Las combatientes kurdas que se convirtieron en uno de los símbolos de la derrota territorial del Estado Islámico negocian un lugar en las nuevas instituciones de seguridad de Siria. Más de 1.500 integrantes de las Unidades de Protección de las Mujeres, conocidas como YPJ, afrontan un futuro incierto después de la disolución formal de las Fuerzas Democráticas Sirias.
Las YPJ pelearon durante la guerra civil en las filas de esa coalición y participaron en la expulsión de los yihadistas de amplias zonas del norte y el este. Sus unidades exclusivamente femeninas adquirieron una visibilidad internacional poco habitual en Medio Oriente. Para muchas kurdas, representan además cambios sociales conseguidos durante años de autonomía de facto.

La caída de Bashar al Assad a fines de 2024 y la formación de un gobierno encabezado por antiguos rebeldes islamistas modificaron ese equilibrio. Las autoridades buscan integrar los distintos grupos armados bajo un único mando estatal. El 25 de agosto, las SDF fueron formalmente disueltas y su comandante, Mazloum Abdi, pasó a desempeñarse como asesor del presidente Ahmed al Sharaa; otros integrantes de la antigua fuerza ingresaron al Ministerio de Defensa.
La comandante de las YPJ, Nowruz Ahmed, afirmó que el gobierno rechazó incorporar a sus combatientes como brigada o batallón independiente. El nuevo Ministerio de Defensa no tiene mujeres y la propuesta kurda procura conservar experiencia militar, cohesión interna y capacidad de protección propia. También busca impedir que sus integrantes sean dispersadas o enviadas sin garantías a cualquier región del país.
Ante esa negativa, la organización abrió conversaciones con el Ministerio del Interior. Según fuentes al tanto de las negociaciones, las autoridades habían considerado incorporar a las combatientes a una policía turística, una función alejada de su preparación militar, aunque una portavoz de las YPJ negó que esa propuesta hubiera sido realizada formalmente.

Las combatientes plantearon en cambio incorporarse a fuerzas de operaciones especiales. Nowruz Ahmed aseguró que esperan una respuesta de las autoridades en los próximos días.
El portavoz del Ministerio del Interior afirmó que las mujeres de las YPJ serían bienvenidas, pero no precisó qué tareas podrían desempeñar. También señaló que las unidades estatales deben poder ser desplegadas en todo el territorio y no quedar limitadas a una sola región. Esa condición choca con el deseo kurdo de mantener una fuerza concentrada principalmente en el noreste.

La desconfianza tiene raíces profundas. Comunidades kurdas mantienen recelos hacia el nuevo poder por la violencia sufrida por distintas minorías durante 2025 y por el pasado de Al Sharaa, quien dirigió la rama siria de Al Qaeda antes de romper con esa organización. El gobierno necesita demostrar que la centralización de las fuerzas de seguridad no se convertirá en exclusión o represalia.
La negociación decidirá mucho más que el futuro de 1.500 combatientes. Pondrá a prueba si la Siria posterior a la guerra puede integrar a quienes combatieron al extremismo, reconocer el liderazgo femenino y construir fuerzas nacionales sin borrar las identidades desarrolladas durante más de una década de conflicto. Desarmar estructuras rivales es una condición para estabilizar el país; ofrecer garantías creíbles será fundamental para que esa entrega de armas pueda concretarse.