por Redacción NewsDigitales
Dejar la casa vacía, incluso por un período limitado, genera algún nivel de estrés en el 77% de los argentinos consultados en un estudio sobre seguridad en el hogar. Aunque el temor a los robos continúa encabezando las preocupaciones, el relevamiento muestra un cambio en las conductas: cada vez más personas buscan saber qué sucede dentro de sus viviendas mientras están afuera.
Los datos surgen del Observatorio de Seguridad de Verisure y muestran que la preocupación por la inseguridad convive ahora con otra necesidad: permanecer conectado con el hogar y recibir información ante cualquier situación fuera de lo habitual.
El 59% de los encuestados señaló al robo como su principal preocupación cuando deja su vivienda sin ocupantes durante un período prolongado, mientras que el 47% mencionó la posibilidad de una intrusión.
Sin embargo, el 21% apuntó a otro motivo de inquietud: simplemente no saber qué está ocurriendo en su casa mientras se encuentra fuera.
Esa incertidumbre explica, en parte, el creciente interés por herramientas que permiten seguir a distancia lo que ocurre dentro de una vivienda.
Según el estudio, el 79% de los argentinos consultados considera valiosa la posibilidad de recibir alertas ante movimientos, ruidos o comportamientos inusuales durante la noche.

El dato muestra una transformación en la manera de entender los sistemas de seguridad doméstica. Ya no se los piensa exclusivamente como una herramienta para reaccionar frente a un robo, sino también como una forma de obtener información en tiempo real y reducir la incertidumbre.
El fenómeno también alcanza al cuidado de las mascotas. El 41% de los encuestados afirmó sentir la necesidad de monitorearlas en tiempo real cuando se encuentra fuera de su casa.
De esta manera, cámaras, sensores y sistemas de alertas comienzan a tener funciones que exceden la prevención de delitos y se incorporan a distintas rutinas familiares.
El relevamiento también indagó sobre el impacto que tiene atravesar personalmente un episodio delictivo o conocer a alguien cercano que haya sido víctima.
Entre quienes estuvieron expuestos a alguna de esas situaciones, el 74% reconoció que comenzó a prestar mayor atención tanto a sus propios movimientos como a los de las personas que se encuentran a su alrededor.
Para Cecilia Mosto, directora de CIO Investigación, los resultados muestran que la inseguridad se convirtió en una preocupación que atraviesa decisiones cotidianas incluso entre quienes no fueron víctimas directas de un delito.
“La experiencia directa con el delito profundiza la sensación de vulnerabilidad, pero también vemos que el temor y las conductas preventivas se extienden mucho más allá de quienes fueron víctimas”, señaló.
Según explicó, la preocupación por la seguridad termina influyendo en la manera en que las personas “se mueven, se vinculan y planifican su futuro”.
La incorporación de nuevas tecnologías aparece en ese contexto como una respuesta no sólo frente al riesgo concreto de un delito, sino también ante la necesidad de reducir la incertidumbre.
Carlos Beltrán Rubinos, director de Operaciones de Verisure Argentina, sostuvo que esa transformación amplió el concepto tradicional de seguridad doméstica.
“Las personas no sólo buscan proteger sus bienes, sino también cuidar aquello que forma parte de su vida cotidiana”, explicó.
Los resultados del estudio muestran así un desplazamiento en las preocupaciones vinculadas con el hogar: el miedo al robo continúa siendo central, pero comienza a convivir con otra demanda. Para una parte cada vez mayor de las personas, sentirse segura también significa poder saber qué pasa en su casa cuando no está allí.