Suecia detuvo el tránsito, movió millones de vehículos al lado opuesto y volvió a ponerlos en marcha el 3 de septiembre de 1967. El llamado Dagen H, o Día H, sustituyó la circulación por la izquierda por el manejo a la derecha en una operación nacional que exigió transformar señales, cruces, paradas de colectivos y hábitos aprendidos durante generaciones.
La letra H provenía de högertrafik, “tráfico por la derecha”. El cambio buscaba alinear al país con sus vecinos continentales, especialmente Noruega y Finlandia. También resolvía una contradicción peligrosa: buena parte de los automóviles suecos tenía el volante a la izquierda, aunque circulaba por el lado izquierdo, lo que dificultaba ver al intentar sobrepasar en rutas angostas.
La decisión no era popular. En un referéndum consultivo realizado en 1955, aproximadamente el 83% votó por conservar el sistema existente. Sin embargo, el Parlamento aprobó la reforma en 1963 y abrió cuatro años de preparación. La transición mostró cómo una autoridad democrática puede aplicar una política rechazada inicialmente, pero necesita explicar, entrenar y reducir sus riesgos de manera visible.
La madrugada del domingo, el tránsito no esencial quedó prohibido. A las 4:50, los conductores autorizados debieron detenerse; luego avanzaron lentamente hasta el costado derecho y esperaron. A las cinco, recibieron permiso para continuar. En Estocolmo y otras ciudades, la restricción fue más larga para que los equipos completaran modificaciones.
Unas 360.000 señales debieron ser cubiertas, reemplazadas o giradas. Se rediseñaron intersecciones, se pintaron marcas nuevas y se trasladaron paradas. Autobuses con puertas preparadas para el viejo lado fueron adaptados, vendidos o sustituidos. Una campaña masiva difundió un logotipo con la H y una flecha, folletos, programas educativos y hasta una canción para fijar la fecha.

Las fotografías de calles repletas sugieren caos, pero el balance inmediato fue mejor de lo temido. Los accidentes disminuyeron en los primeros días porque la población manejó con extrema cautela y se redujo la velocidad. Esa mejora no fue permanente: con el regreso de la confianza, las cifras se aproximaron nuevamente a sus niveles habituales.
La reforma también reordenó la vida peatonal. Mirar antes de cruzar, subir a un colectivo o interpretar la prioridad en una esquina son movimientos casi automáticos; cambiarlos requería intervenir sobre la memoria corporal, no solamente sobre el código vial.
A 59 años, el éxito del Día H sigue siendo una lección sobre coordinación pública a gran escala. Suecia no evitó el riesgo mediante una orden pronunciada desde arriba: lo redujo con años de ingeniería, comunicación y ensayos. En una mañana, todos cambiaron de lado; la verdadera obra había comenzado mucho antes.