Cada vez que vuelve a discutirse la soberanía de las Islas Malvinas aparece una palabra que divide completamente las posiciones de Argentina y Reino Unido: autodeterminación.
Londres sostiene que los habitantes de las islas tienen derecho a decidir su futuro político y utiliza como principal antecedente el referéndum de 2013, cuando el 99,8 por ciento de los votos emitidos respaldó mantener el estatus de territorio británico de ultramar. Esa posición fue reiterada por el gobierno británico en junio de 2026: para Londres, no puede existir una modificación del estatus de las islas sin consentimiento de sus habitantes.
Argentina sostiene exactamente lo contrario: que el principio general de autodeterminación no es el mecanismo establecido por Naciones Unidas para resolver específicamente la cuestión Malvinas.
Y los documentos permiten entender por qué.
En diciembre de 1965, la Asamblea General aprobó la resolución 2065 (XX), el documento fundamental de Naciones Unidas sobre Malvinas.
La resolución reconoce que existe una disputa de soberanía e invita expresamente a Argentina y Reino Unido a negociar una solución pacífica. Al establecer los parámetros de esa negociación utiliza una expresión decisiva: deben tenerse en cuenta los “intereses de la población de las islas”.
No habla de los “deseos” de los habitantes ni establece que éstos tengan capacidad unilateral para determinar la soberanía del territorio.
Esa diferencia entre intereses y deseos es central para la posición argentina.

No exactamente.
La ONU reconoce a la autodeterminación de los pueblos como uno de los principios centrales del proceso de descolonización. La resolución 1514 de 1960 lo establece expresamente y, un día después, la resolución 1541 definió tres grandes caminos mediante los cuales un territorio no autónomo puede alcanzar un gobierno pleno: independencia, libre asociación con un Estado independiente o integración con otro Estado.
Ahí probablemente esté el dato que te habían mencionado sobre “integración”. Pero es fundamental no mezclar el régimen general con el caso específico de Malvinas.
Ninguna resolución específica sobre Malvinas establece que sus habitantes deban elegir entre independencia, integración con Reino Unido o alguna otra alternativa. El marco adoptado para este caso reconoce una disputa bilateral de soberanía y pide negociaciones entre Buenos Aires y Londres.
Hay un antecedente todavía más contundente.
En 1985, Reino Unido propuso dos enmiendas para incorporar expresamente la autodeterminación a una nueva resolución sobre Malvinas. La Asamblea General rechazó ambas: la primera por 60 votos contra 38 y la segunda por 57 contra 36. El episodio consta en el anuario oficial de Naciones Unidas de ese año.
Eso no significa que Naciones Unidas haya dictaminado que la autodeterminación “no existe”. Significa algo bastante más preciso: la Asamblea rechazó incorporarla expresamente al texto destinado a resolver la cuestión Malvinas.
El 25 de junio de 2026, el Comité Especial de Descolonización volvió a tratar el expediente. La propia documentación oficial de Naciones Unidas continúa encabezándolo señalando que existe una disputa entre los gobiernos de Argentina y Reino Unido sobre la soberanía de las islas.
Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay, China y numerosos países volvieron a intervenir durante el debate. Argentina reclamó negociaciones; Reino Unido reafirmó que considera prioritaria la voluntad de los isleños.
Sesenta años después de la resolución 2065, el desacuerdo esencial sigue siendo el mismo.
Reino Unido pregunta qué quieren los habitantes. Argentina sostiene que primero debe resolverse a quién pertenece el territorio.
Y las Naciones Unidas continúan llamando a los dos Estados a negociar.