La muerte de Harald V sigue dejando imágenes de enorme impacto en Noruega, pero una de las más comentadas de las últimas horas tuvo como protagonista a Marius Borg Høiby, el hijo mayor de la reina Mette-Marit. El joven reapareció junto a la familia real durante el traslado del féretro del monarca dentro del Palacio Real de Oslo, pese a encontrarse bajo arresto domiciliario mientras espera la resolución de su apelación judicial.
La escena llamó especialmente la atención porque Marius se mostró integrado al círculo más íntimo del nuevo rey Haakon VIII en uno de los momentos más solemnes del adiós a Harald. El féretro fue llevado desde el Salón Rojo hasta la Capilla del Palacio, donde quedará instalado para que la población pueda rendir homenaje antes del funeral de Estado.
Aunque no tiene título nobiliario ni ocupa funciones institucionales, Marius forma parte del entorno de la Corona desde hace más de dos décadas. Es hijo de Mette-Marit de una relación anterior y pasó a crecer cerca del núcleo de la monarquía cuando su madre se casó con Haakon en 2001. Desde entonces quedó vinculado a la vida palaciega, aunque siempre sin derechos sucesorios.
La aparición de Marius no habría generado el mismo nivel de repercusión en otro contexto. Pero su nombre quedó en el centro de una de las mayores crisis recientes de la monarquía noruega después de haber sido condenado en junio a cuatro años de prisión por dos violaciones, violencia contra una expareja y otros delitos. La sentencia fue apelada y, mientras aguarda esa instancia, cumple arresto domiciliario.

Por eso su presencia en el homenaje a Harald sorprendió dentro y fuera de Noruega. En términos familiares, el gesto era entendible: el rey fallecido había sido una figura central en su vida desde la adolescencia. En términos públicos, en cambio, la imagen volvió a unir en una misma escena el dolor por la muerte del monarca y el escándalo judicial que persigue a la familia heredera desde hace meses.
La situación adquiere todavía más sensibilidad porque llega en pleno cambio de época. Harald murió el viernes a los 89 años y su hijo se convirtió inmediatamente en Haakon VIII. Desde ese momento, Mette-Marit pasó a ser reina y la princesa Ingrid Alexandra quedó como heredera directa al trono.

La procesión de este lunes fue también la primera gran imagen de la nueva configuración familiar. Haakon encabezó el homenaje, Mette-Marit realizó una de sus primeras apariciones desde que asumió su nuevo rol y Noruega empezó a despedir oficialmente al soberano que había ocupado el trono desde 1991.
El funeral de Estado será el 9 de septiembre en la Catedral de Oslo, y hasta entonces la Capilla del Palacio se convertirá en el centro simbólico del luto nacional.
En medio de esa despedida, la reaparición de Marius terminó condensando dos historias al mismo tiempo: la de una familia que llora a su patriarca y la de una Casa Real que intenta iniciar una nueva etapa mientras todavía arrastra uno de los escándalos más incómodos de su historia reciente.