29/08/2026 - Edición Nº1299

Opinión


Poder, política y Tech

Los Gandalf grises y la crisis de los partidos en tiempos de poder tecnológico

29/08/2026 | De Tolkien y Peter Thiel a un escrache en Barrio Parque: una historia sobre poder, tecnología y nuevas formas de organización política.



El lunes 17 de agosto, feriado y nublado, una treintena de personas con túnicas grises, barbas postizas y sombreros puntiagudos caminó veinte cuadras hasta una casona de Barrio Parque. Desplegaron una bandera con la frase que Gandalf le grita al Balrog en las minas de Moria, "You shall not pass", y debajo una segunda línea que en Moria no aparece. La casa la compró Peter Thiel por unos doce millones de dólares. El video le dio la vuelta al mundo antes de que terminara el feriado.

El disfraz no fue una ocurrencia. Para entender de dónde sale hay que empezar bastante lejos de Palermo Chico.

La primera traducción completa en Italia de El Señor de los Anillos apareció en 1970 con el sello Rusconi, después de un intento fallido en 1967 que vendió unos cientos de ejemplares y quedó trunco. El que le señaló la obra al director editorial fue Elémire Zolla, especialista en historia de las religiónes y en esoterismo, que además escribió el prólogo de esa primera legendaria edición. Un prólogo largo, tradicionalista, que ordenaba la novela como una antítesis entre mundo antiguo y mundo moderno, entre comunidad enraizada e invasión. Para los cuadros jóvenes del Movimento Sociale Italiano, el partido que en 1946 habían fundado los veteranos del fascismo, aquello fue un hallazgo. Venían de treinta años de aislamiento cultural, con un lenguaje que ya no le hablaba a nadie menor de cuarenta, y Tolkien les ofrecía una épica sin saludo romano ni camisas negras.

De ahí salieron los Campi Hobbit. El primero, en el campo deportivo de Montesarchio, en junio de 1977, lo promovieron dirigentes del Fronte della Gioventù del ala rautiana. Hubo carpas, radios libres, debates sobre desocupación, ecología y condición de la mujer, temas que el partido no tocaba. Tocaron los Amici del Vento y la Compagnia dell'Anello. También intentaron armar una cruz celta humana, que es el detalle que suele quedar afuera del relato nostálgico. A partir de ese, se hicieron cuatro campos hasta 1981. La revista femenina del área se llamó Eowyn, por la mujer que desobedece, se va a la guerra y mata al Rey Brujo de Angmar.

Éowyn, la mujer que desobedece, va a la guerra y mata al Rey Brujo de Angmar, una figura que también fue apropiada como símbolo político.

En enero del 77 nace una tal Giorgia Meloni, cinco meses antes de Montesarchio. Giorgia llegó una generación tarde, al revival Hobbit 93, donde cantó con la Compagnia dell'Anello y su militancia adolescente quedó teñida de Tierra Media. Apodos tomados del libro, visitas a colegios disfrazada para captar chicos, reuniones convocadas al toque del cuerno de Boromir. En su autobiografía elige a Sam como su personaje favorito, el hobbit común sin el cual Frodo no habría llegado. Lo curioso es que la derecha juvenil italiana, para el año 98, repitió el gesto, pero esta vez eligio La historia sin Fin de Michael Ende, cuando bautizaron como “Atreyu” a su fiesta anual. Lo que había sido un gesto espontáneo dada a la providencia de la industria editorial italiana y el talento de Elémire Zolla, pasó a ser una metodología política con cálculo incluido.

De la Tierra Media a Sillicon Valley

En la Silicon Valley del auge de la ilustración oscura, el fenómeno es más nuevo y bastante menos orgánico. Peter Thiel fundó Palantir en 2003 en Palo Alto y años después recibió inversión de In-Q-Tel, el fondo de capital de riesgo de la CIA. Las oficinas de Palo Alto se conocieron internamente como La Comarca, y a otras sedes la prensa les atribuyó nombres como Gondor y Rivendel. La lista sigue con Valar Ventures y Mithril Capital, con Lembas LLC y Rivendell One como sociedades de cartera, con Narya Capital, el fondo que J.D. Vance armó antes de su carrera pública y que lleva el nombre exacto del anillo de Gandalf. Anduril, la empresa de armas autónomas de Palmer Luckey, se llama como la espada de Aragorn reforjada con los fragmentos de Narsil. Erebor, el banco digital para startups, contratistas de defensa y cripto que Thiel y Luckey lanzaron para ocupar el vacío del Silicon Valley Bank, se llama como la montaña donde se acumula el oro que enferma a Thorin.

Palantir, la compañía de análisis de datos fundada por Peter Thiel, tomó su nombre de las piedras videntes del universo creado por J. R. R. Tolkien.

Lo primero que llama la atención es que todos son objetos provenientes de la Tierra Media y, sin embargo, no hay ningún nombre propio. Nadie fundó “Faramir Capital”, que sería el nombre del que tiene el Anillo al alcance de la mano y elige no tocarlo. Nadie llamó a su fondo Sam, ni a su banco Bombadil. Todos eligieron artefactos de poder, uno por uno, y ni una sola vez el nombre de alguien que se abstiene a hacer uso del poder mágico. Es una hermenéutica tan constante que ya no parece azar.

Con la piedra vidente (Palantir) el asunto es todavía más incómodo, porque en el libro hay un usuario corrompido y hay uno que no se niega a hacer uso. Saruman era el jefe del Concilio Blanco y el más sabio de los cinco magos enviados a la Tierra Media. Encuentra la palantír de Orthanc y empieza a mirar. Cree que está recolectando información sobre el enemigo, pero lo que ocurre es que en Barad-dûr hay otra piedra, y del otro lado alguien elige qué mostrarle exactamente. Cuando Bárbol lo describe dice que tiene una mente de metal y ruedas y que no le importan las cosas que crecen. Taló el bosque para alimentar los hornos de Isengard, crió ejércitos, se declaró hombre de la nueva era. Su nombre en inglés antiguo significa, más o menos, hombre de artificio.

Gandalf, cuando Pippin espía la piedra de noche y él se la saca de las manos, la envuelve y no la mira. Después llega a admitir que estuvo tentado y, más adelante, se la entrega a Aragorn, que sí la usa y le arranca el control a Sauron, porque a él le pertenece por derecho de linaje. La abstención no era incapacidad. Era una idea muy precisa sobre quién puede mirar sin ser mirado. Y está Denethor, que es el caso decisivo. La palantír nunca le mintió. Le mostró cosas verdaderas, cuidadosamente seleccionadas, entre ellas la flota negra que subía por el Anduin, y le ocultó que en esos barcos venía Aragorn. Con información enteramente cierta lo llevó a la desesperación y a prenderse fuego en su propia tumba. Pensando así, parece extraño nombrar a la compañía de análisis de datos con el nombre del aparato que no miente y, aún así, destruye a quien lo consulta.

Argentina

La inversión que motivó el escrache se conoció el 14 de agosto, en el formulario 13F que Thiel Macro LLC presentó ante la SEC con las posiciones al cierre del segundo trimestre. El fondo declaró 1.189.792 ADS de Vista Energy por unos 76 millones de dólares, cerca del 1% de la petrolera que conduce Miguel Galuccio. Ese 1% dice poco. Lo que dice mucho es el resto de la planilla. La cartera declarada son ocho empresas por unos 418,7 millones de dólares. Vista quedó segunda, detrás de Amazon, y es la única compañía no estadounidense de la lista. Las demás son eléctricas. Vistra, American Electric Power, DTE Energy, FirstEnergy, CMS Energy y X-energy, que desarrolla reactores modulares.

Peter Thiel no parece interesado solo en adquirir inmuebles porteños, parece estar comprando la generación que va a alimentar los centros de datos de la próxima década, y Vaca Muerta entra en esa cuenta como insumo. La inteligencia artificial se procesa en otro hemisferio, pero los hidrocarburos van a tener que salir de Neuquén.

Miguel Galuccio, fundador y CEO de Vista Energy. Thiel Macro declaró una posición de unos USD 76 millones en la petrolera, cerca del 1% de la compañía.

Quiénes eran los magos

Desde que existen los partidos políticos se habla de su crisis. Podríamos decir que, pese a que la reforma del 94 les dio rango constitucional y exclusividad de la representación, hace rato que no tienen el monopolio de la acción política. Los think tanks y las fundaciones influyen en la agenda con más eficacia que muchos comités. Fundación Mediterránea, CIPPEC, CARI, CLACSO, Fundación Libertad, Pensar. En el caso de los tecnorricos, esa función la cumplen directamente sus empresas.

Los Gandalf del sur pertenecen a una organización que se llama Yihad contra las Corporaciones de la Distracción, reconstruida esta semana por Flavio Rapisardi en Revista Anfibia y antes por Ignacio Sala en Clarín. Son alrededor de treinta personas que rondan los treinta años, con trayectorias políticas dispares, algunas orgánicas y otras sin militancia previa. No tienen Instagram, ni X, ni Facebook. Tienen un Substack con ciento treinta suscriptores. Tomaron el término yihad del mundo de Ciencia Ficción, Dune, y apelan a una cruzada sagrada contra los algoritmos. La convocatoria al escrache circuló por correo electrónico, con horario, punto de encuentro, vestuario y cancionero. Los trajes los cosieron ellos, en las reuniones de los lunes, con tela, aguja, pegamento y alambre. Esas reuniones empiezan con quince minutos de aburrimiento colectivo y protocolar. Está prohibido hablar, leer, usar el teléfono, tomar mate o levantarse. Recién después se discute y se planifica. Organizan slams de discurso político donde los oradores leen bajo seudónimo y se vota el mejor discurso, no la mejor persona. Su primera acción conocida fue una campaña de afiches en Villa Crespo, Almagro y Chacarita a comienzos de 2025, con textos que no podría reproducir acá completos y un código QR. Ofrecen, gratis, sacarle el sitio web a cualquier organización que hoy exista solamente adentro de Meta.

Tal vez lo verdaderamente interesante no esté en la ocurrencia del disfraz ni en la eficacia de haber fabricado un hecho político que dio la vuelta al mundo. Está en el planteo de recuperar la soberanía sobre nuestra propia mente y, sobre todo, en la disciplina que eso les exige puertas adentro. Para entrar a uno de sus encuentros hay que inscribirse, esperar un mail con la dirección y una clave, llegar a horario y quedarse afuera si llegaste tarde. Adentro arrancan quince minutos de aburrimiento obligatorio, sin teléfono, sin mate y sin levantarse de la silla. Después hay que caminar dos kilómetros con el cuerpo, a paso marcado por un silbato. Contra una economía que necesita que el acceso sea infinito, instantáneo y gratuito, ellos administran escasez de acceso. Reponen algo que las plataformas eliminaron sin que nadie lo discutiera, que es la diferencia entre estar adentro y estar afuera. A veinte cuadras de ahí, la casona de Barrio Parque es la avanzada local de un proyecto que promete lo inverso, un mundo sin espera, sin fricción y sin límite, donde hasta la muerte figura como un problema de ingeniería todavía sin resolver. Treinta personas sin local, sin financiamiento y sin cargo en disputa consiguieron, con tela, aguja y una casilla de correo, lo que no consigue buena parte del aparato que sí tiene las tres cosas, y lo consiguieron porque empezaron por darse reglas. Eso hicieron siempre las organizaciones políticas cuando servían para algo. Esa parte del oficio se había perdido bastante antes que las ideas.