A veces, un emprendimiento comienza con una gran inversión, un local y un plan de negocios. Otras veces nace de algo mucho más pequeño: una idea que aparece mientras se mira el teléfono y la decisión de animarse a probar.
Así empezó Vessel, el proyecto de Valentina Asís, una diseñadora gráfica de 24 años que vive con sus padres en Isidro Casanova y que decidió convertir sus conocimientos, su creatividad y sus ganas de salir adelante en un emprendimiento de productos personalizados.
Según cuenta a NewsDigitales, no fue su primer intento. Antes hubo otros proyectos que no prosperaron, trabajos freelance, community management, impresiones, papelería, venta de zapatillas por pedido y hasta libros y cómics usados en una feria del barrio. Cada experiencia dejó algo.
La idea apareció casi por casualidad: “Se me ocurrió por un reel que vi en Instagram. Era algo que nunca había visto y lo veía como una oportunidad posible”.

El nombre tampoco fue elegido al azar. “Vessel es una palabra en inglés que significa vasija, y creo que eso somos en las manos de Dios”, explica Valentina.
La referencia está vinculada con un pasaje bíblico de 2 Corintios 4:7: “Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”.
Pero hay otra razón detrás del nombre. Vessel también es uno de los álbumes favoritos de Valentina de Twenty One Pilots, una de sus bandas preferidas.
El emprendimiento comenzó formalmente en septiembre de 2025. Valentina quedó a cargo de la parte creativa, las redes sociales, el diseño de los estampados y la personalización de las prendas. Para llevar adelante el proyecto invitó a su prima Ale, de su misma edad.
La división de tareas fue bastante clara: Ale se ocupaba principalmente de las ventas, la compra de insumos y el estampado. Ninguna de las dos tenía experiencia previa en ese trabajo.
El comienzo estuvo lejos de ser perfecto. “Las dos estuvimos aprendiendo por TikTok y YouTube sin nunca haber hecho esto”, recuerda Valentina.
Y aprender significó también equivocarse: “Quemamos mucha tela en el proceso”. El centro de operaciones siempre fue su casa. Allí diseñaban, estampaban, preparaban pedidos y organizaban las entregas. “Gracias a mis papás por apoyarme siempre”, destaca.
Durante casi un año, Vessel ofreció una enorme variedad de productos personalizados: indumentaria, accesorios, bolsas, artículos de bazar y souvenirs. La venta se hacía fundamentalmente a través de redes sociales, grupos de Facebook y recomendaciones. Nunca tuvieron un local donde los clientes pudieran acercarse a ver los productos.
“Sin local, ni oportunidad para que el público viera en persona el producto y la calidad, nuestras ventas siempre fueron directas por las redes sociales y recomendaciones”, subraya.
Los pedidos llegaron desde distintos puntos de Buenos Aires y también realizaron numerosos envíos por correo.

Detrás de cada venta hubo aprendizaje. Y algunas anécdotas que hoy sirven para contar cuánto costó llegar hasta ahí.
La primera gran experiencia fueron 500 bolsas personalizadas: “Fue la primera vez que las hacíamos. Estuvimos hasta las 4 de la madrugada haciéndolas, solo para darnos cuenta de que yo había calculado mal el número de estampas para las bolsas”.
Algo similar ocurrió cuando recibieron un pedido de 40 remeras: “Habíamos comprado más de 20 metros de rollos de estampas por primera vez”.
No todo salió mal. Tampoco todo fue sencillo. Hubo muchas tardes de trabajo compartido, momentos de entusiasmo y jornadas en las que el cansancio y las diferencias aparecían, como sucede en cualquier proyecto familiar.
Otro aspecto que señala Valentina está vinculado a las importaciones. Para ella, esa apertura es clave para el éxito del proyecto: “Gracias a la variedad de precios de productos importados es que logramos comenzar”.
“Todos los insumos y máquinas se traen de afuera directamente. Los proveedores son importadores directos. Así que en realidad es una ventaja el tema de las importaciones”, explica.
Durante varios meses, Vessel funcionó bien. Para Valentina fue, hasta ese momento, el emprendimiento que mejores resultados le había dado.
Pero en los últimos tres meses el escenario cambió. “Las ventas bajaron muchísimo”, cuenta.
Las consultas continuaron, pero cerrar operaciones se volvió más difícil. La competencia, los precios y las prioridades de los consumidores comenzaron a pesar.
“Se volvió muy difícil sostenerlo para dos personas, cada una con sus necesidades económicas y proyectos de vida”, reconoce. La respuesta fue intentar adaptarse. Bajaron precios, lanzaron promociones y probaron nuevos productos.
Incluso apostaron a fechas que parecían tener potencial comercial, como el Mundial: “Creímos que iba a haber una diferencia, pero no resultó como esperábamos”.
Por fortuna, no habían hecho una gran inversión anticipada que pudiera convertirse en pérdida. Y entonces llegó una sorpresa: el estreno de la película de Spider-Man disparó las ventas. “Vendimos en 15 días lo que no habíamos hecho en meses”, recuerda. Pero el impulso duró poco. Después, las ventas volvieron a estancarse.
Una de las características de Vessel es que trabaja principalmente contra pedido.
La lógica es sencilla: el cliente deja una seña y con ese dinero se compran los insumos necesarios para fabricar el producto personalizado.
El sistema reduce el riesgo financiero porque evita tener grandes cantidades de mercadería inmovilizada.
Pero también tiene una contracara. “Lo bueno es que no necesitamos invertir dinero propio, pero lo malo es que, al no contar con stock, tampoco reinvertimos y no crecimos en ese sentido”, reflexiona.
La evolución, sin embargo, existió. Solo que fue de otra manera: “Crecimos en experiencia”. Comenzaron con una plancha de uso doméstico. Después incorporaron una mini estampadora. Finalmente, luego de conseguir su primera compra mayorista, pudieron adquirir una estampadora grande.
Para una emprendedora que empezó mirando tutoriales en internet, cada máquina representó mucho más que una herramienta: fue una señal de que el proyecto estaba avanzando.
Hace aproximadamente un mes se produjo otro cambio importante. Ale comenzó un emprendimiento junto a su novio y decidió dar un paso al costado de Vessel.
La noticia modificó la estructura del proyecto, pero no significó el final: “Lo bueno es que puedo continuar con todo el negocio por mi cuenta”.
El desafío, ahora, es mayor. Hay que diseñar, vender, producir, atender consultas y sostener las redes: “Cuesta mucho conseguir ventas, pero gracias a Dios, con mucha fe y dedicación voy a seguir buscando las oportunidades”.
El emprendimiento también está relacionado con una historia personal marcada por el esfuerzo.
Valentina estudió Diseño Gráfico en la Escuela Da Vinci. Aprobó la tesis, pero todavía tiene una materia pendiente y no pudo validar oficialmente el título.
La situación económica familiar hizo que durante un período tuviera que dejar los estudios: “Hubo un año que dejé porque no lo podíamos sostener. Ahí es cuando empecé con los emprendimientos”.
Ahora tiene un objetivo concreto: ahorrar y poder completar oficialmente sus estudios el año próximo.
Valentina no desconoce las dificultades del contexto. Ve que las ventas cayeron en distintos rubros y que las familias tienen otras prioridades.
No lo atribuye exclusivamente a un gobierno: “Está muy difícil en todos los ámbitos. Para mi papá, que vende productos de gama alta como pantallas LED y sonido, como para el que vende tortillas en cada esquina de cada cuadra”.
“Yo voy a la iglesia y el comentario es el mismo en todos los rubros, pero hay que seguir adelante. Las ferias barriales se llenan de cientos de personas que le buscan la vuelta. Otros emprendedores deciden ir otra vez a buscar laburo en fábricas o trabajos fijos y está bien también”, comenta.
Ella, por ahora, eligió seguir: “Creo que el éxito está en perseverar hasta el final”.
Su sueño es tener algún día un local o un ecommerce profesional vinculado al diseño. Mientras tanto, Vessel continúa funcionando desde su casa de Isidro Casanova, entre pedidos, máquinas, estampas, redes sociales y nuevas ideas: “Espero que más jóvenes se animen a emprender. Requiere riesgo y esfuerzo, pero vale la pena, más aún si van con fe”.