La muerte de Harald V abrió una etapa nueva para la monarquía noruega. Haakon VIII heredó una Corona respaldada por la mayoría de la población, pero atravesada por controversias familiares que obligan al nuevo rey a cuidar especialmente la frontera entre vida privada e institución. En ese escenario, su hermana mayor, Marta Luisa, representa uno de los casos más delicados.
La princesa ocupa ahora el tercer lugar en la línea de sucesión, detrás de la heredera Ingrid Alexandra y del príncipe Sverre Magnus. Sin embargo, desde noviembre de 2022 ya no cumple funciones oficiales ni representa a la Casa Real. La paradoja es evidente: continúa cerca del trono en términos constitucionales mientras desarrolla una vida pública y comercial independiente.
El conflicto no comenzó con la boda. Marta Luisa llevaba años vinculada a actividades espirituales y empresariales, pero su relación con el estadounidense Durek Verrett multiplicó la exposición. Él se define como chamán y sanador, y varias de sus afirmaciones provocaron cuestionamientos en Noruega.

En 2022, Harald V decidió ordenar la situación. Su hija abandonó sus patronazgos y tareas oficiales, aunque conservó el título de princesa. Además, Marta Luisa y Durek acordaron no utilizar su vínculo con la Casa Real, imágenes de otros miembros de la familia ni el título real para promocionar actividades comerciales.
La solución pretendía separar dos mundos: la princesa como integrante de la familia y Marta Luisa como empresaria. Esa división, sin embargo, resultó difícil de sostener.
El 31 de agosto de 2024, la pareja se casó en Geiranger y la celebración volvió a abrir el debate. La comercialización alrededor del evento, incluida una ginebra asociada a la boda, provocó críticas por el uso de elementos ligados a la realeza.
Durek pasó a integrar la familia real ampliada, pero no recibió título ni funciones oficiales. Un año después, Netflix estrenó Rebel Royals: An Unlikely Love Story, documental centrado en la pareja y los preparativos del casamiento. En Noruega reaparecieron entonces las críticas por una exposición comercial basada precisamente en la conexión con la Corona que el acuerdo de 2022 buscaba limitar.
El desafío para Haakon VIII no consiste en intervenir en la vida sentimental de su hermana. Es institucional: definir cuánto puede asociarse comercialmente una princesa con la monarquía sin afectar su credibilidad. Una encuesta publicada en marzo de 2026 mostraba que el 64,6% de los consultados quería mantener la monarquía. Marta Luisa no explica por sí sola el desgaste de la Casa Real, atravesada por otras controversias, pero forma parte de una discusión mayor sobre sus límites.
Ahora esa discusión pertenece al reinado de su hermano. La pregunta ya no es si Noruega acepta al marido de una princesa, sino cuánto puede alejarse una integrante de la familia real de las reglas de la Corona sin dejar de beneficiarse de su cercanía.