Vietnam celebra el 2 de septiembre su Día Nacional, 81 años después de que Ho Chi Minh leyera la Declaración de Independencia ante una multitud reunida en la plaza Ba Dinh de Hanói. El discurso proclamó la República Democrática de Vietnam y afirmó el derecho de una población sometida durante décadas al dominio colonial francés.
La fecha llegó dentro de un vacío de poder. Japón había ocupado el territorio durante la Segunda Guerra Mundial, aunque mantuvo parte de la administración francesa hasta 1945. Tras la rendición japonesa, el movimiento Viet Minh tomó edificios públicos mediante la Revolución de Agosto y el emperador Bao Dai abdicó.
La independencia proclamada no produjo inmediatamente un país reconocido ni pacífico. Francia intentó recuperar su colonia y comenzó una guerra que terminó en 1954 con la derrota de Dien Bien Phu. Los acuerdos posteriores dividieron temporalmente el territorio entre un norte comunista y un sur respaldado por potencias occidentales.
La siguiente guerra se prolongó hasta la caída de Saigón en 1975. Vietnam quedó reunificado al año siguiente, pero enfrentó destrucción, aislamiento y una economía centralizada incapaz de satisfacer las necesidades básicas. Millones de personas murieron, fueron desplazadas o abandonaron el país.

Las reformas conocidas como Doi Moi, iniciadas en 1986, permitieron actividad privada, inversión extranjera y comercio sin abandonar el gobierno del Partido Comunista. El cambio convirtió a Vietnam en uno de los grandes centros manufactureros de Asia, integrado en cadenas globales de electrónica, textiles, calzado y alimentos.
El país supera los 100 millones de habitantes y mantiene relaciones económicas con socios que décadas atrás fueron enemigos. Su ubicación sobre el mar de China Meridional lo vuelve estratégico para rutas comerciales y para empresas que buscan diversificar producción fuera de China. Al mismo tiempo, Hanói equilibra vínculos con Pekín, Moscú, Europa y otras potencias sin integrarse plenamente a un solo bloque.

El éxito económico convive con límites políticos. No existe competencia nacional entre partidos, la prensa permanece controlada y activistas reciben condenas por cuestionar al Estado. El gobierno sostiene que la estabilidad permitió reducir pobreza y acelerar desarrollo; sus críticos responden que el crecimiento no justifica restringir expresión, asociación y participación.
Vietnam enfrenta además contaminación, envejecimiento futuro, desigualdad territorial y la amenaza climática sobre el delta del Mekong. Su objetivo oficial es convertirse en una nación de altos ingresos hacia mediados de siglo, una meta que exigirá productividad, educación e instituciones más eficientes.
El Día Nacional combina desfiles, banderas y homenajes a quienes lucharon contra el colonialismo. A 81 años, la soberanía ya no se mide solamente por controlar el territorio: también por decidir cómo distribuir prosperidad, proteger derechos y conservar autonomía dentro de una economía interdependiente. Esa será la prueba de la próxima etapa vietnamita.