Brasil llegará a las urnas el 4 de octubre con la atención concentrada en el duelo presidencial entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, pero una segunda elección puede terminar siendo igualmente decisiva: la renovación de dos tercios del Senado. Los brasileños elegirán ese mismo día presidente, 27 gobernadores, los 513 diputados federales y 54 de los 81 senadores.
La disputa presidencial se ha estrechado considerablemente. Una encuesta Nexus encargada por BTG Pactual colocó a Lula con 46% y Bolsonaro con 45% en un eventual balotaje, dentro del margen de error. Pero incluso quien gane el Palacio del Planalto necesitará convivir con el Congreso que salga de esas mismas urnas.
La magnitud de la renovación hace excepcional a 2026. Cada estado elegirá dos senadores y, en total, estarán en juego 54 bancas, suficientes para modificar profundamente el equilibrio de fuerzas de una cámara de 81 miembros. La Cámara de Diputados, por su parte, será renovada completamente.
Ese resultado determinará mucho más que la facilidad con la que el próximo presidente podrá aprobar leyes. En Brasil, el Senado participa en la aprobación de autoridades, tiene atribuciones constitucionales sobre procesos contra integrantes de los altos poderes y funciona como contrapeso fundamental frente al Ejecutivo y al Supremo Tribunal Federal. Por eso, oficialismo y oposición han convertido las candidaturas senatoriales en una parte central de sus estrategias electorales.

Las gobernaciones ofrecen otra señal que la elección presidencial por sí sola no muestra. Sondeos de Quaest publicados este domingo muestran candidatos asociados al espacio de Flávio Bolsonaro con ventaja en varios grandes distritos, incluidos São Paulo, Paraná, Santa Catarina y Minas Gerais, mientras Eduardo Paes, aliado de Lula, aparece adelante en Río de Janeiro. Otros estados permanecen abiertos.

El 4 de octubre, por lo tanto, Brasil no decidirá únicamente si continúa Lula o si el bolsonarismo regresa al Ejecutivo de la mano de Flávio. Decidirá qué presidente tendrá capacidad efectiva para gobernar desde enero de 2027. Reuters señala que la fragmentación del Congreso ya condiciona, entre otras áreas, cualquier corrección fiscal importante y que la composición legislativa será determinante para implementar el programa del vencedor.