La Fiscalía de Taoyuan allanó dos instalaciones de Unimicron Technology, uno de los principales fabricantes taiwaneses de placas de circuito impreso y sustratos avanzados, por sospechas de que productos fabricados en China fueron enviados a Taiwán y posteriormente etiquetados como de origen taiwanés. El caso coloca bajo investigación una práctica conocida como “lavado de origen”, cada vez más sensible por la guerra comercial entre Estados Unidos y China.
Los investigadores interrogaron a ejecutivos y empleados de la compañía. La Fiscalía informó que un gerente general de la división de PCB quedó en libertad bajo una fianza de NT$15 millones, unos USD 474.000, mientras otros cuatro ejecutivos pagaron garantías menores. Las autoridades investigan posibles delitos relacionados con falsificación documental y etiquetado falso del país de fabricación. Unimicron aseguró que colaborará con la investigación.
La relevancia del caso está en los mercados a los que pueden terminar llegando esos componentes. Taiwán está reforzando sus controles contra empresas que introducen mercancía fabricada en China y modifican posteriormente su origen para aprovechar tarifas o condiciones comerciales más favorables. Esa práctica puede adquirir especial importancia cuando el destino final es Estados Unidos, donde los productos chinos soportan mayores barreras comerciales.
La Casa Blanca calculó este mes que Estados Unidos pierde entre USD 19.000 millones y USD 26.000 millones al año en ingresos arancelarios por bienes, mayoritariamente procedentes de China, que pasan por terceros países para evitar los gravámenes estadounidenses. La investigación taiwanesa aparece así dentro de un problema comercial mucho más amplio que Washington intenta cerrar.

Unimicron no fabrica un producto marginal. La compañía es uno de los grandes proveedores mundiales de sustratos ABF, componentes utilizados en el encapsulado de semiconductores avanzados destinados a inteligencia artificial, computación de alto rendimiento y teléfonos inteligentes. Su propio informe anual muestra además una extensa infraestructura industrial vinculada al negocio de PCB y sustratos.
El caso puede transformarse en una prueba importante para la estrategia de Taiwán de proteger la credibilidad de la etiqueta “Made in Taiwan” en plena fragmentación de las cadenas tecnológicas entre China y Occidente. La Fiscalía todavía no ha determinado el alcance total del presunto esquema y las acusaciones permanecen bajo investigación, pero el allanamiento a uno de los fabricantes más relevantes del sector eleva el problema del “lavado de origen” desde el comercio convencional hasta la cadena mundial de semiconductores.