05/09/2026 - Edición Nº1306

Internacionales

PRESIÓN ECONÓMICA Y GUERRA

Estados Unidos acelera el cerco sobre Irán y el petróleo vuelve a tensar el mercado global

04/09/2026 | La presión estadounidense está consiguiendo afectar las principales vías de supervivencia económica de Teherán.



La estrategia de Estados Unidos contra Irán comienza a mostrar un efecto que durante años las sanciones no habían conseguido por sí solas: dificultar seriamente el acceso de Teherán a los ingresos del petróleo y encarecer las redes utilizadas para mantener el comercio internacional. El desplome del rial, una inflación cercana al 70% y la fuerte caída de las exportaciones de crudo reflejan una economía sometida a una presión extraordinaria. El problema, sin embargo, ya no es solamente financiero: cuando la falta de divisas empieza a afectar combustible, alimentos y actividad económica, la crisis deja de ser una herramienta de política exterior y se convierte en un riesgo para la estabilidad interna.

Ese es precisamente el cálculo de Washington. La Casa Blanca busca que el costo económico termine siendo suficientemente elevado como para obligar a Teherán a sentarse a negociar desde una posición debilitada. Pero existe una diferencia entre provocar daño económico y conseguir una capitulación política. Irán ha demostrado durante décadas capacidad para adaptarse a las sanciones y construir mecanismos paralelos de comercio. La nueva situación es más peligrosa porque el bloqueo del petróleo y la presión financiera están golpeando simultáneamente esos mecanismos, reduciendo el margen de maniobra de un gobierno que necesita mantener funcionando el Estado en medio de la guerra.

 


Estados Unidos es un país de 50 estados que ocupa una extensa franja de América del Norte, con Alaska en el noroeste y Hawái que extiende la presencia del país en el océano Pacífico.

El petróleo convierte el conflicto en un problema global

El otro lado de la ecuación está fuera de Irán. El bloqueo sobre las exportaciones y la tensión en el estrecho de Ormuz están trasladando parte del costo del conflicto al mercado energético internacional. El Brent volvió a acercarse a los 100 dólares por barril, mientras los operadores incorporan al precio la posibilidad de interrupciones prolongadas en una de las principales rutas petroleras del planeta. Cuanto más efectivo sea el cerco contra Irán, mayor puede ser también la presión sobre los precios internacionales y, con ella, sobre la inflación de otros países.

Esto coloca a Washington frente a una paradoja. La administración estadounidense necesita que la presión sea lo suficientemente fuerte para quebrar la resistencia iraní, pero no tanto como para provocar una crisis energética que termine afectando a sus propios consumidores. Teherán conoce esa vulnerabilidad. Su apuesta puede consistir en resistir el deterioro interno mientras mantiene elevado el costo internacional de la confrontación, esperando que el tiempo termine jugando a su favor. La guerra, en ese escenario, deja de ser solamente una disputa militar y se convierte en una batalla por determinar qué sociedad puede absorber durante más tiempo las consecuencias económicas del conflicto.


El bloqueo golpea a Irán, pero también amenaza con elevar el costo energético global.

El reloj político corre para ambos gobiernos

En Irán, el mayor peligro para el régimen no es necesariamente que la economía se contraiga, sino que el deterioro vuelva a convertirse en protesta social. Una moneda que pierde valor rápidamente y precios que suben a un ritmo acelerado pueden transformar la guerra en una experiencia cotidiana para millones de personas. Y cuanto más visible sea esa pérdida de poder adquisitivo, más difícil será para las autoridades convencer a la población de que el costo actual es el precio inevitable de una victoria futura.


Teherán enfrenta una crisis económica mientras apuesta a resistir la presión de Trump.

Pero Estados Unidos también tiene su propio límite. Las elecciones legislativas de noviembre introducen una dimensión política adicional: una guerra prolongada, petróleo caro y una inflación energética persistente pueden convertirse en un problema doméstico para la administración de Donald Trump. Esa es la apuesta iraní: que el costo de mantener la presión termine creciendo más rápido en Estados Unidos que la capacidad de Teherán para resistir. Por ahora, ninguno de los dos gobiernos tiene garantías de que su cálculo vaya a funcionar. Y esa incertidumbre convierte la actual fase del conflicto en la más delicada: Irán está cada vez más debilitado, pero todavía conserva capacidad para hacer que el precio de debilitarlo sea mucho más alto para todos.