Hace exactamente 13 años, el 4 de septiembre de 2013, una expresión que Mauricio Macri había utilizado casi como una metáfora política comenzaba a convertirse en una de las categorías más repetidas del análisis argentino: el “círculo rojo”.
El entonces jefe de Gobierno porteño había hablado de una “minoría” muy politizada que le reclamaba acuerdos electorales con Sergio Massa y Daniel Scioli para poner límites al kirchnerismo.
Pero la frase adquirió rápidamente una dimensión mucho mayor cuando Cristina Kirchner tomó el concepto, lo hizo propio y le dio una interpretación completamente diferente.
Desde entonces, “círculo rojo” dejó de ser solamente una expresión utilizada por Macri para describir a quienes influían sobre dirigentes políticos.
Con el paso de los años, pasó a funcionar como una forma de identificar a un núcleo de poder integrado por empresarios, bancos, medios de comunicación, consultores, dirigentes sindicales y otros actores con capacidad para incidir sobre las decisiones políticas y económicas del país.
Trece años después, aquella discusión continúa apareciendo cada vez que se debate quién tiene realmente capacidad de influencia sobre el rumbo de la Argentina.
La expresión apareció públicamente en una entrevista que Macri concedió a Perfil en los primeros días de septiembre de 2013.
En aquel momento, el líder del PRO explicaba las presiones que, según contaba, recibía para avanzar en una estrategia electoral conjunta con Massa y Scioli. Su objetivo era construir una alternativa capaz de ponerle límites al gobierno de Cristina Kirchner.
Macri definió entonces al “círculo rojo” como una minoría especialmente politizada.
“Hablamos de círculo rojo en términos de esa minoría en un país, que está sumamente politizada, que no sabemos cuántas decenas de miles de personas son”, aclaró.
Y agregó una descripción que terminaría convirtiéndose en una de las claves de aquella definición: “Son los que leen los diarios todos los días, que ven programas políticos como este, que son una intensa minoría, que siempre está interactuando con nosotros”.
Según Macri, eran personas que le decían: “Por favor, únanse, pónganle límites a esta prepotencia, hay que pararlos, defender nuestras libertades”.
En esa versión edulcorada, el “círculo rojo” no era presentado necesariamente como una conspiración ni como una estructura secreta. Era, fundamentalmente, una manera de describir a quienes tenían un fuerte interés por la política, seguían de cerca la agenda pública y buscaban influir sobre los dirigentes.
La expresión rápidamente se transformó en un fenómeno político y periodístico.
Horacio Rodríguez Larreta, por entonces jefe de Gabinete porteño, aprovechó la repercusión para ironizar sobre la frase de su jefe político.
“Macri habla de la gente que forma opinión. Eso es lo que llama círculo rojo. Lo único rojo que tiene cerca Macri es el colorado Santilli”, bromeó.
La discusión, sin embargo, ya había dejado de ser una simple anécdota dentro del PRO. Cristina Kirchner tomó el concepto y lo llevó a un terreno mucho más confrontativo.
La entonces presidenta reaccionó a través de Twitter desde Rusia, donde se encontraba para participar de la Cumbre del G-20.
Para Cristina, la expresión utilizada por Macri no describía simplemente a personas interesadas en la política. Detrás de esa categoría existía, según su interpretación, un entramado de poderes fácticos con capacidad para condicionar, presionar o incluso intentar desplazar a un gobierno elegido en las urnas. “El círculo rojo y el círculo negro. No, no es título de ningún policial”, escribió.
Luego agregó que se trataba de “muy pocos, pero muy poderosos” actores que, a su entender, estaban intentando operar sobre la política argentina.
Las declaraciones del Jefe de Gobierno de la Ciudad en Perfil del domingo, sobre la existencia de un círculo rojo son más que interesantes.
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) September 4, 2013
La expresidenta incluso le reclamó a Macri que identificara a esas personas. “Me gustaría que dijera los nombres”, sostuvo.
Y planteó que, para ella, no era difícil reconocerlos: “Basta leer diarios, escuchar radio o mirar televisión y conocer a los personajes y tener memoria”. Habló de “banqueros, dueños de medios, sus loros mediáticos, gurúes económicos, empresarios monopólicos” y dirigentes sindicales, entre otros actores.
Para la entonces presidenta, el concepto estaba relacionado con los intentos de desestabilización contra su administración. Incluso introdujo otra metáfora: “Después del círculo rojo siempre viene el círculo negro”, en referencia a lo que definía como la crisis económica y el endeudamiento externo.
Elegante eufemismo de destitución del Gobierno. Lo identifica como Círculo Rojo. Debo reconocer el acierto y precisión de la definición.
— Cristina Kirchner (@CFKArgentina) September 4, 2013
La respuesta de Macri llegó rápidamente. Lejos de aceptar la interpretación que había hecho Cristina Kirchner, el dirigente volvió a utilizar la ironía para quitarle dramatismo a la expresión.
“El círculo rojo no entiende nada de política”, sostuvo. Según Macri, quienes formaban parte de esa supuesta minoría intensamente politizada solían darle consejos que luego demostraban ser equivocados.
“Siempre opina de todo”, afirmó, para luego bromear con que los consejos de esas personas eran habitualmente “lo contrario” de lo que él terminaba haciendo.
La polémica incluso llegó al terreno del humor cuando le preguntaron si Jorge Lanata era parte de esa estructura. “No, Lanata es un ‘chichi pío’ de este tipo que maneja la organización”, respondió Macri, siguiendo con la ironía.