La cuestión Malvinas volverá a ocupar este jueves un lugar central en la agenda política argentina.
Javier Milei anunció una cadena nacional para las 21, aunque hasta el momento no se conocen los detalles de lo que planteará el Presidente.
En ese contexto, también vuelve a quedar bajo la lupa una figura que ocupa actualmente un lugar sensible en la política exterior argentina: Fernando Iglesias.
El exdiputado fue designado en enero como embajador extraordinario y plenipotenciario ante la Unión Europea, además de ejercer la representación argentina ante Bélgica. En febrero, el Senado aprobó su pliego por 38 votos a favor, 31 en contra y una abstención.
Su designación ya había generado resistencia en el Congreso. Uno de los principales cuestionamientos estuvo relacionado con sus históricas posiciones sobre Malvinas, plasmadas especialmente en un libro publicado en 2012 y en un documento firmado ese mismo año junto a otros 16 intelectuales.
En 2012, Iglesias publicó “La cuestión Malvinas: crítica del nacionalismo argentino”, una obra en la que planteó una mirada profundamente crítica sobre la forma en que la Argentina construyó históricamente su reclamo de soberanía sobre las islas.
Su planteo no se limitaba a discutir aspectos jurídicos o históricos de la disputa. El eje de su argumentación era más amplio: cuestionaba al nacionalismo argentino y sostenía que la cuestión Malvinas se había convertido en uno de sus principales componentes ideológicos.
Iglesias vinculaba esa concepción con dos grandes tradiciones políticas que, según su interpretación, atravesaron buena parte de la Argentina desde 1930: el “Partido Nacionalista Militar” y el “Partido Nacionalista Populista”.
En ese marco, sostenía que la cuestión Malvinas había contribuido a consolidar una mirada nacionalista que impedía analizar el conflicto con racionalidad y que incluso había ayudado a generar las condiciones culturales para la guerra de 1982.
Una de las cuestiones más controversiales de su posición era la importancia que otorgaba al principio de autodeterminación de los habitantes de las islas.
Iglesias cuestionaba que Argentina pudiera reclamar una soberanía “irrenunciable” ignorando la voluntad de quienes viven en el archipiélago. También se preguntaba si resultaba razonable negociar exclusivamente con el Reino Unido y dejar fuera de la discusión a los isleños.
En una de las frases que años después sería utilizada para cuestionar su designación diplomática, escribió: “Cualquier idea de soberanía argentina sobre los kelpers se me hace impensable”.

Ese mismo año, Iglesias fue uno de los 17 firmantes de “Malvinas, una visión alternativa”, un documento que proponía revisar la política argentina sobre el archipiélago.
Entre los firmantes estaban Beatriz Sarlo, Juan José Sebreli, Santiago Kovadloff, Roberto Gargarella, Hilda Sábato, Luis Alberto Romero, Daniel Sabsay, Jorge Lanata, Pepe Eliaschev, Vicente Palermo y Marcos Novaro, entre otros.
El texto planteaba, entre otras cuestiones, la necesidad de reconocer los intereses y la opinión de los habitantes de las islas y de abandonar una política basada exclusivamente en la afirmación de la soberanía argentina.
Los firmantes también cuestionaban la utilización de la cuestión Malvinas como elemento central de la identidad nacional y reclamaban una estrategia diplomática que conciliara los intereses argentinos con la voluntad de los isleños.
“En honor a los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución de nuestro país en 1994, los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de derecho. Respetar su modo de vida, como expresa su primera cláusula transitoria, implica abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean”, indicaban.
Y agregaban que “la afirmación obsesiva del principio ‘Las Malvinas son argentinas’ y la ignorancia o desprecio del avasallamiento que éste supone debilitan el reclamo justo y pacífico de retirada del Reino Unido y su base militar, y hacen imposible avanzar hacia una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños”.
“Como miembros de una sociedad plural y diversa que tiene en la inmigración su fuente principal de integración poblacional, no consideramos tener derechos preferenciales que nos permitan avasallar los de quienes viven y trabajan en Malvinas desde hace varias generaciones, mucho antes de que llegaran al país algunos de nuestros ancestros”, señalaban en otro pasaje.
Y sostenían: “La sangre de los caídos en Malvinas exige, sobre todo, que no se incurra nuevamente en el patrioterismo que los llevó a la muerte ni se la use como elemento de sacralización de posiciones que en todo sistema democrático son opinables. Necesitamos abandonar la agitación de la causa-Malvinas y elaborar una visión alternativa que supere el conflicto y aporte a su resolución pacífica”.
El documento generó una fuerte reacción política. El entonces senador Daniel Filmus fue uno de sus principales críticos y sostuvo que la autodeterminación no podía aplicarse de la misma manera a los habitantes de las Malvinas que a pueblos sometidos a procesos de descolonización.
La cuestión volvió a aparecer en febrero de 2026, cuando el Senado discutió el pliego de Iglesias como embajador ante Bélgica y la Unión Europea.
El senador Fernando Salino cuestionó su designación y recuperó precisamente algunos de los pasajes de “La cuestión Malvinas”.
Durante el debate, Salino citó la frase en la que Iglesias afirmaba que cualquier idea de soberanía argentina sobre los kelpers le resultaba “impensable” y también recordó otros pasajes en los que el entonces escritor planteaba alternativas vinculadas con la autodeterminación y una eventual autonomía de los habitantes de las islas.
“La presencia de seres humanos en Malvinas anterior a la ocupación inglesa es prolífica. Hubo argentinos, claro, pero antes hubo franceses, españoles y británicos. Si las Malvinas fueran a seguir las líneas de soberanía derivada del Virreinato de la Plata, deberían ser uruguayas, ya que dependían de la base naval española, cuyo apostadero no está en Buenos Aires sino en Montevideo. Si los argentinos no fueron los primeros en llegar, no se comprende tampoco que reivindiquen el derecho a la soberanía basándose en que llegaron antes que los Kelpers”, leyó el senador del libro de Iglesias.
Finalmente, el Senado aprobó el pliego de Iglesias por 38 votos positivos contra 31 negativos y una abstención.