por Redacción NewsDigitales
Luis Machín estudió durante meses cada gesto, pausa y palabra de Ricardo Barreda para interpretarlo en Barreda, la película dirigida por Daniela Goggi. Durante su visita a Infobae a las Nueve, el actor habló sobre el desafío de ponerse en la piel del odontólogo platense que en 1992 asesinó a su esposa, su suegra y sus dos hijas, y reflexionó sobre la manera en que todavía se aborda su figura.
En ese contexto, Machín cuestionó que Barreda continúe siendo reivindicado por algunos sectores. Ante una observación de Tatina Schapiro sobre la mirada celebratoria que existió alrededor del femicida, sostuvo: “Lamentablemente, tengo que informarte que no es algo del pasado: lo sigue siendo para mucha gente”. Luego apuntó contra Gustavo Cordera y recordó una frase de “La argentinidad al palo”, de Bersuit Vergarabat: “Todavía Cordera sigue cantando ‘Monzón, Barreda y Cordera matan por amor’”.

Para el actor, ese tipo de expresiones contribuye a instalar una idea que considera peligrosa. “Todavía persiste el intento de instalar que por amor se mata, que el femicidio puede justificarse. Y eso es aceptado, cantado y difundido por la radio”, afirmó. También cuestionó la transformación del victimario en una figura heroica y resumió esa mirada con una definición: “El victimario convertido en víctima”.
Ese enfoque, justamente, atraviesa la película. Machín explicó que uno de los motivos que lo llevó a aceptar el proyecto fue la intención de darle espacio a las cuatro mujeres asesinadas. “Está contada con la intencionalidad de darle voz a estas cuatro mujeres”, señaló. Margarita Páez y Maité Lanata, quienes interpretan a las hijas de Barreda, hablaron con amigas de las jóvenes asesinadas para acercarse a sus historias.
Para construir su personaje, Machín escuchó grabaciones de Barreda, revisó declaraciones de los novios de las víctimas durante el juicio y leyó Conchita, de Rodolfo Palacios, basado en una entrevista con el femicida. Según explicó, no buscó simplemente imitarlo, sino comprenderlo. De ese trabajo surgió su interpretación de Barreda como una persona de “narcisismo extremo”, incapaz de sentir y con una gran capacidad para concentrar la atención.
El actor también habló sobre la planificación previa de los asesinatos. Según relató, Barreda había realizado un curso de criminalística para conocer si la pena por matar a una o a cuatro personas era la misma y, días antes del crimen, practicó tiro contra un árbol. Además, Machín señaló que el odontólogo eligió un momento en el que sus hijas regresarían a la casa familiar antes de mudarse con sus parejas. “Él persiguió el interés por conservar esa casa hasta el final de sus días”, sostuvo.
Finalmente, Machín planteó una reflexión sobre la manera en que se cuenta el caso y cuestionó que el nombre de Barreda sea el que encabece la película. Consideró que, en una sociedad menos violenta, la producción debería llevar los nombres de Gladys, Adriana, Cecilia y Beba, las cuatro mujeres asesinadas. “La información se vende, no se da”, afirmó, y explicó que el nombre del femicida funciona como un gancho. Su deseo es que, con el tiempo, la sociedad pueda liberarse de esa mirada y que la película pueda ser recordada por los nombres de las víctimas.