El enfrentamiento entre Alexandre de Moraes y André Mendonça convirtió el caso Banco Master en una prueba de supervivencia institucional para el Supremo Tribunal Federal de Brasil. La Corte debe decidir si investiga a dos de sus propios jueces mientras ambos se acusan mutuamente de actuaciones irregulares, a menos de un mes de las elecciones del 4 de octubre.
La crisis comenzó a profundizarse después de que un informe de la Policía Federal revelara mensajes atribuidos al exbanquero Daniel Vorcaro dirigidos a Moraes. Las comunicaciones generaron sospechas de que el magistrado pudo haber recibido información relacionada con la inminente detención de Vorcaro. También apareció un contrato de 131 millones de reales entre Banco Master y el estudio jurídico de Viviane Barci de Moraes, esposa del juez.
Mendonça divulgó parte del material y reclamó que las actuaciones fueran examinadas. Moraes respondió solicitando que su colega fuera investigado por supuesto abuso de autoridad y por la forma en que condujo diligencias vinculadas con Vorcaro. El presidente del tribunal, Edson Fachin, separó el pedido del expediente de las noticias falsas y dio cinco días a la Procuraduría General para pronunciarse.
El problema excede la conducta individual de los magistrados. Durante la última década, el Supremo amplió su intervención en la política brasileña, desde investigaciones sobre desinformación hasta el proceso que terminó con la condena de Jair Bolsonaro. Esa expansión convirtió a los jueces en figuras decisivas, pero también redujo la distancia entre la Corte y las disputas partidarias.

La crisis coloca a Fachin ante dos riesgos. Una investigación formal contra jueces en funciones puede erosionar la imagen del Supremo y multiplicar los pedidos de juicio político. Pero archivar las sospechas alimentaría la percepción de que la Corte protege a sus propios integrantes. La Orden de Abogados de Brasil pidió una investigación rigurosa, imparcial y respetuosa del debido proceso.

La disputa también altera la campaña presidencial. Lula intenta tomar distancia de Moraes, mientras el bolsonarismo presenta el escándalo como una confirmación de sus denuncias contra el tribunal. Sin embargo, Flávio Bolsonaro también reconoció contactos con Vorcaro para buscar financiación destinada a una película sobre su padre. El Banco Master dejó así de ser solamente un caso financiero y se convirtió en el centro de una lucha por controlar la legitimidad del sistema judicial brasileño.