Quantum Systems es presentada como una de las grandes historias del renacimiento militar europeo, pero su expansión contiene una paradoja. La compañía alemana consiguió uno de sus primeros accesos importantes al mercado estadounidense gracias a In-Q-Tel, el fondo de inversión creado para conectar a la inteligencia de Estados Unidos con tecnologías estratégicas. Esa relación facilitó posteriormente contratos de reconocimiento con la CIA y el FBI.
Los contratos iniciales generaron relativamente poco dinero, según el co-CEO Sven Kruck, pero aportaron algo posiblemente más valioso: credibilidad frente al enorme aparato estadounidense de seguridad y defensa. Quantum Systems vale actualmente alrededor de US$8.000 millones después de captar US$1.200 millones en julio en una ronda encabezada por Blackstone, Noteus, Airbus y Advent. Una semana atrás abrió además una nueva oficina de investigación y desarrollo en Huntsville, Alabama.
La dimensión de las inversiones de In-Q-Tel puede ser engañosa. Reuters señala que suelen ser pequeñas, frecuentemente inferiores a US$3 millones. Su verdadero activo es la red: conectar compañías jóvenes con la CIA, el Pentágono y otros compradores que forman parte del mayor mercado de defensa del mundo. El fondo también ha participado en empresas como Palantir y Anduril y está ampliando su presencia entre firmas europeas de doble uso.
Pero entrar en el ecosistema estadounidense también genera dependencias. Las tecnologías desarrolladas dentro de Estados Unidos pueden quedar sometidas a autorización estadounidense antes de ser exportadas a terceros países. Washington exige además a determinados proveedores extranjeros establecer operaciones locales, razón por la que Quantum Systems mantiene fábricas y personal en territorio estadounidense.
La situación ocurre precisamente cuando Alemania y otros gobiernos europeos hablan de "autonomía estratégica" y pretenden reducir su dependencia de Washington. Marie-Agnes Strack-Zimmermann, presidenta de la comisión de Seguridad y Defensa del Parlamento Europeo, advirtió que In-Q-Tel no debe analizarse como un inversor financiero convencional porque su misión incluye asegurar para los servicios estadounidenses acceso a tecnologías consideradas estratégicas. Europa, además, todavía carece de un equivalente comparable capaz de combinar inversión, inteligencia y contratación pública.

Quantum Systems sostiene que sus productos finalmente deben imponerse por sus propias capacidades y Kruck señala que In-Q-Tel no le ha enviado comunicaciones proactivas durante los últimos dos años. Eso matiza la idea de un control directo estadounidense. El caso revela algo más estructural: Europa puede fabricar algunos de los drones militares más avanzados del mundo, pero todavía necesita en numerosos casos capital, compradores y redes estadounidenses para convertir una startup en un gigante mundial de defensa.