03/09/2026 - Edición Nº1304

Internacionales

Nuevo tablero en el Atlántico Sur

Malvinas: qué dijo Israel sobre la soberanía mientras Navitas avanza con Sea Lion

03/09/2026 | Sa’ar habló ante la ONU de una disputa que Londres no resolvió, Yair Netanyahu dijo que las islas son argentinas y Sela había admitido un cambio de posición. Mientras tanto, la israelí Navitas lidera el proyecto petrolero y Punta Arenas abre una nueva vía comercial con el archipiélago.



La cadena nacional de Javier Milei sobre las Islas Malvinas puso nombre y apellido empresarial a un problema que la Argentina arrastra desde hace años. El Presidente no habló solamente del Reino Unido ni formuló una reivindicación histórica: apuntó directamente contra Sea Lion, el proyecto petrolero que encabezan la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration, y advirtió que si el país no actúa “con firmeza y celeridad”, las compañías tendrán capacidad para apropiarse del petróleo que se encuentra en los espacios marítimos reclamados por la Argentina. Al mismo tiempo anunció el endurecimiento de las sanciones previstas en la ley 26.659, nuevas herramientas económicas y diplomáticas y la construcción de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego.

Pero detrás de Navitas existe una paradoja diplomática bastante más interesante que la nacionalidad de una petrolera. Durante el último año, Israel fue elevando progresivamente el tono sobre Malvinas. No existe hasta ahora un reconocimiento formal del Estado israelí de la soberanía argentina sobre las islas y sería incorrecto presentarlo de esa manera. Sin embargo, tampoco puede afirmarse ya que Jerusalén permanezca completamente ajena a la controversia. Un embajador habló de un “cambio” de posición, el actual canciller israelí recordó ante el Consejo de Seguridad que existe una disputa que el Reino Unido todavía no resolvió con Argentina y Yair Netanyahu, hijo del primer ministro Benjamin Netanyahu, sostuvo en dos oportunidades que las Malvinas pertenecen a la Argentina. Todo ello ocurrió mientras Buenos Aires y Jerusalén construían una de las relaciones bilaterales más estrechas de su historia reciente.

De Sela a Sa’ar: Malvinas entró en el lenguaje diplomático israelí

El primer antecedente resulta especialmente significativo porque surgió precisamente alrededor de Navitas. Meses atrás, durante una entrevista concedida a la directora de Internacionales de NewsDigitales, Rosario Castagnet, el embajador israelí en Buenos Aires, Eyal Sela, fue consultado directamente por las operaciones de la petrolera en Malvinas y por las gestiones que había realizado la Cancillería argentina.

Sela buscó inicialmente separar al Estado israelí de la compañía. “Primero es una empresa privada”, respondió. Pero a continuación reconoció que las autoridades argentinas habían expresado de manera clara su posición, aseguró que Israel “lo toma muy en serio”, señaló que “hay algunas cosas que se hicieron” y agregó que su país comprendía la oposición argentina y lo incómoda que resultaba la situación.

Lo más importante, sin embargo, vino después. Al referirse específicamente a Malvinas, Sela sostuvo que Israel respaldaba una negociación entre Argentina y Reino Unido y describió esa posición como “un matiz, un cambio”. Según sus palabras, “el futuro de las islas tiene que ser negociado entre ambos países”. No significaba reconocer la soberanía argentina, pero sí abandonar cualquier lectura según la cual la cuestión pudiera darse por definitivamente resuelta en favor de Londres.

Aquella definición adquirió otra dimensión el 18 de febrero de 2026, cuando el canciller israelí Gideon Sa’ar llevó personalmente Malvinas al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El contexto era una discusión completamente diferente: Sa’ar respondía a cuestionamientos británicos sobre la política israelí en Cisjordania. Pero eligió Malvinas para devolverle el argumento a Londres.

“Este es nuestro país. No está a 13.000 kilómetros de nuestro país, como las Falkland Islands, que los argentinos llaman Islas Malvinas, en una disputa que el Reino Unido todavía no ha resuelto con Argentina hasta el día de hoy”, sostuvo ante el Consejo. La frase consta en la transcripción oficial de Naciones Unidas. Sa’ar tampoco reconoció allí la soberanía argentina, pero hizo algo diplomáticamente relevante: el ministro de Relaciones Exteriores de Israel definió públicamente a Malvinas como una disputa pendiente entre Londres y Buenos Aires.

La expresión tiene más peso que un comentario en redes sociales. Sa’ar hablaba como canciller, dentro del máximo órgano político de Naciones Unidas y frente a representantes británicos. Y ocurrió mientras el vínculo con la Argentina de Milei alcanzaba niveles extraordinarios: en abril de este año ambos países lanzaron los denominados Acuerdos de Isaac, una estructura de cooperación política y estratégica impulsada por Milei y Netanyahu, y el 7 de agosto el presidente argentino volvió a reunirse con Sa’ar, encuentro en el que ambos gobiernos calificaron la relación bilateral como una asociación estratégica.

Yair Netanyahu fue todavía más lejos

Existe además una segunda línea, carente de carácter oficial pero políticamente sugestiva. Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí, escribió el 23 de septiembre de 2025: “¡Reconozco las Islas Malvinas como parte de Argentina!”. Lo hizo pocos días después de que el Reino Unido reconociera al Estado palestino, una decisión duramente cuestionada por Benjamin Netanyahu. Yair no ocupa ningún cargo en el gobierno israelí y su publicación nunca debe confundirse con una declaración del Estado de Israel, pero el mensaje tuvo fuerte repercusión dentro del oficialismo argentino.

La historia no terminó allí. A fines de agosto de 2026, ante informaciones sobre un eventual cambio estadounidense respecto del respaldo a Londres, Yair volvió a escribir en castellano: “¡Las Islas Malvinas pertenecen a Argentina!”. Después, ante las críticas recibidas desde el Reino Unido, explicó que el objetivo de su publicación había sido exponer lo que considera la “hipocresía británica” frente a Israel y aclaró que el punto central de su intervención no era Malvinas sino la conducta de Londres respecto de Palestina, Jerusalén y los territorios disputados. Es una aclaración importante: su adhesión a la posición argentina funciona también como instrumento de confrontación política con el Reino Unido.


El comentario de Yair Netanyahu no tiene efectos jurídicos ni constituye una postura oficial del gobierno de Israel, pero sí abre un espacio de debate sobre la relación entre política exterior y comunicación digital. Créditos: Thomas Coex/AFP/Getty Images

Pero Yair agregó después otra definición reveladora. Compartiendo una publicación que había sido replicada por Milei, sostuvo que aparentemente había contribuido a mejorar las relaciones entre Israel y Argentina y formuló su propia regla diplomática: “apoyá a tus amigos”. Nuevamente, no habla en nombre del gobierno israelí. Sin embargo, que el hijo del primer ministro haya utilizado dos veces Malvinas para respaldar públicamente a la Argentina y que el propio presidente argentino haya amplificado esos mensajes demuestra que el asunto ya forma parte de la conversación política entre ambos espacios.

Buenos Aires, de hecho, decidió llevar la discusión directamente a Israel. El 23 de julio de este año, el canciller Pablo Quirno publicó en The Jerusalem Post una columna titulada “Por historia, por derecho, por convicción: por qué las Malvinas pertenecen a Argentina”. Menos de dos semanas después, el embajador británico en Israel, Simon Walters, utilizó el mismo diario para responderle y defender la posición de Londres. Malvinas había dejado de ser un asunto bilateral confinado a Buenos Aires y Londres: se estaba discutiendo públicamente en Jerusalén.

El problema se llama Navitas

Y ahí aparece la contradicción que Milei acaba de colocar en primer plano. Mientras figuras centrales de la política israelí endurecen el lenguaje frente a Londres y reconocen que la disputa permanece abierta, una compañía de origen israelí se prepara para protagonizar uno de los mayores actos económicos unilaterales realizados en las aguas en disputa desde 1982.

Navitas posee el 65 por ciento de Sea Lion y es la operadora del proyecto; Rockhopper conserva el 35 por ciento. El yacimiento está situado aproximadamente 220 kilómetros al norte de las islas. En diciembre de 2025 ambas empresas tomaron la decisión final de inversión y aseguraron el financiamiento necesario para avanzar. El desembolso previsto alcanza aproximadamente los 1.800 millones de dólares hasta obtener el primer petróleo y 2.100 millones hasta completar la primera fase, con producción prevista para 2028. La propia Navitas señala actualmente marzo de ese año como fecha proyectada para el comienzo de la extracción.

La Argentina considera esas operaciones ilegales. Navitas fue declarada clandestina en 2022 e inhabilitada durante veinte años para desarrollar actividades en territorio argentino por operar sin autorización nacional. Cuando en diciembre de 2025 las empresas anunciaron la decisión final de inversión, la Cancillería argentina volvió a rechazarlas formalmente, recordó que tanto Navitas como Rockhopper se encuentran sancionadas y advirtió a entidades financieras, aseguradoras, proveedores y otros participantes que podrían quedar alcanzados por medidas administrativas y judiciales.

Y Sea Lion ya no representa solamente un yacimiento. Navitas adquirió además una participación operativa del 65 por ciento en la licencia PL001, un bloque de aproximadamente 1.126 kilómetros cuadrados adyacente al proyecto. Allí identificó cuarenta prospectos y afirma que quince de ellos concentran recursos prospectivos superiores a 1.300 millones de barriles. La empresa explica abiertamente que la cercanía permitirá aprovechar futuras “sinergias” con la infraestructura de Sea Lion. En otras palabras, la primera explotación podría convertirse en plataforma para extender el desarrollo petrolero de la Cuenca Malvinas Norte.

Por eso la cadena nacional modifica la discusión. Milei ya no puede limitarse a reivindicar la excelente relación con Israel ni Jerusalén puede limitarse indefinidamente a señalar que Navitas es privada. Si la Argentina efectivamente endurece las consecuencias para empresas, bancos, proveedores, aseguradoras y operadores logísticos que intervengan en Sea Lion, tarde o temprano esas medidas tocarán intereses económicos vinculados con una compañía israelí que conduce el proyecto.

La relación excepcional con Israel podría convertirse en una dificultad, pero también en una oportunidad diplomática. Milei tiene con Netanyahu y Sa’ar canales políticos que pocos presidentes argentinos tuvieron con un gobierno israelí. Y las señales acumuladas ya existen: Sela reconoció la preocupación argentina y habló de un cambio; Sa’ar caracterizó Malvinas como una disputa que Londres aún no resolvió; Yair Netanyahu fue mucho más lejos y afirmó directamente que las islas son argentinas. La incógnita es si todo ese capital político tendrá alguna consecuencia cuando el conflicto deje el terreno de las palabras y llegue al balance de Navitas.

Chile demuestra por qué el tiempo importa

Mientras esa contradicción se desarrolla entre Argentina e Israel, otro movimiento regional muestra por qué Sea Lion no puede analizarse exclusivamente como un problema petrolero. Punta Arenas se prepara para restablecer una conexión marítima comercial directa con las islas, una ruta que puede profundizar la integración económica del archipiélago con el continente sudamericano.

La paradoja chilena es particularmente evidente. Apenas el 6 de abril de 2026, el presidente José Antonio Kast reiteró oficialmente ante Milei “el respaldo del Gobierno de Chile a los legítimos derechos de soberanía de la República Argentina” sobre Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y sus espacios marítimos, además de reclamar la reanudación de las negociaciones con Reino Unido. La posición consta tanto en el comunicado argentino como en el difundido por la propia Cancillería chilena.

Cinco meses después, desde Punta Arenas avanza una dinámica muy diferente. La Falkland Islands Development Corporation (FIDC) recibió en julio a representantes de Easter Island Naviera, que mantuvieron más de una docena de encuentros con empresas de las islas. La corporación explicó oficialmente que la compañía evaluaba establecer un servicio marítimo hasta Punta Arenas incluso con una frecuencia mensual y describió la iniciativa como parte de una creciente vinculación con empresas y organizaciones chilenas.

El proceso avanzó. Según medios chilenos, FIDC cerró un acuerdo con la naviera y el primer viaje está proyectado para noviembre. Antes, el 28 y 29 de septiembre, Punta Arenas recibirá una delegación empresarial de las islas en un Business Showroom destinado a conectar proveedores de ambos lados en sectores como alimentos, construcción, vehículos y otros servicios. El propio alcalde Claudio Radonich estimó en unos 20 millones de dólares anuales el potencial comercial y aseguró que tanto la Cancillería chilena como la Delegación Presidencial fueron informadas de las gestiones.

No existe evidencia pública que permita afirmar que esa ruta marítima haya sido diseñada específicamente para abastecer Sea Lion. Vincularla directamente con Navitas sin pruebas sería incorrecto. Pero tampoco puede analizarse como si el petróleo no existiera. La propia estrategia económica de las islas plantea profundizar el comercio y la logística con Uruguay y Chile y trabajar con el gobierno británico para extender esos vínculos hacia otros países sudamericanos. La FIDC, además, organizó este año un foro económico alrededor de una pregunta bastante explícita: qué ocurrirá en la economía isleña “cuando llegue el petróleo”.

Ese es probablemente el verdadero tablero que Milei intenta enfrentar. Londres no necesita que un país latinoamericano reconozca formalmente la soberanía británica para consolidar hechos sobre el terreno. Le alcanza con que empresas latinoamericanas transporten mercadería, que puertos sudamericanos funcionen como soporte, que proveedores hagan negocios, que inversiones financien proyectos y que nuevas rutas vuelvan cada vez más natural la integración económica de las islas con la región. También los negocios producen realidad política.

Por eso Navitas importa mucho más que Navitas. La petrolera israelí representa el punto donde convergen la explotación de los recursos, la diplomacia argentina, la relación privilegiada de Milei con Netanyahu y el intento británico de convertir a las islas en un polo económico cada vez más conectado con Sudamérica. Punta Arenas muestra el otro extremo del mismo desafío: un país puede respaldar formalmente la soberanía argentina y, simultáneamente, permitir que actores de su territorio ayuden a reducir el aislamiento económico del archipiélago.

Milei afirmó en cadena nacional que “las Malvinas son argentinas por historia y por derecho” y decidió que Sea Lion exige algo más que comunicados. Si esa definición se transforma efectivamente en política de Estado, llegará inevitablemente una instancia más compleja: exigir coherencia también a los aliados.

Israel viene dando señales que hace algunos años hubieran resultado difíciles de imaginar. Su canciller reconoce públicamente una disputa pendiente con Londres; el hijo de Netanyahu afirma que las islas pertenecen a Argentina; su embajador habló de un cambio de posición y admitió que la preocupación argentina por Navitas llegó hasta las autoridades israelíes. Ahora queda la pregunta que ninguna declaración puede responder por sí sola: qué hará Jerusalén cuando la defensa argentina de Malvinas choque concretamente con los intereses de una de sus empresas.