En el fútbol argentino es habitual ver festejos de gol dedicados a esposas, amantes, hijos y remeras con inscripciones de lo más variado. Ahora en la Primera B Metropolitana, el delantero Ivo Kestler de Arsenal de Sarandí protagonizó una escena que dio que hablar en las redes sociales.
El futbolista del Viaducto se tapó el ojo derecho después de marcar ante Ituzaingó, en homenaje a Tatú, un gato que vivía en el predio del club y que había muerto una semana antes.
Tatú era el gato residente de las instalaciones del club del Viaducto. Kestler lo llamaba cariñosamente "Tito, por Tuertito" —tenía problemas en un ojo—. La relación entre el delantero y el felino era estrecha: lo acariciaba cada vez que llegaba a entrenar y cada vez que se iba.
El día anterior a su muerte, incluso, Kestler lo había llevado al vestuario y el gato pasó toda la mañana en su regazo.
Cuando se enteró de la muerte del gato, Kestler estaba en su casa con su novia. "Nos pusimos re mal porque ella también lo conocía, siempre iba a la cancha y le gustan mucho los gatos. Entonces dije que si hacía un gol iba a festejar con el ojo tapado por el Tuertito" aseguró a Infobae.
La oportunidad llegó una semana después. A los 14 minutos del partido ante Ituzaingó, Matías Sosa metió un centro desde la derecha y Kestler apareció entre los dos centrales para conectar de cabeza.

Cuando la pelota entró al fondo de la red, el delantero levantó la mano derecha y se tapó el ojo. Los que sabían la historia entendieron. Los que no, la preguntaron después.
El tanto tuvo triple valor: fue el primero de Kestler en tres meses, cortó una racha personal complicada y sirvió para que Arsenal ganara 2-0 (Dylan Cabral anotó el segundo) y trepara al tercer puesto de la B Metropolitana con 57 puntos, a dos del líder Excursionistas. Un triunfo clave en la recta final del campeonato.
Al día siguiente de la muerte de Tatú, Kestler fue al club y preguntó por la otra gata del predio, a la que todos llamaban Misha. Le dijeron que sin su compañero iba a extrañarlo. El delantero decidió llevársela a su casa y la rebautizó Tita. "Está re adaptada, re contenta. A mí también me cambió el día a día", contó.
Kestler, de 28 años, tiene además cuatro perros en Rafaela y convive con los seis gatos de su novia. "Me encantan los animales", resumió. Un delantero, un gato tuerto y un festejo que dio que hablar en el ascenso del fútbol argentino.