John Ternus asumió este martes como nuevo CEO de Apple y recibió una empresa radicalmente distinta a la que Tim Cook heredó de Steve Jobs en 2011. Apple pasó de valer aproximadamente USD 350.000 millones a superar los USD 4,5 billones, mientras sus ventas anuales crecieron de USD 108.000 millones a USD 416.000 millones y sus beneficios superaron los USD 112.000 millones.
Cook convirtió una compañía fundamentalmente dependiente del iPhone en una máquina mucho más diversificada. Servicios, suscripciones y dispositivos como Apple Watch y AirPods ampliaron el negocio alrededor de una base instalada de unos 2.500 millones de dispositivos activos, permitiendo a Apple obtener ingresos del cliente durante años después de venderle inicialmente un teléfono.
El balance financiero es extraordinario, pero la sucesión ocurre precisamente cuando Apple enfrenta una de sus preguntas tecnológicas más importantes desde la aparición del smartphone. La compañía llegó tarde a la ola de inteligencia artificial generativa, sufrió retrasos en la renovación de Siri y todavía debe demostrar que puede convertir la IA en algo más profundo que nuevas funciones incorporadas al iPhone.
También quedaron proyectos costosos sin el resultado esperado. Apple abandonó en 2024 su iniciativa para desarrollar un automóvil después de aproximadamente una década de trabajo, mientras Vision Pro no consiguió convertirse en un producto masivo. Para Ternus, ingeniero de hardware con 25 años dentro de Apple, el desafío será encontrar una nueva categoría capaz de reducir gradualmente la dependencia del iPhone.

La transición tampoco representa una ruptura total. Cook pasó a presidir de forma ejecutiva el directorio y continuará colaborando especialmente en las relaciones con gobiernos y responsables políticos. Ternus obtiene así el control operativo mientras Cook conserva influencia en uno de los terrenos más delicados para Apple: la relación entre EE.UU. y China.

La paradoja resume la situación que recibe el nuevo CEO. Apple nunca fue tan grande, rentable ni financieramente poderosa, pero el mercado ya no necesita que Ternus demuestre que puede vender más iPhones: necesita saber qué puede construir Apple para dominar la siguiente década tecnológica.