10/09/2026 - Edición Nº1311

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¿Se agotaron las apps de citas? Leo Travaglio apuesta por volver al encuentro real

10/09/2026 | El creador de Esperanto habló del cansancio con los matches, el ghosting y el regreso del encuentro cara a cara.



Durante años, salir de noche era también una manera de conocer gente. El boliche, el bar o el club funcionaban como espacios de encuentro donde una conversación, un baile o una mirada podían terminar en una cita o incluso en una relación. Las redes sociales y las aplicaciones modificaron radicalmente esa dinámica, pero Leo Travaglio cree que el péndulo podría estar empezando a moverse nuevamente hacia el contacto personal.

El empresario, creador de Esperanto, pasó por El Living de NewsDigitales y trazó una comparación entre aquella noche que conoció desde finales de los años 80 y los hábitos actuales. Su diagnóstico no es que los jóvenes hayan dejado de salir, sino que cambió la función social que cumplía la noche.

“Cuando yo empecé a salir, cuando era tarjetero, quería conocer chicas. La única manera que había para conocer chicas era ir a bailar o ir al club”, recordó. Internet primero y las aplicaciones de citas después alteraron esa lógica: si una persona podía organizar un encuentro desde el teléfono y sin salir de su casa, explicó, “empezó a no tener tanto sentido salir”.

De Esperanto a Tinder: ¿qué perdió la noche?

Para Travaglio, aquel cambio tecnológico tuvo otra consecuencia: los boliches fueron perdiendo identidad como lugares de pertenencia.

Esperanto representó durante años un modelo de night club en el que el atractivo no estaba únicamente en bailar. “Nos encontrábamos todos los mismos todos los sábados o todos los viernes”, recordó. Amigos, conocidos, famosos y habitués terminaban formando parte de una misma comunidad.

Ese concepto es justamente lo que considera más difícil de encontrar hoy: un lugar al que no se vaya solamente por la música o por una fecha determinada, sino porque allí está “tu gente”.

La paradoja es que la tecnología que contribuyó a desplazar aquella forma de relacionarse también empieza a mostrar signos de agotamiento, según su mirada.

“La gente está harta de las aplicaciones. Estamos todos saturados”.

Travaglio puso ejemplos muy actuales: acumular decenas de matches, invertir tiempo en conversaciones que desaparecen, sufrir ghosting o pasar días hablando con alguien sin llegar nunca a una cita. “Creo que la gente está necesitando volver a contactarse de manera humana, de conectarse de manera real”, sostuvo.

¿Las apps pueden devolverle gente a los bares?

La respuesta de Travaglio a ese fenómeno también se convirtió en una propuesta comercial. En Gorriti Art Center creó After Apps, un encuentro para solteros y solteras pensado precisamente para abandonar temporalmente la lógica de las aplicaciones.

La propuesta combina DJ, gastronomía y distintas dinámicas —karaoke, piano bar, canciones y juegos— destinadas a provocar algo extremadamente tradicional: que dos personas tengan que interactuar cara a cara.

La experiencia abre una discusión más amplia. Las aplicaciones hicieron más fácil encontrar potenciales parejas, pero también multiplicaron las opciones disponibles y trasladaron buena parte de la seducción a una pantalla. La apuesta de Travaglio consiste en recuperar aquello que un algoritmo difícilmente pueda anticipar: la química que aparece cuando dos desconocidos comparten físicamente un mismo espacio.

“La música de hoy es una música sin alma”

Pero Travaglio encuentra otro cambio profundo en la noche: la música.

Y allí su posición es bastante más polémica.

“No quiero sonar como un viejo, pero la música de hoy es una música para mí sin alma”.

Aclara que no pretende determinar si las canciones actuales son buenas o malas. Su cuestionamiento pasa por otra parte: considera que una porción de la música popular contemporánea está construida pensando en conseguir unos pocos segundos capaces de viralizarse en TikTok, en lugar de desarrollar una canción completa.

Leo Travaglio en un mano a mano imperdible que dejó durante su paso por El Living de NewsDigitales

Travaglio contrapone ese modelo con canciones de Madonna, Michael Jackson y producciones electrónicas que, según recuerda, tenían “una musicalidad” y un recorrido capaces de generar emoción. Su diagnóstico sobre el presente es terminante: “Eso no existe más”.

También cuestionó las letras explícitas y la pérdida de metáforas y melodías, y vinculó ese fenómeno con una homogeneización de los boliches: “Todos los DJ ponen lo mismo”, afirmó, al señalar que los lugares también fueron perdiendo una identidad musical propia.

El regreso de Esperanto, pero sin vivir de la nostalgia

Ese diagnóstico explica en parte por qué Travaglio decidió recuperar Esperanto, aunque no como la discoteca que marcó una época.

La marca volvió en formato fiesta dentro de Gorriti Art Center, después de las funciones de Sex los viernes y sábados. La intención, explicó, es recuperar “la impronta, la energía y el espíritu de Esperanto”, pero adaptados a quienes salen actualmente.

Tampoco pretende convertirlo en una fiesta nostálgica exclusivamente para quienes frecuentaban el boliche hace dos décadas. La propuesta apunta a un público de entre 30 y 45 años y combina música actual con canciones de aquella etapa, buscando reconstruir fundamentalmente una identidad de noche.

En definitiva, detrás del recuerdo de Esperanto aparece una discusión mucho más contemporánea: después de años de matches, mensajes, algoritmos y vínculos mediados por pantallas, ¿la próxima transformación de la noche puede consistir simplemente en volver a encontrarnos?