Los ataques rusos contra Kiev y su región dejaron al menos 12 muertos y 21 heridos durante una nueva jornada de bombardeos que prolongó una ofensiva aérea prácticamente ininterrumpida sobre la capital ucraniana. Rusia combinó misiles balísticos con drones, incluidos modelos propulsados a reacción que vuelan a mayor velocidad y reducen el tiempo disponible para activar las defensas y buscar refugio.
Ocho personas murieron en Kiev, la mayoría vinculadas al sistema ferroviario. Seis de las víctimas eran empleados de los ferrocarriles ucranianos alcanzados cuando un misil balístico golpeó un depósito y otras instalaciones. En Boryspil, en las afueras de la capital, murieron otras cuatro personas y 13 resultaron heridas tras impactos contra un edificio residencial y distintos sectores de la ciudad. Entre los fallecidos había un ciudadano indio.
La ofensiva no terminó con los ataques de la madrugada. Durante el martes volvieron a registrarse explosiones y activaciones de las defensas aéreas sobre Kiev. Entre las 6:30 y las 18, las fuerzas rusas lanzaron 99 drones de ataque, 72 de ellos propulsados a reacción, mientras nuevos grupos continuaban aproximándose al espacio aéreo ucraniano.
La estrategia rusa busca mantener a las defensas bajo presión durante períodos cada vez más prolongados. Los aparatos modifican sus rutas, aparecen tanto de noche como durante el día y obligan a Ucrania a utilizar radares, personal y municiones prácticamente sin descanso. Rusia lanzó más de 2.800 drones a reacción durante agosto después de haber multiplicado por cinco su utilización en julio.
La Fuerza Aérea ucraniana informó que interceptó cinco misiles balísticos durante los ataques nocturnos. Sin embargo, Kiev dispone de pocas baterías capaces de enfrentar ese tipo de proyectiles y atraviesa una escasez crítica de interceptores estadounidenses Patriot. El país recibió recientemente un lote reducido, pero reclama más sistemas y municiones para proteger ciudades, infraestructura energética y corredores logísticos.

Los ataques también alcanzaron la región de Odesa, donde Rusia golpeó instalaciones portuarias, infraestructura energética y un paso fronterizo con Rumania. Miles de familias quedaron sin electricidad. Los puertos del mar Negro y del Danubio son fundamentales para las exportaciones ucranianas y para sostener una economía golpeada por más de cuatro años de guerra.
Ucrania respondió intensificando los ataques de largo alcance contra territorio ruso. Drones alcanzaron instalaciones vinculadas al petróleo y la logística, incluido el puerto de Ust-Luga, una importante salida para las exportaciones rusas. También se registraron daños en la región de Samara y un civil murió en Bélgorod. Estonia informó, además, que drones utilizados durante una operación ucraniana contra Rusia ingresaron brevemente en su espacio aéreo.

Las negociaciones para detener la guerra continúan estancadas mientras Moscú exige concesiones territoriales que Kiev rechaza. La intensificación de los ataques aéreos muestra que Rusia intenta transformar su capacidad de producción de drones y misiles en una presión militar constante, incluso mientras sus avances terrestres pierden velocidad.
Para los habitantes de Kiev, la ofensiva ya modificó la rutina cotidiana. Las alarmas pueden prolongarse durante horas, los ataques reaparecen durante el día y la amenaza dejó de estar concentrada únicamente en la madrugada. Mantener trenes, hospitales, electricidad y servicios funcionando se convirtió en otra parte de una defensa que ya no termina cuando se apagan las sirenas.