Haití recibió casi 200.000 personas retornadas por la fuerza durante los primeros ocho meses de 2026, justo cuando cerca de 1,5 millones de habitantes permanecen desplazados dentro del propio país por la violencia. La combinación de ambos movimientos está creando una presión inédita: miles de haitianos son enviados de regreso a comunidades que ya enfrentan inseguridad, escasez de servicios y presencia de grupos armados.
La ONU informó ante el Consejo de Seguridad que los retornos forzosos aumentaron alrededor de 10% respecto del mismo período del año pasado. Muchos llegan sin dinero, documentos ni redes familiares capaces de recibirlos. Entre los grupos con mayores necesidades aparecen mujeres embarazadas o lactantes, sobrevivientes de violencia sexual, personas con discapacidad y niños que regresan solos o separados de sus familias.
Los datos de la Organización Internacional para las Migraciones muestran que la tendencia ya venía acelerándose. Solo entre enero y junio fueron retornadas 141.720 personas, 11% más que durante el primer semestre de 2025. Junio marcó el máximo mensual del año con 26.568 retornos, mientras los pasos fronterizos de Ouanaminthe y Malpasse registraron fuertes incrementos frente al año anterior.
El contexto dentro de Haití hace que el fenómeno tenga una dimensión distinta a una deportación convencional. La OIM calcula que aproximadamente 1,47 millones de personas siguen desplazadas internamente, mientras la violencia se extiende desde Puerto Príncipe hacia departamentos que anteriormente eran considerados relativamente seguros. Para algunos deportados, volver significa llegar a zonas controladas o disputadas por grupos armados y sin posibilidad inmediata de regresar a sus antiguos barrios.

La presión migratoria coincide además con una nueva escalada de violencia. La ONU documentó 1.408 personas asesinadas y 656 heridas entre abril y junio de 2026, mientras las bandas continuaron ampliando su presencia fuera de la capital. En Kenscoff, en las colinas que dominan Puerto Príncipe, un ataque ocurrido entre el 23 y el 24 de agosto dejó al menos 47 muertos, incluidos cinco niños, además de secuestros y nuevos desplazamientos.

El dato de los casi 200.000 retornados expone así una de las contradicciones más graves de la crisis haitiana: mientras decenas de miles de personas intentan escapar de la violencia dentro del país, otras son devueltas desde el exterior hacia ese mismo escenario. En 2025 ya habían sido retornados más de 270.000 haitianos y, según los registros de Naciones Unidas, la República Dominicana ha concentrado históricamente la enorme mayoría de esos movimientos.