En una medida que busca transformar la convivencia y los hábitos dentro del aula, el Ministerio de Educación porteño formalizó el “Marco general para la cultura del cuidado en establecimientos educativos”. A partir de esta normativa, que abarca a escuelas públicas y privadas de todos los niveles, tanto estudiantes como docentes deberán asegurar que las aulas y los espacios comunes queden ordenados y limpios al finalizar cada jornada.
El protocolo fundamenta que la responsabilidad del entorno debe ser compartida. Mientras que los alumnos tendrán a su cargo el resguardo de patios, comedores, baños y mobiliario, el cuerpo docente acompañará el proceso de aprendizaje de estos hábitos y los directivos coordinarán la aplicación. “En muchos sistemas educativos del mundo, el cuidado del espacio es tarea de toda la comunidad”, señaló la ministra Mercedes Miguel, quien destacó la intención de unificar criterios frente al progresivo abandono de estas prácticas a medida que los chicos avanzan hacia el nivel secundario.

Para operativizar el cambio, las instituciones implementarán dinámicas como los “Embajadores del cuidado” —cargos rotativos por curso para auditar áreas— y los “Últimos minutos para el cuidado del espacio”, un tiempo reservado al cierre del día para ordenar el mobiliario. Asimismo, el plan incorpora una fuerte impronta ambiental mediante la separación obligatoria de residuos orgánicos e inorgánicos, la creación de Comités Ambientales escolares y el impulso de compostajes y huertas.
Un aspecto central del documento aborda el deterioro edilicio y las conductas de vandalismo. Apoyado en un relevamiento junto a la Universidad de San Andrés, el Gobierno porteño determinó que el cuidado del entorno aumenta en ambientes donde prima el respeto mutuo. Por ello, ante roturas intencionales o pintadas, la indicación oficial es evitar las soluciones ajenas e involucrar directamente a los estudiantes en jornadas comunales de reparación y concientización.