El presidente Javier Milei empezó la reelección. No puede revertir la situación económica, donde las empresas y los empleos caen como piano, pero siempre un gobierno tiene algo para proponer. Este jueves, por cadena nacional, no dudó en retroceder en todo lo que pensaba, decía y sostenía en favor de Margaret Thatcher, el estatus de los habitantes en las Islas Malvinas y pretender borrar todos los insultos y agravios que les formuló a los jugadores de la Selección Argentina y a quienes apoyaron aquella actitud luego de la muestra de una bandera en la que se recordó que las Malvinas son argentinas.
¿Tendrá el mismo pragmatismo para dar un volantazo en materia económica? Todo su gabinete lo duda. El único que sostiene el modelo al 120% es Federico Sturzenegger, inclusive en contra de lo que piensa el ministro de Economía, Luis Caputo, quien ahora habla de justicia social y de reactivación, palabras vedadas en el pensamiento de Milei. Si todo marcha genial y estamos transitando los mejores dieciocho meses de nuestra historia económica, ¿por qué reactivar? No se reactiva lo que ya está activado.
El nuevo presidente malvinero cae en todas las paradojas del arrepentido. Hace dos meses, su ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había prohibido que los hinchas fueran a las canchas en el Mundial con “el mapita de Malvinas” y Patricia Bullrich, en pleno debate por las vacunas Pfizer, había dicho que entregaban las islas a cambio de tan preciado material en plena pandemia del COVID.

Nada de esto importa si hay gente dispuesta a perdonar. Si bien nuestro pueblo es mayoritariamente católico, apostólico y romano, sustancialmente la gente siempre necesita creer. Y ante la pérdida de la fe y la esperanza en este presidente, que vino a salvar al país de la vieja casta pero hoy tanto él como su hermana están inmersos en serias sospechas de corrupción que ya le costaron el cargo al jefe de Gabinete Manuel Adorni, hacer todo de golpe, lo que nunca se hizo, con respecto a Malvinas, tiene como objetivo ir a buscar a aquel desencantado que quedó a la deriva luego de tantas decepciones.
Habrá que preguntarse si le alcanzará, aunque tiempo le sobra para retractarse de todas las medidas antipopulares que adoptó.
Todavía se mantiene indolente ante la crisis de millones de personas endeudadas durante su mandato que hoy no pueden cumplir con sus obligaciones. Algunas mínimas, que pasaron de $45.000 a más de $1.000.000 producto de las tasas usurarias y la necesidad de conseguir un mango para paliar las urgencias.

El radical cambio de actitud del Ejecutivo nacional se apalancó en la delirante decisión de Donald Trump de rediseñar el mundo y hacer de América el continente no solo protegido, sino diseñado para cubrir las necesidades económicas de los Estados Unidos. Invadió Venezuela y le sacó el petróleo, pero no le repuso la democracia. A Gran Bretaña le pretende sacar las Malvinas para compartir las riquezas marítimas, inclusive las exploraciones petrolíferas, con el verdadero dueño de todo eso, que es el Estado argentino.
Milei va a buscar, casi como Galtieri en 1982, el efecto malvinero aprovechando las circunstancias que le brinda su admirado presidente norteamericano. No está mal. Y la sociedad pretende que algo salga bien, con lo cual no sería descabellado pensar que buena parte de los arrepentidos de Milei lo vuelvan a buscar para votarlo, sin considerar ni observar los RIGI, verdaderos sistemas que, camuflados en incentivos a la inversión extranjera y nacional, les permiten a los dueños del dinero extraer todos los recursos nacionales dejando poco y nada en el país.
Tanto era el desvarío que ahora los senadores nacionales aliados del oficialismo, pero que son radicales y del PRO, están procurando colocar un mínimo del 20% para garantizar compras nacionales en cada uno de los proyectos. Pero con Malvinas vamos con todo, inclusive con todo aquello que acá, en nuestro territorio continental, no se hace ni se pide.
En el pasado reciente, Cristina Fernández de Kirchner, y con anterioridad su esposo Néstor Kirchner, llamaban al diálogo nacional cuando acusaban al gobierno K de no trabajar por la paz social y siempre rompían los acuerdos preexistentes. Lo hacían siempre que se veían perdiendo o en crisis. Cualquier similitud de esta nueva actitud de Milei con aquella es mera casualidad.