta convertirse en un verdadero problema para los vecinos.

Nadie más volvió a vivir allí. Ya pasaron tres décadas de los asesinatos de Gladys McDonald, Elena Arreche, Adriana y Cecilia Barreda, y la propiedad permanece cerrada cargando con una historia judicial pesada.

El mural en la ventana de la casona: Gladys McDonald y Elena Arreche (arriba); Adriana y Cecilia Barreda (abajo).  

El estreno de Barreda, la película protagonizada por Luis Machín, vuelve ahora a poner el foco sobre aquel escenario. Como el asesino siempre vuelve al lugar de los hechos, Barreda nunca ocultó su deseo de rehacer su vida allí. De volver el tiempo atrás. 

Indigno

Durante los años posteriores a su condena, la propiedad quedó atrapada en una sucesión extremadamente compleja. Había una razón concreta: Barreda había asesinado a quienes, de una u otra manera, integraban la cadena hereditaria de los bienes familiares.

La Justicia terminó declarándolo indigno para heredar a las personas que había matado, pero eso no resolvió automáticamente qué debía ocurrir con la parte del patrimonio que ya le pertenecía ni quiénes sucederían a las víctimas.

La discusión se prolongó durante décadas. Y es más: todavía sigue

Hasta su muerte, Barreda siempre se mostró interesado en recuperar ese inmueble. Fuera de prisión llegó a transmitir a personas de su entorno su intención de recuperarla, volver a utilizar su viejo Ford Falcon e incluso retomar su actividad como odontólogo.

La casa se había convertido además en un lugar de intervención pública. Organizaciones feministas realizaron actividades y manifestaciones frente a su fachada y comenzó a tomar fuerza una propuesta: transformar el escenario de los cuatro femicidios en un espacio dedicado a prevenir y asistir a víctimas de violencia de género.

Del horror a un espacio contra la violencia

En 2012, cuando se cumplieron veinte años de los femicidios, avanzó en la Legislatura bonaerense la iniciativa para expropiar el inmueble. El objetivo era resignificarlo: que una casa asociada a uno de los casos más emblemáticos de violencia contra las mujeres se convirtiera en un espacio destinado justamente a combatirla.

La expropiación fue aprobada y el inmueble quedó alcanzado por la declaración de utilidad pública.

Barreda se opuso y litigó por la propiedad y por la compensación que entendía que le correspondía. Murió en 2020 sin haber conseguido recuperar la casa.

El estado de abandono del consultorio de Barreda después de varios años cerrado. 

Para entonces el edificio mostraba las consecuencias de décadas prácticamente sin mantenimiento. En 2018, un equipo periodístico pudo ingresar con autorización judicial. Las imágenes mostraron una suerte de cápsula del tiempo deteriorada: objetos domésticos, muebles y pertenencias todavía estaban dentro de la vivienda, mezclados con polvo, humedad y escombros.

La situación patrimonial tampoco estaba saneada. En 2020 se conoció que la casona acumulaba casi 520 mil pesos de deuda entre el impuesto inmobiliario provincial y tasas municipales, una cifra correspondiente a valores de aquel momento.

Un año después, el Ministerio de la Mujer de Buenos Aires anunció la cesión del inmueble a la Municipalidad de La Plata con la intención de avanzar finalmente en su recuperación y destinarlo a políticas vinculadas con los derechos de las mujeres.

Sin embargo, los conflictos judiciales alrededor de la sucesión y la indemnización volvieron a interponerse.

Fuego y pánico

El 15 de abril de 2022, los vecinos volvieron a mirar hacia la vieja casona. No eran fantasmas: esta vez salía humo.

Un principio de incendio obligó a desplegar un operativo policial y de bomberos en la propiedad. El fuego afectó parte del inmueble y volvió a exponer públicamente el estado en el que se encontraba una casa sobre cuyo futuro se discutía desde hacía años.

Para entonces habían pasado casi tres décadas desde los crímenes.

Y la paradoja resultaba evidente: existía una ley para darle un destino público, había un proyecto para convertirla en un espacio contra la violencia de género y se había anunciado su traspaso, pero la casona seguía igual que siempre y deteriorándose mientras la discusión patrimonial continuaba en los tribunales.

Una herencia que siguió después de su muerte

La muerte de Barreda tampoco terminó con el expediente. En febrero de 2025 hubo una nueva resolución. El Juzgado Civil y Comercial N°17 de La Plata avanzó sobre la sucesión y determinó quiénes debían ser considerados herederos legítimos: familiares descendientes de la línea de Elena Arreche, la suegra asesinada por Barreda.

Al mismo tiempo, la Justicia declaró abandonados los bienes muebles que permanecían dentro de la casona. La decisión abrió la posibilidad de que el Estado dispusiera finalmente de esos objetos, algunos de los cuales llevaban más de treinta años ligados al expediente.

Entre los bienes que atravesaron la interminable sucesión también quedaron dos automóviles asociados a Barreda: un DKW y el famoso Ford Falcon verde.

Los herederos reclamaron una indemnización por la expropiación calculada sobre el valor de mercado del inmueble, que fue estimado en alrededor de 350 mil dólares, y no sobre su valuación fiscal. El planteo prolongó una disputa que Barreda había iniciado cuando todavía estaba vivo.

Así, la propiedad que el odontólogo quiso recuperar terminó recorriendo un camino exactamente opuesto al que pretendía.